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Marketing, mentiras y cintas de video
Escribe Luis Tormo
Paranormal activity viene precedida por el enorme éxito de su taquilla en EE.UU. y por toda una serie de historias que giran a su alrededor, reales o inventadas, y que hablan entre otras cosas del impacto que supuso para Spielberg la visión de este filme, el proyecto de rodar un remake dirigido por el propio director, Oren Peli, pero con más medios o el descubrimiento por parte del estudio de que la película, tal cual estaba rodada, tenía suficiente entidad para presentarse al público (tras varios pases privados con espectadores que salían aterrorizados).
El fenómeno no es nuevo, El proyecto de la bruja Blair ya demostró en 1999 cómo un producto de bajo presupuesto podía recaudar ingentes cantidades de dinero merced a una campaña publicitaria que hablaba de la existencia de imágenes reales.
Paranormal activity incorpora al modelo ya nombrado en el párrafo anterior y añade toda la posibilidad del marketing on line y el fenómeno de las redes sociales (facebook, twitter) que dimensiona el "boca a boca" hasta extremos impensables. En este caso, a pesar de que el filme se ha difundido ya por la red, la demanda para el estreno del filme se ve incrementada por una campaña donde el espectador puede solicitar el estreno de la película en su ciudad a partir de la página web de la película. El juego se completa con la posibilidad de ver diferentes finales alternativos, escenas descartadas e incluso parodias sobre el filme de Peli en YouTube.
Al final, de lo que realmente estamos hablando es de una producción cuyo presupuesto oscila en torno a 15.000 dólares y que, desde la fecha de su estreno en EE.UU., a finales de septiembre, se está aproximando en cifras de ingresos por taquilla a una cantidad cercana a los 100 millones de dólares. Dato que retroalimenta la espiral publicitaria y proporciona un suma y sigue incesante al inmenso pastel de beneficios de esta ópera prima dirigida por un ex-creador de videojuegos, de tal forma que cadenas de televisión y periódicos de tirada nacional se alinean para hablar y difundir el estreno, ahora que Paranormal activity, tras dos años transcurridos desde su alumbramiento, ve la luz en las pantallas de los cines.
Modelo trillado
Si hay un género donde se impone el uso de modelos que se imbriquen con fuerza en la temática y en la estructura de una película ese es el del cine de terror. La industria y el espectador responden a la categorización y al etiquetado del producto: terror adolescente o slasher, psycho-killer, serie Z o gore, muertos vivientes, fantasía coreana y todas las variantes que se nos ocurran aderezadas con las múltiples combinaciones posibles.
Este modelo se fundamenta, además, en el éxito de un filme que no sólo tiene su recompensa en la taquilla sino que sirve de resorte para lanzar productos similares que buscan continuar por la senda trazada. Así el refrendo de películas como Viernes 13, Pesadilla en Elm Street o La noche de Halloween, amén de sus múltiples secuelas, abren posibilidades para que una industria anquilosada se lance a producir productos similares con la esperanza de que consigan un éxito parecido reproduciendo el modelo original. Con cierta ironía podríamos afirmar que algunas excelentes películas de terror han hecho bastante daño a ese mismo cine de terror por la explotación de ese modelo hasta la saciedad.
Paranormal activity viene a formar parte también de ese estándar de cine de terror que se inauguró con El proyecto de la bruja de Blair, que a su vez recogía ideas que ya se habían planteado en filmes anteriores como el celebérrimo Holocausto caníbal dirigido por Ruggero Deodato en 1980, y que últimamente hemos podido ver en títulos como Rec de Jaume Balagueró y Paco Plaza o El diario de los muertos de George A. Romero. Aunque de todos los filmes que hemos nombrado el que mejor conjuga realidad y ficción no ha sido una película de terror sino el filme Redacted, dirigido por Brian de Palma, un falso documental sobre un episodio de la guerra de Irak, y donde todas las imágenes provienen de las cámaras de seguridad del ejercito o videos domésticos de los soldados.
