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Retrato de una dama
Escribe Ferran Ramírez
El mundo de la moda siempre ha sido objeto de deseo y de adaptación por parte del cine. Un universo sofisticado, rebosante de elegancia y glamour es todo lo que el cine puede pedir para trazar un retrato, pero lo cierto es que pocos han conseguido trasladar todo lo que conlleva las escaleras del mundo de la creación textil y el maniquí. Prêt-á-porter, del magnífico Robert Altman, sin ir más lejos, fue un vodevilesco retrato descompensado y plomizo que no supo entender los entresijos que se caldean en los backstages de las pasarelas.
La última cinta afortunada fue El diablo viste de Prada, una ligera aunque acertada comedia que hacía un dibujo inconfeso, aunque por todo el mundo sabido, sobre la editora jefe de la revista Vogue, y una de las mujeres más poderosas del planeta, Anna Wintour. La leyenda dice de ella que es la mujer de hielo, y cualquiera que haya visto el filme protagonizado por Meryl Streep o haya leído el libro en el que se basa el filme sabrá cuan ciertos son los rumores.
Ahora llega R. J. Cutler para dar otra vuelta de tuerca al personaje. La rumorología cuenta que la Wintour, reacia como es a las entrevistas, creyó que sería una buena oportunidad para que el documental mostrara su lado más humano, descubriera a la trabajadora incansable que se esconde detrás de ese rostro hierático, transmitiera el valor artístico del frívolo e implacable mundo de las ropas imposibles. Así, consiguió Cutler que Wintour accediera al proyecto.
¿El resultado? 88 minutos bien filmados que descubren los pasillos de la revista más envidiada del mundo, Vogue. ¿La excusa? El número que la publicación hace exactamente dos años, que iba a ser el más extenso jamás publicado en la historia de la revista, de cualquier revista (más de 800 páginas). ¿El argumento? Un seguimiento explícito, aunque deslavazado, de la manera en que se construye un número de una revista como Vogue. ¿Sus protagonistas? Cualquier persona implicada en el proceso de creación de la edición de septiembre. Y una advertencia para los lectores potenciales: si no les interesa lo más mínimo el mundo que está planteando el filme, no se molesten en ver el filme.
Para quien decida ver el documento, cabe decir que el espectador se convierte en testigo de excepción de lo que ocurre en una redacción desenfrenada, plagada de personas que se pasean haciendo gala de su vinculación con el "mundillo", en el epicentro de una carrera contrarreloj para sacar adelante el que se supone que va a ser el número más importante de la revista.
El filme, aunque se toma ciertos respiros en la narrativa de sus personajes, nos transporta de Times Square al Louvre, de Versalles al Coliseo romano, de la redacción de Vogue a los estudios de Jean-Paul Gaultier o Yves Saint-Laurent, de la casa de Anna Wintour a las pasarelas más exclusivas, todo ello servido a un ritmo musical sin mácula, cortesía de una banda sonora privilegiada.
Wintour, expuesta
Y en el centro de toda la vorágine de telas, colores, modelos, diseñadores, expertos, aprendices, contratos, luces, celebrities y demás efectos colaterales encontramos a dos mujeres que trabajan 24/7 como suelen decir en lengua inglesa. Anna Wintour y Grace Coddington, mano derecha de Wintour, co-responsable de Vogue y casi más protagonista que su protagonista, llevan todo el peso creativo y artístico de Vogue. Discuten, se admiran, viajan, deciden y se contradicen para que la publicación esté donde está y tenga el poder que tiene.
El documental nace con la voluntad de ser un dibujo de la vida de Wintour. Y lo es. La vemos paseando incesante por los pasillos, escrutando a los diseñadores y sus diseños, observando impertérrita las poses de Sienna Miller, poniendo en duda las palabras de Oscar de la Renta o de Mario Testino, con su rostro inalterable.
Si bien quería romper el mito que la rodea, podríamos incluso decir que engrandece el icono y que uno, al mirarla, corre el riesgo de tornarse piedra, como reflejo absoluto de lo que transmite Wintour. Pero el documental acaba siendo una mirada abierta y sincera a todo el trabajo que esconde el mundo de la moda, algo que hasta ahora nadie se había atrevido a reivindicar por el mero hecho de esquivar la pedantería o la vanidad que implica la defensa de un mundo dedicado a la imagen externa. Por ello, se encarga de ofrecer la imagen interna.
The September issue es un espejo de Wintour, Coddington y su camarilla de cazatendencias, redactores, creativos y un largo etcétera, que muestra también la soledad de unas personas demasiado sometidas a sus vidas laborales, que implican a su vez unas vidas sociales asociadas a sus obligaciones contractuales. Podríamos demandarle al filme un ápice de imaginación, que quizás le falta o un ritmo más trepidante del que promete en su brillante prólogo o en su acertado epílogo, pero sabe trazar unas líneas a modo de certero esbozo, casi una nota a pie de página, sobre lo que supone la vida diaria de una de las mujeres con más influencia del planeta.
