La inteligencia artificial como juez y verdugo

Desde la irrupción en nuestras vidas de la inteligencia artificial, han sido innumerables ocasiones en las que series y películas han presentado escenarios incómodos para la humanidad ante la nueva herramienta virtual.
En el nuevo thriller de acción de Timur Bekmambetov —director entre otras de películas como Wanted (2008)y el remake de Ben-hur (2016)— esta premisa toma un nuevo giro ynos presenta una sociedad distópica (aunque inquietantemente cercana) donde la justicia en los casos de violencia extrema es impartida por una conciencia digital que, además, tiene la potestad de poner fin a la vida del reo en caso de ser declarado culpable.
En esta ocasión, el acusado es el inspector de policía Chris Raven (Chris Pratt) imputado del asesinato de su mujer en un acto de violencia doméstica. El agente, que fue partícipe y gran defensor de la implantación de esta justicia automatizada, se verá ahora en la tesitura de demostrar su inocencia ante la implacable IA Maddox (Rebecca Ferguson). Para ello contará únicamente con los recursos informáticos permitidos por el sistema y un tiempo límite de tan solo 90 minutos.
Tiempo real
La duración de la cinta coincide con el tiempo que dispone el protagonista para evitar su ejecución, lo que provoca que el visionado genere una sensación de vértigo constante, implicando al espectador en el estrés del acusado. Este efecto de inmersión, al hacer coincidir el tiempo de la trama con el tiempo real, ofrece una sensación de vértigo que la hace adictiva por momentos.
Cabe destacar el magnífico pulso interpretativo entre el protagonista y la antagonista, quienes sostienen la tensión prácticamente en un único escenario durante gran parte del metraje.
Justicia sin humanidad
La película, aunque claramente orientada al cine de acción y entretenimiento, plantea dilemas morales importantes. Es ahí donde obliga al espectador a elegir bando o, al menos, cuestionar la utilización de medios futuristas para implantar justicia, dejando abierto el debate al salir de la sala: ¿es lícito delegar todo en las inteligencias artificiales?
El desarrollo de los acontecimientos y la revelación progresiva de pruebas relacionadas con el inspector Raven nos hará tomar partido en este debate moral.
Los sentimientos humanos, la empatía hacia el prójimo, las envidias y los rencores, son aspectos aun no evaluables por ninguna máquina, lo que convierte este enfrentamiento entre el hombre y la entidad virtual en una tensión constante ante la encrucijada ética que plantea el filme.

Sin piedad funciona como un artefacto de entretenimiento impecable: tiene un ritmo narrativo arrollador, imágenes impactantes y una puesta en escena fuertemente influenciada por la estética de los videojuegos.
A ello se suman persecuciones vertiginosas y un dilema moral de fondo, lo que la convierten en una apuesta vibrante para disfrutar de una velada entretenida en la gran pantalla.
Tras las cámaras
La película ha sido rodada en formato IMAX y 3D con el objetivo de sumergir al espectador aún más en la sensación de un juicio real.
Aunque se llegó a proponer la utilización de una IA real para el papel de la jueza, finalmente se optó por Rebecca Ferguson para no perder la fuerza interpretativa humana.
El guion original de la cinta permaneció durante años guardado en secreto, hasta contar con un presupuesto lo suficientemente ambicioso para lanzar este blockbuster.
Escribe José María Morán | Fotos Sony Pictures