Tras el flirteo con el realismo mágico disfrazado de comedia melodramática que supuso la experimental Looking for Eric (2009), Ken Loach vuelve a lo que mejor se le da que es la crítica social y la denuncia del sistema.
Route Irish, film que tuvo su puesta de largo durante la pasada edición del Festival de Cannes, donde fue recibida con tibieza, es una película de venganza muy oscura y musculosa que nos sitúa en el marco de la guerra de Irak, y más concretamente nos habla de la ardua labor de los contratistas privados (o mejor dicho: mercenarios) de seguridad británicos que operaron en la zona conocida como la Route Irish, vía que une al aeropuerto de Bagdad con la zona internacional de la ciudad (la Green Zone) y que aún hoy en día es considerada como una de las más peligrosas del mundo desde que comenzó el conflicto bélico iraquí.
Prácticamente todos los días, según comentan algunos de los personajes que intervienen en la trama, los vehículos militares y diplomáticos que circulan a lo largo y ancho de esa franja de asfalto se arriesgan a ser atacados por comandos suicidas.
El film arranca, sin embargo, lejos tanto geográfica como cronológicamente de esos acontecimientos y nos presenta a Frankie y a Fergus, dos adolescentes inseparables de Liverpool que mientras hacen pellas en el colegio y se dedican a cruzar el río Mersey en barco se juran eterna amistad.
Veinte años después, la trama nos sitúa en el entierro de Frankie, quien ha sido asesinado en extrañas circunstancias junto a tres colombianos en uno de los trayectos de esta vía fatídica iraquí donde fue reclutado como contratista. Su mejor amigo, quien rechaza la versión oficial en la que se señala que su camarada falleció fruto de una emboscada enemiga, iniciará entonces una exhaustiva investigación a contracorriente para llegar esclarecer los hechos y demostrar que las altas esferas esconden algo turbio que no quieren explicar.
Como suele ocurrir en las películas de Loach, esta circunstancia será tan sólo la punta de lanza que le servirá para desmantelar una serie de tapaderas de corrupción y fortunas conseguidas de forma fraudulenta y que los gerifaltes intentarán ocultar cueste lo que cueste. Fergus irá avanzando de forma paulatina en sus pesquisas, ayudado por la mujer de su amigo con la que comparte algo más que el respeto por el finado, mientras los cadáveres de segundones sin arrimo que actúan como piezas accidentales del imbricado rompecabezas irán cayendo como moscas a medida que se vaya descubriendo el pastel.

A fin de cuentas el meollo del asunto estriba en repetir de nuevo una fórmula que al cineasta británico siempre le ha funcionado a las mil maravillas: enfrentar al ciudadano de a pié con la fría y despiadada casta política, intentando demostrar que cualquier individuo con un par de bemoles puede hacer tambalear la más engrasada de las maquinarias gubernamentales.
El problema radica en que el riesgo que el director tomó en títulos primerizos como Agenda oculta (1990), Riff Raff (1990) o Lloviendo piedras (1993), donde nos encontramos al Loach más visceral y polémico, aquí no aparece por ningún lado; los años no pasan en balde y lo que antes eran auténticos dardos mortales ahora se ha convertido en simples arañazos inofensivos.
Incluso su sencillez en la puesta en la escena y su siempre excelente ambientación no acaban de cuajar como debieran. Se insertan imágenes documentales de archivo donde se nos enseñan los horrores de la guerra pero de forma desordenada y confusa. Lo que debiera ser anarquía se convierte así en mero apunte que acompaña una trillada intriga burocrática.
Con todo y con eso, la película destila todo un aroma a viejo cine político como el que se hacía en los 70 que es muy de agradecer, aunque por desgracia toda la carga de censura y opinión que pudiera enaltecer el conjunto se malogra en escenas de acción insustanciales que, desde luego, no es el punto donde el director demuestre más pericia. A pesar de todo ello, el cineasta tira de oficio para salvar una película con un potencial narrativo incuestionable que no acaba de desarrollarse con todo el ímpetu necesario.

En cuanto a la labor del equipo técnico se refiere, cuando hablamos de una película de Ken Loach indefectiblemente suele venir acompañada del nombre de Paul Laverty en el guión (en la actualidad ya ha vuelto a escribir el guión del próximo proyecto de Loach, que llevará por título The Angels’ Share. El maridísimo de nuestra Iciar Bollaín (si alguien se pregunta qué pinta Najwa Nimry, amiga de la directora de Te doy mis ojos, en un papel testimonial al principio de la historia… ahí tiene la respuesta), firma un libreto que dista mucho de ser un alegato antibelicista aunque ésta sea principal intención. Si Jim Allen, guionista habitual de Loach en sus inicios, metía el escarpelo sin pudor en lo más crudo del crudo invierno británico, Laverty sería como la versión light y superficial de estos incisivos escritos.
Sin restarle un ápice de verosimilitud y militancia, que ya es mucho para los tiempos que corren, además de la pericia a la hora de introducirnos en un universo, el de los asalariados que se juegan la vida en un conflicto que en teoría les es ajeno (y las dificultades que encuentran a la hora del regreso al hogar), se echa en falta un poco más arrojo en las situaciones más comprometidas y más clarividencia a la hora de definir hacia dónde van los tiros. Al contrario, todo queda en agua de borrajas y aunque aquí no desvelaremos el final, tan sólo diremos que se opta por el camino más sencillo y consabido.
Y en cuanto al elenco actoral, el director se rodea, como suele ser habitual, de rostros desconocidos por el gran público con el objetivo de dotar de mayor verosimilitud a la narración. Así los nombres de Mark Womack, John Bishop o Andrea Lowe son más conocidos por sus apariciones en series televisivas que por su paso por la gran pantalla, al igual ocurre con la mayoría de los actores secundarios.
En definitiva, Route Irish es un thriller eficaz, aunque su director, por primera vez, y sin que sirva de precedente, manipula en cierta manera el mensaje que está intentando transmitir.
Escribe Francisco Nieto
Más información:
Buscando a Eric
Entrevista a Paul Laverty

| Título | Route Irish |
| Título original | Route Irish |
| Director | Ken Loach |
| País y año | Reino Unido, Francia, Bélgica, Italia y España, 2010 |
| Duración | 109 minutos |
| Guión | Paul Laverty |
| Fotografía | Chris Menges |
| Música | George Fenton |
| Distribución | Alta Classics |
| Intérpretes | Andrea Lowe, Mark Womack, John Bishop, Geoff Bell, Jack Fortune |
| Fecha estreno | 23/12/2011 |
| Página web | http://www.altafilms.com/site/fichas/route_irish |