Eternos Peter Pan
He aquí un filme (aparentemente) extraño que bebe de la contracultura americana y que trata (al menos lo intenta) de poner patas arriba (parte de) el sistema americano. Una película incorrecta que toma agua de al menos las siguientes tres fuentes: el cómic underground, la serie de televisión Padre de familia y la obra Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
El cómic underground
El comix o cómic undergound, historietas gráficas, en cuanto a edición, impresión y distribución, desarrolladas fuera de los canales normales, aunque ante su gran difusión hayan terminado teniendo una difusión convencional.
Surgió a finales de los años sesenta en Estados Unidos. Sus historietas trataban de dinamitar los principios de la sociedad en que eran editadas. Los comix hablaban de rock, comunas, drogas, sexo y eran furiosamente antimperialistas, de ahí sus varias referencias al conflicto de Vietnam. Los protagonistas de los comix solían ser (animales humanizados o personas) seres marginales y en su lenguaje, sin reparo alguno, estaba presente el sexo, la violencia, la droga, el ataque a las sagradas (?) instituciones. Defendían la contracultura de forma pareja al movimiento hippie.
El primer libro de comix, aparecido a comienzos de 1968, se debe a Robert Crump uno de cuyos personajes ―salvaje, salido, drogadicto, mal hablado― es el gato Fritz, nombre que intenta jugar, sin duda con el del integrado gato Felix.
No sería extraño encontrar semejanzas entre el gato de Crumb y el oso de peluche Ted de este filme que comentamos.
La serie de televisión Padre de familia
La serie de televisión de dibujos para adultos Padre de familia nació sorprendentemente al amparo de la conservadora cadena americana de televisión Fox el 31 de enero de 1999, de la mano de Seth MacFarlane (Connecticut, 1973), que actuó de productor, guionista y además ponía (y pone) voces a personajes de la serie (en la versión original de Ted la voz es también suya).
La serie se centra en los Griffins una familia disfuncional formada por el padre Peter, un obrero muy torpe, irlandés y, cómo no, católico, y la madre Lois, quien antes de casarse vivía lujosamente y ahora es una vulgar ama de casa, que, además, se ve obligada a impartir lecciones de piano. Ambos tienen tres hijos: Meg, un joven adolescente con problemas de integración social tanto en casa como en el centro donde estudia; Chris, gordinflón y torpe, reflejo de su propio padre; el menor Stewie es un bebé que se comporta como un adulto. También protagonista es el perro callejero Brian, que mantiene conversaciones con las personas (1).

Los personajes secundarios de la serie son, sobre todo, los vecinos de la familia: Glenn Quagmire, un piloto de aerolíneas comerciales que posee una gran actividad sexual; Loretta, su ex mujer, y el hijo de ambos Joe, policía parapléjico casado con Bonnie con la que tiene una hija; Mort, farmacéutico hipocondriaco que estuvo casado con Muriel y de cuya relación nació Neil; Herbert, un anciano pedófilo. Aparecen también una serie de personajes unidos a la televisión como Tom y Diana, presentadores de informativos, Tricia, reportera asiática, y Olli, meteoróloga. También se cuenta con Adam, alcalde de la inexistente ciudad de Quahog en Rhode Island, donde transcurre la vida de todos estos personajes y con los que se trata de parodiar (muchas veces desde sus propios iconos) la cultura americana.
MacFarlane inició Padre de familia después de haber realizado dos series de animación, The life of Larry y Larry & Steve. Para su más famosa serie tomó algunos de los protagonistas de las dos series citadas, reconvirtiéndolos en personales de la nueva. Tal es el caso de Larry y su perro Steve transformados en Peter y Brian, respectivamente, en Padre de familia.
El primer episodio fue visto por 22 millones de telespectadores. La serie, con diversos conatos de cancelación, y el paréntesis debido a la huelga de guionistas (2007-2008), en la que MacFarlane fue uno de los principales activistas, sigue hoy en su novena (o décima según otros) temporada y con mucha vida por delante. Durante la sexta temporada festejó el episodio número 100.
Aparte de su éxito en la televisión, la serie ha sido editada en diferentes DVDs (2). También ha sido objeto de un largometraje y un videojuego. Los diálogos y algunos de los temas tratados provocaron la ira de muchos ejecutivos de la cadena y también de críticos y asociaciones conservadoras. Uno de los capítulos, en los que se trataba el tema del aborto, no llegó a emitirse (en 2009).

