Romper el círculo (1)

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Un alegato contra la violencia de género imposible de aprobar

Recuerdo aquella pandemia silenciosa que vivieron las salas de cine en la década de los 2000, cuando el espectador se contagiaba, al menos una vez al año, de un virus en forma de Crepúsculo, 50 sombras de Grey o Tres metros sobre el cielo en territorio nacional. Todas ellas seguían un esquema muy sencillo, pero tremendamente efectivo, que convertía cada estreno en un fenómeno de masas: una pánfila de manual cae rendida en los brazos de un atormentado guaperas con un trasfondo increíblemente turbio y, seguramente, varios antecedentes por violencia de género.

A medida que el movimiento woke avanza y se infiltra, a su vez, en las diferentes esferas del arte, incluido el cine, esta tendencia, con el permiso de algunas excepciones como After, se ha visto reducida. No obstante, si bien parece que hemos inventado una vacuna contra esta fórmula, está claro que Hollywood se suele olvidar de efectuar un control de calidad sobre los blockbusters románticos.

Romper el círculo (It ends with us) es una adaptación del best-seller homónimo de la estadounidense Colleen Hoover, aupada al éxito de ventas gracias a la red social Tik Tok, en la que se narra la historia de Lily Bloom (Blake Lively), que, tras el fallecimiento de su padre, conoce a Ryle (Justin Baldoni), un neurocirujano de éxito con el que empieza una relación. A medida que la pareja avanza y, sobre todo, tras el reencuentro de Lily con su amor de adolescencia, Ryle, carcomido por los celos, empieza a maltratarla físicamente. Así pues, el filme muestra la vivencia de esta violencia a través de los ojos de una protagonista que, a lo largo de su propio noviazgo, recuerda constantemente escenas en las que su madre también era víctima de palizas y abusos.

De entrada, la premisa feminista de la gran película romántica del año parecía, al menos, relativamente decente, pese a que los fans de la novela se hayan quejado de la falta de fidelidad argumental con respecto a esta. Aun así, si nos centramos exclusivamente en lo cinematográfico, no podemos pasar por alto la pésima calidad de unos diálogos que rozan la vergüenza ajena y el sinsentido. «Quiero hacerte el amor», le dice él a los pocos minutos de su primer encuentro, y la sala de cine no puede evitar soltar una carcajada.

Declaraciones de amor  cursis e incoherentes de unos personajes que, ya pasada la treintena, se comportan como si su novio del instituto les hubiera invitado al baile de graduación. Sorprendente, cuanto menos, que una película que pretende emocionar y aleccionar sobre la violencia machista desate más risas que lágrimas por momentos.

Nada memorable en las interpretaciones: Lively, correcta, sigue sin sorprendernos. Los personajes, estereotipados a más no poder, no ofrecen tampoco nada nuevo en el cine romántico. Por otro lado, la banda sonora, elegida a dedo e introducida con calzador, no es más que un fanservice sin sentido que únicamente busca los elogios de un público adolescente obsesionado con Taylor Swift o Lana del Rey.

Eso sí, existe un elemento crucial que diferencia a Romper el círculo de otras películas adolescentes y que la salva de ser un suspenso rotundo, y es que, por lo menos, no idealiza la violencia de género. Trata el tema con suavidad, pero con suficiente firmeza y como para calar en el espectador, cumpliendo la función de aleccionar a un público objetivo adolescente y femenino, que por fin tiene una película mainstream de referencia con un mensaje que no alenta al control o a la toxicidad en la pareja.

La violencia, vista unilateralmente desde la perspectiva de Lily, se retrata de una manera muy interesante: en un principio, la película muestra los tres primeros golpes como supuestos accidentes a raíz del autoengaño de la protagonista, que, como tantas mujeres maltratadas, se ve incapaz de reconocer y huir de la situación. Este autoengaño, además de funcionar muy bien en la construcción dramática, inyecta una dosis de realismo muy necesario sobre el tema y refleja una realidad tantas veces pasada por alto.

Romper el círculo es una superproducción adolescente más, de nefasta calidad, pero que, por lo menos, sirve de advertencia y denuncia directa contra los malos tratos. Resulta una lástima que una película con un mensaje tan bien tratado haya sucumbido ante la desgana con la que Hollywood trata los proyectos para adolescentes.

Escribe Sara López Casas | Fotos Sony Pictures España