Pan (Viaje a Nunca Jamás) (2)

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¡Vuela, Peter, vuela!

pan-1Cualquiera que haya seguido la carrera de Joe Wright sabrá que ha resultado todo un especialista en la adaptación de obras icónicas, cada una a su manera, de la literatura universal y contemporánea: suyas son las adaptaciones de Orgullo y prejuicio (2005), Expiación (2007) o Anna Karenina (2012). Por eso, cuando fue su nombre el que se vinculó al proyecto de esta antesala de la historia de Peter Pan, de J. M. Barrie, las sonrisas le salieron a más de uno, entre quienes se incluye quien esto suscribe.

Y sí, estábamos en lo cierto, porque sin él, esta nueva vuelta de tuerca al personaje sería mucho peor de lo que termina siendo debido a una historia demasiado ramplona, mal formulada y con un interés prácticamente nulo para quienes vayan siguiendo la estela de la novela seminal.

Wright, que sabe lo que se hace, ha escogido a Levi Miller, un niño que encarna a Peter Pan a las mil maravillas y que hace que conjugue la sensibilidad con la gallardía, el dolor con la travesura, lo mágico con lo tangible. Y para que esté bien secundado el muchacho, tenemos a un Hugh Jackman enorme en todo lo que hace y a un Garrett Hedlund que sorprende por una matizada composición de Garfio en su juventud.

Si a esto le añadimos un holgado presupuesto con el que poder vislumbrar una odisea visual de gran belleza, el producto resultante no puede estar mal del todo, o eso deberíamos presuponer, pues cuenta con sobrados ingredientes para que salga algo bueno de todo esto.

Hasta aquí todo bien, pero ya sabemos que no todo lo que reluce suele ser oro.

Dentro del País de Nunca Jamás

Pan es un filme que visualmente resulta una gozada digna de ser admirada en el plano técnico aunque deslavazada y previsible en el plano narrativo. Su guión, escrito por James Fuchs, es su principal flaqueza pues construye una historia innecesaria basada en toda la mitología histórica del personaje creado por J. M. Barrie. Por supuesto, quienes disfruten con un vestuario cuidadísimo, con un diseño de producción superlativo y con los efectos especiales a raudales, aquí no podrán sino quedarse boquiabiertos con la imaginería de la película. Todo un acierto.

Su primera parte, la introductoria a la historia de la orfandad de Peter y el previo al País de Nunca Jamás, resulta sencillamente fascinante; mientras que el tramo final es una proeza de aventuras con estilo y elegancia muy loable. Todo lo que queda en el medio es lo superfluo, lo que hace que el resultado sea simplemente correcto.

En este prólogo de apertura, la historia mezcla con sensibilidad e inteligencia el contexto histórico —en este caso, la Segunda Guerra Mundial y sus bombardeos londinenses— con la aventura dickensiana del huérfano y sus travesuras bondadosas. Después de esto, ya metidos de lleno en ese mundo fantástico al que viaja Peter, nos encontramos con una especie de revisión en clave pre púber de la reciente Mad Max: Barbanegra es quien tiene esclavizada a una horda de niños huérfanos y perdidos y falta alguien que le plante cara y que le destrone de su posición.

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Después de esto, por supuesto, viene la peripecia: hay una profecía que dice que vendrá el “elegido” a salvar al País de la tiranía de tan temido personaje. Y aquí es donde se desinfla toda la historia. Porque esta excusa de la famosa profecía nos la tenemos más que sabida, porque no da mucho más de sí y porque todos sabemos el desenlace.

Teniendo en cuenta las referencias tanto literarias como cinematográficas de Peter Pan, resulta una decepción encontrarse con una historia endeble, mil y una veces vista, que ni siquiera juega en explicar algunos detalles esenciales de la historia original que podrían precisar de explicación, dada la ambición supuesta de esta cinta.

Se nos promete una precuela del mito, pero lo cierto es que deja mil preguntas sin responder que, ya puestos, podrían haber fabulado y haber sido parte integrante de la historia. Ejemplo: ¿Cómo se convirtió Garfio, un chico apuesto y galante, en el Garfio que todos conocemos? Pues de esto no hay nada: vemos a Garfio hacerse amigo inseparable de Peter Pan y le vemos enamorándose de Tigrilla. Pero lo sucedido hasta convertirse en el villano-copia de Barbanegra (y viceversa) no queda explicado. Y como este, hay muchos otros temas que podían haber sido tratados.

Por lo que queda todo más en una excusa para sacar otra revisión fílmica más del sombrero: en el fondo, podría tratarse de cualquier “aventurilla” con niño que viaja a un mundo de fantasía y que le toca enfrentarse a un villano tremendo con la ayuda de unos amigos que conoce por el camino.

Todos conocemos este tipo de películas y todos las hemos visto. Pan, aunque supere la media, es una más.

Escribe Ferran Ramírez

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