Dr. Jekyll y Mr. Hyde
La existencia del otro es un tema que fue explotado literariamente, de forma brillante y obteniendo un gran éxito por Stevenson en su famosa obra Doctor Jekyll y Mister Hyde, retrato perfecto de la dualidad de la persona, de lo que es y lo que oculta, cómo se actúa frente a los demás y cómo (ocultamente) quisiera ser.
Tres elementos que están presentes en Ted. Por un lado, está su tono de garabato contracultural con su lenguaje libre y un comportamiento (el del oso de peluche Ted) de una total incorrección social; en segundo lugar, el autor de Padre de familia y el de Ted (productor, guionista, director, voz de Ted) es la misma persona, MacFarlane. Y, como en la novela de Stevenson, en Ted se vislumbra el tema de la personalidad disociada.
Aparte de ello la película, como Padre de familia, se rodea de cameos, la mayor parte con tintes irónicos, así como de referencias constantes a películas que se recuerdan en diálogos, en imágenes o temas musicales músicos. Los personajes que aparecen procedentes de ambos mundos (cine y música) aparecen, digamos, como artistas invitados.

Eterna juventud, ¿eterna niñez?
Probablemente tendríamos también que aludir al modelo Peter Pan al hablar del film; es decir, presentar adultos que se niegan a crecer, permaneciendo para siempre en su mundo infantil sin querer tomar las decisiones propias de una persona adulta.
Las comedias de Apatow, si tienen para mi algún interés (hoy por hoy no les veo la gracia) es ese: mostrar a unas personas en la cuarentena con una claro retroceso a (o una no superación de) su etapa infantil. Películas que parecen prolongar aquellas más lejanas tipo Despedida de soltero o American Pie nacidas a la sombra de la interesante Desmadre a la americana de John Landis, un director que parecía iba a darnos grandes obras y que finalmente quedó adormecido en la más absoluta de las mediocridades.
Ted se mira de refilón en este tipo de películas, de la misma manera que recurre a construirse como una (falsa) comedia amorosa americana.
Ahí empiezan los problemas, lo que se estructura como parodia termina alegremente asumiendo de forma ingenua lo mismo que quería atacar.
Al final feliz, con edulcoramiento de cuento de hadas, le falta un sentido trasgresor. No sólo eso, también traiciona en ese final su idea de partida. No se puede entender que la protagonista acepte la resurrección de Ted. O sea, que asuma vivir con un niño, algo que ella misma precipita al proferir un deseo: prácticamente el mismo que muchos años atrás había hecho el niño solitario en busca de un amigo.
Más difícil de entender cuando el estallido de la tormenta (tres existen en el filme) en ese instante final no produce ningún terror en nuestro protagonista (se puede entender que no se da cuenta de ello, preocupado por la muerte de Ted). Lo lógico es que al asumir en plenitud el amor por su chica se produjese el cambio preciso. A no ser que todos los personajes que pueblan el filme sean niños eternos. Y no sólo la totalidad de hombres que aparecen.