La vida a través de una cámara
En Paranormal activity el argumento nos muestra, y no desvelamos nada que no se haya publicitado convenientemente, a una joven pareja que detecta fenómenos extraños en su casa y para intentar solucionar el enigma, el hombre decide recoger todo lo que suceda en el hogar a través de su cámara digital, siendo ese material el corpus fílmico al que el espectador tendrá acceso. Situaciones cotidianas, filmaciones nocturnas, conversaciones familiarizares o íntimas, personajes secundarios que se acercan a la casa y extraños sucesos quedan recogidos, archivados y fechados en la cámara y en la retina del espectador.
El filme dirigido por Oren Peli no es un filme de terror (no encontramos aquí la sangre habitual en este tipo de productos), se publicita como tal, pero en realidad se acerca más a un drama sobre una obsesión que atenaza a los personajes. Utilizando el envoltorio del género fantástico y entrelazando algunas referencias fácilmente reconocibles como casa encantada o fenómenos extraños, la pareja protagonista se debate para resolver antiguos problemas.
Katie se presenta como una mujer que acumula un pasado en el que se agolpan episodios extraños, que la persiguen casi desde niña, y que ahora parece que se repiten en su nuevo hogar. Su marido, Micah, en su afán por resolver la situación decide filmar la vida diaria y ese planteamiento es el eje central escogido por el director, pues todas las imágenes que vemos en el filme están siempre mediatizas a través del objetivo/ojo de la cámara.
Este deseo de captar todo lo que sucede es el que hace bascular el peso temático hacia el lado del drama pues llega un momento en que, salvo los episodios nocturnos que significan la presencia de lo extraño, de lo nos habla la película es de la obcecación por dejar testimonio en imágenes todo aquello que sucede en la vida. Micah, un voyeur convencido, quiere averiguar qué le ocurre a su esposa y para eso necesita saber qué pasa en su casa por la noche, pero en realidad Micah lo que hace es un ejercicio de observación que raya lo pornográfico, no en el ámbito sexual (el filme no se atreve a llegar a ese terreno), sino en el registro minucioso de los detalles cotidianos de la vida de una pareja.
En realidad, los episodios de terror se limitan a las horas nocturnas en que los protagonistas están durmiendo, pero las filmaciones se amplían a las 24 horas. Lo que la cámara de Micah va captando se extiende a todos los niveles, así asistimos al conjunto de actividades diarias y por el ojo digital desfilan conversaciones cotidianas, las bromas y los enfados, la relación con los personajes secundarios (amigos, el psiquiatra), todo ello circunscrito al repositorio anímico en que se convierte la casa, que asume un rol relevante a lo largo de todo el filme.
A partir de la segunda parte de la película, donde la presencia del fantástico va asumiendo un protagonismo mayor, la obsesión de ambos personajes continua creciendo, Katie empieza a perder el control de la situación y Micah no es capaz de frenar la necesidad de registrar todo lo que sucede, aunque ello suponga asumir riesgos respecto a la relación con su mujer. Conforme el filme va avanzando, y los episodios esporádicos de terror se acumulan, el peso de las obsesiones continúa envolviendo todo desarrollo argumental, y se empieza a intuir que la resolución no irá por una presencia física sino que, en un final abierto e incierto, todo parece abocar hacia el terreno de lo psicológico.
De esta forma, Paranormal activity, intenta convertirse en una metáfora que se abre hacia diferentes posibilidades que van desde el miedo a la noche que nos persigue desde la infancia, la aparición del terror nocturno (real o irreal), los traumas causados por el miedo a lo que no tiene explicación e intenta también recoger la fascinación de una generación que observa la realidad a través del filtro de la mirada digital.
El problema de este tipo de experimentos es que se lastran precisamente por aquello que en un principio los hace interesantes. No es algo extraño y la historia del cine está plagada de ejemplos de este tipo, desde el uso de la cámara subjetiva (La dama del lago de Robert Montgomery), el plano secuencia (La soga de Hitchcock) o la inversión de la línea temporal (Memento de Christopher Nolan).
Paranormal activity termina cansando cuando el juego de la filmación adquiere tal protagonismo que ahoga la propia historia e impide cerrar alguno de los temas que plantea. De cuándo se produzca ese hastío en el espectador, dependerá la valoración última que éste tenga de la película.
