Scarlet

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Encargada de inaugurar la Quincena de Realizadores en la última edición del Festival de Cannes, la nueva película de Pietro Marcello, Scarlet (L’envol), nos propone un relato con una estructura lábil y flexible, de manera que conforme avanza se va transformando.

Basada libremente en la novela Velas rojas del escritor ruso Aleksandr Grin, el libro narra la evolución de una mujer libre durante dos décadas. Una época convulsa a principios del siglo XX cuando confluyen una guerra mundial, el nacimiento de grandes utopías y la creación de nuevos inventos que revolucionarán el mundo.

La primera película del director rodada en francés, comienza con un tratamiento realista, situando la acción en la Francia rural, donde contemplamos el regreso de Raphaël a su casa al finalizar la I Guerra Mundial. Allí se encuentra que su esposa ha fallecido y que debe criar a su hija pequeña, fruto de una violación cuando el artesano estaba en el frente de combate.

Ambos son acogidos por una vecina, a cambio de su trabajo en la granja. Él es un hábil carpintero que irá saliendo adelante con dificultades. En el pueblo, Raphaël recibe el rechazo de sus convecinos («deberías haberte muerto en la guerra»), vinculado a un oscuro secreto.

La niña (Juliette) irá creciendo libre y resistente al rechazo de las gentes del pueblo. Su esperanza se apoyará en que se cumpla la profecía que le hace la bruja del lugar: un día llegará un velero escarlata que la llevará lejos de allí.

El relato irá evolucionando con una traslación del protagonismo principal del padre hacia su hija. El tratamiento realista se tornará progresivamente en un relato fantástico y onírico. A ello contribuye la inspirada banda sonora de Gabriel Yared y una cuidada fotografía. En esta parte del relato asistimos a una reinterpretación del clásico cuento Caperucita Roja, bien resuelta al incorporar cuestiones de interés actual como el empoderamiento de la mujer, el antimilitarismo, los cambios sociales, los avances tecnológicos o la falta de solidaridad entre patrones y asalariados.

Uno de los aciertos de la película está en las interpretaciones de Raphaël Thierry (Raphaël), Noémie Lvovsky (Madame Adeline) y especialmente de la debutante Juliette Jouan, encarnando a la joven Juliette. Convertida en una inteligente y tenaz mujer, se enfrentará a todas las dificultades que le irán surgiendo en su claustrofóbico entorno. Ella encontrará refugio en el contacto con la naturaleza y en su imaginación, donde irán cobrando forma sus ensoñaciones y esperanzas. Sus paseos a la orilla del río remiten a las ilustraciones de John Tenniel para Alicia en el país de las maravillas.

La evolución de la protagonista se va subrayando en momentos bien definidos, como cuando se entera de que las preciosas marionetas de madera que su padre construye para una tienda de juguetes pierden valor frente a los nuevos juguetes eléctricos.

De hecho, la historia se apoya en los contrastes que la vida ofrece: la apariencia tosca de Raphaël frente a su capacidad para crear con la madera obras bellas; la vida rural frente al progreso imparable; el cuento de hadas frente a la hostilidad de los habitantes del pueblo. Un joven aviador (Louis Garrel) literalmente «caerá del cielo» en un avión rojo para confirmar que los sueños son posibles.

Se trata de un filme bien configurado con claros elementos de originalidad. Pietro Marcello tiene la capacidad para reelaborar una historia que se inicia en clave realista, cuasi documental, y reconducirla hacia un universo diverso y fantástico. Ya lo hizo con su anterior y premiada película Martin Eden (2019).

Cabe decir que Scarlet se sitúa en un escalón algo inferior a su trabajo precedente, pero tiene el sello distintivo de su autor. Debe reconocerse el excelente trabajo de las editoras Carole Le Page y Andrea Maguol, con el que contribuyen al buen resultado final.

Uno de los logros más estimables de esta película es que su director afronta, a modo de experimento narrativo, la ruptura de un relato convencional con la finalidad de invitar al espectador a una fábula que parte del más puro realismo. Para ello utiliza al principio imágenes de archivo referidas al armisticio de la Primera Guerra Mundial o la incorporación de fragmentos de El paraíso de las damas (1930) de Julien Duvivier, en la que se nos muestran unas galerías comerciales que, en el universo propuesto por Pietro Marcello, simbolizan el nacimiento de la sociedad de consumo. Al avanzar la narración, virará hacia un mundo de ensoñación en el que las imágenes adquirirán unos colores vivos e intensos, transformándose en un semimusical de época.

Pietro Marcello, ya galardonado anteriormente en el Festival de Sevilla de Cine Europeo con el Giraldillo de Oro por Martin Eden (2019), ha vuelto a ser premiado en la última edición al recibir el galardón a la Mejor Dirección por Scarlet.

Escribe Juan de Pablos Pons