Ted, el osito de peluche recibido en unas navidades infantiles, cobra vida, siguiendo y haciéndose seguir por su amo, aunque resulta difícil saber quién domina a quién. Ted se mueve y actúa como una persona, presentándose como la otra cara del personaje central. Ted utiliza un lenguaje barriobajero, es drogadicto, posee un insaciable apetito sexual. Ted supone la otra personalidad de nuestro protagonista, el otro yo, su contrario.
Frente a la dificultad del niño y del (falso) adulto para hacer amigos, enfrentarse a problemas laborales y sentimentales y la total inhibición en su mundo carente de toma de decisiones, aparece el corrosivo y chulesco Ted enfundado en los momentos precisos, como manera de encerrarse en unas formas inamovibles, en la cantinela tópica del “Te quiero mucho”. Falsa forma de compromiso conducente a una dependencia peligrosa incapaz de ser doblegada.
Nuestro protagonista no sabe romper con Ted porque piensa que sin él su mundo desaparece. Una personalidad no puede desprenderse de la otra y arroja a la más débil a una eterna niñez.
Tal planteamiento interesante no es suficientemente aprovechado por el director, al quedarse en simple anécdota, dada a través de una serie de escenas, algunas muy cortas, que quieren ser trasgresoras, provocativas, graciosas y críticas, pero la abusiva combinación no siempre logra sus fines.
Además, el filme se alarga en demasía caminando por tres líneas que, en su triada, no acaban de converger: la existencia de Ted y el protagonista, la historia de amor entre los protagonistas vista como compromiso que debía conducir a la superación del estadio infantil y, la tercera trama, el intento de secuestro de Ted por un padre (tan infantilizado como el resto) y un hijo torpón más estúpidamente infantil que lo era nuestro protagonista en su niñez.
Por otra parte, Ted parece una metralleta de temas o asuntos importantes, que terminan por ser simples esbozos vislumbrados de pasada. Se habla de la crisis económica, del desempleo, la religión, la emigración, el papel y la discriminación de la mujer, la prostitución, el racismo, el terrorismo con varias alusiones al 11-S (3) y cualquier otro tema que haga referencia al disparatado mundo de hoy, sabiamente ocultado por las múltiples fiestas o reuniones sociales que transitan los personajes.
Entre lo más logrado de la película se encuentran sus referencias al mundo del cine y de la música. Uno de los muchos datos curiosos: la pareja protagonista se ha enamorado a los sones de la música de Octopussy, aquella película de James Bond. Nada, pues, de música de películas románticas clásicas.

La relación de filmes referenciados es variada y va desde ET, El extraterrestre (todo el comienzo del filme en Navidad tiene un aire propio de las producciones Amblin) hasta cualquier final hitchcockiano donde un personaje se encuentra colgado de un alto edificio (4). Pero también la divertida parodia de Fiebre del sábado noche, alguna de las célebres frases de Mae West y, sobre todo, el cachondeo que genera el recuerdo del Flash Gordon de Mike Hodges y de su protagonista: un actor comido por esa película y que siguió en series televisivas sin superar la efímera popularidad que le dio aquel título.
Nuestro protagonista tampoco ha superado el impacto de aquella película, ni el olvido de aquel actor (mediocre) convertido en ídolo. Su encuentro ahora con tan infantil, pero envejecido personaje, reflejando en dos seres sin salida, encerrado en el mundo del que no supo salir, es tan trágico como entrañable. Nada se ha superado, parece indicar ese encuentro deseado, al igual que Ted u otros sueños imposibles, llevado finalmente a cabo en un tiempo, imaginariamente, suspendido.
Abundan en Ted los personajes que parecen ser reflejo (desde distintas categorías socio-culturales) de los otros. Todos infantilizados en un país (o el mundo entero) donde dominan los niños grandes. El jefe del personaje principal, el gerente del supermercado, la chica de Ted o, el cretino, rico enamorado (y jefe) de la protagonista forman parte de una abundante, y lamentable, fauna.
MacFarlane homenajea, o recuerda el cine (y la música) aludiendo a muchas películas y autores que le acunaron en su infancia y juventud. Y, entre ellos, algo que esta película no trata de ocultar, estaría sin duda Woody Allen.
Filme irregular que termina por no ir más allá de un (desaprovechado) curioso y sugerente apunte.
Notas
(1) MacFarlane pone voz a los personajes de Peter, Brian y Stevie. Como dato curioso hay que indicar que la voz de Stevie semeja a la del actor Rex Harrison, concretamente en su actuación en My fair lady.
(2) La venta de DVD de la serie superó ampliamente a las ediciones de Sexo en Nueva York o Friends.
(3) MacFarlane tenía un billete para viajar en uno de los aviones que fueron estrellados el 11-S. Por una serie de circunstancias llegó al aeropuerto cuando su vuelo ya había despegado.
(4) Sobre todo el desgarramiento de Ted recuerda la escena en que el espía de Saboteur cae de la Estatua de la Libertad, después que la manga de su chaqueta, de la que es agarrado por el protagonista, se vaya descosiendo poco a poco.
