Romería (3)

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Liberando los demonios familiares

Presentada a competición en el último Festival de Cannes y preseleccionada por la Academia de Cine de España para los premios Oscar, Romería la tercera película de Carla Simón —después de las multipremiadas Estiu 1993 (2017) y Alcarràs (2022)—, da forma a la idea de una trilogía basada en vivencias personales de la directora, rodadas todas ellas en catalán.

Con Estiu 1993 nos propuso la historia de una niña de 6 años que tras la muerte de su madre debe irse a vivir al campo con sus tíos y su prima pequeña. Su adaptación a la nueva vida no resultará fácil, ya que deberá aprender lo que significa ser una niña en un mundo de adultos.

En su segundo largometraje, Alcarràs (Oso de Oro a la mejor película en el Festival de Berlín), Carla Simón propuso con gran acierto un acercamiento a la vida de la familia Solé, dedicada al cultivo de melocotones, en un municipio agrícola de Cataluña. Cuando la fruta dejó de ser rentable, los paneles solares aparecieron como una prometedora solución económica para los agricultores.

En su tercer largometraje, ahora estrenado, la directora parece cerrar el estudio de su familia paterna. Romería toma como punto de partida el cortometraje Carta a mi madre para mi hijo (2022), disponible en la plataforma Filmin, en el que Carla Simón, sin dejar de meditar sobre su pasado familiar, trasciende el lenguaje naturalista precedente para situar su cine en un punto intermedio entre el documento personal y el ensayo fílmico. Sin embargo, en el caso de Romería, nos situamos ante una historia plenamente fabulada.

La ficción que se nos propone sigue a Marina (Llúcia García) una joven adoptada que acaba de cumplir 18 años y que viaja de Barcelona a Vigo para realizar unas gestiones burocráticas que le permitan solicitan una beca; y también para conocer a la familia de su padre biológico, que murió, al igual que su madre, cuando ella era muy pequeña.

A través de los encuentros con sus familiares gallegos, la joven intenta reconstruir un relato sobre sus padres, pero la familia siente rechazo a recordarlos, por la dependencia de la pareja con las drogas y su contagio del sida, que desembocó en el fallecimiento de ambos. Esos hechos, como ocurría en aquella época, se ocultaban por parte de las familias, pero Marina les hace recordar esa dura realidad con su presencia.

La historia transcurre en 2004, pero con saltos temporales hasta los años ochenta, cuando los padres de Marina vivían. El viaje la lleva a contactar con sus tíos, Lois (Tristán Ulloa), su esposa y una serie de primos, de su edad, a los que no conocía y con los que conecta bien. La situación no es la misma con los abuelos que nunca aceptaron el modo de vida de su hijo, el padre de Marina.

La historia de amor adolescente que vive con su primo será lo que le permita reimaginar a sus padres y conectar con ellos. Marina da forma a una ficción, gracias al diario de su madre, que la libera del estigma que su familia siente por ellos y cumple su deseo de entender el pasado.

El filme de la joven directora catalana propone trascender la visión realista pero íntima de Estiu 1993 y Alcarràs, en favor de una manera de contar historias más experimental y sofisticada. Las preguntas que estructuran el relato son la referencia que permite concretar la historia de Marina.

Propuesta cinematográfica valiente y rompedora sobre los escándalos, separaciones o vínculos que pueden darse en el seno de las familias

Esa estructura diferente de las anteriores películas es definida por la directora como «episódica». El contexto es la Galicia de los años 80 muy castigada por la heroína, y donde sus padres terminan infectándose del temido sida. Pero realmente, el verdadero tema que propone esta historia es la búsqueda de la propia identidad de la protagonista.

Su frase al final de la película, cuando mira al Cantábrico y dice «me gusta este mar», supone una declaración de intenciones sobre la aceptación y asimilación de la realidad descubierta. El mayor hallazgo de Simón radica en la forma en que expone las secuelas generacionales del estigma en el seno familiar.

Carla Simón utiliza la palabra «romería» para aludir al viaje espiritual pero también físico de la protagonista para reconstruir su memoria familiar.

Estamos, por tanto, ante una propuesta cinematográfica valiente y rompedora que trata sobre los escándalos, separaciones o vínculos que pueden darse en el seno de las familias.  Más específicamente, es una historia sobre el impacto que en las familias tiene la herencia de la vergüenza. Sin embargo, este relato no alcanza la sutileza ni el magnetismo de sus dos películas precedentes.

Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos Elástica films