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Mujeres en Nueva York
Escribe Eva Cortés
The Women la ultima película de Diane English, parece haber sido rodada para competir con Sexo en Nueva York, eligiendo como arma, para vencer la lucha por la taquilla, ser remake de la cinta de George Cukor de 1939.
Con esto se pretende callar a todos los que digan que ésta es copia de Sexo en Nueva York de Michael Patrick, porque su proyecto lleva quince años en marcha. Y quizás la idea de hacer una película sobre mujeres no fuera descubierta por Michael Patrick King, director de Sexo en Nueva York, pero el parecido salta a la vista.
Ambas tratan el amor desde el punto de vista de las mujeres. En la de Michael desde los problemas de las relaciones sentimentales y en la de Diane desde la superación cuando estas relaciones se acaban.
Aquí, la protagonista absoluta es Mary Haines (Meg Ryan). Una mujer con una vida acomodada. Vive en una bonita casa en Connecticut con un marido del que está enamorada y que tiene dinero, tiene una buena hija de doce años y un buen trabajo como diseñadora para la firma de su padre. Su vida se desequilibra cuando se entera que su marido tiene una amante, Crytal Allen (Eva Mendes). Pero para superarlo cuenta con la ayuda de su madre y de sus tres amigas: Sylvia (Annette Bening), Edie (Debra Messing) y Alex (Jada Pinkett Smith).
Cada una de sus amigas interpreta un tipo de mujer, como vimos también en Sexo en Nueva York. Sylvia es la eterna amiga que no cree en el amor, igual que Miranda Hobbes, práctica y obsesionada con su trabajo; Edie representa el mismo rol que Charlotte York, amante de la familia y defensora del amor; y Alex –aunque en este caso es la menos protagonista– tiene un perfil similar al de Samantha Jones, libertina y descarada.
Pero sin duda el parecido más evidente es el de Meg Ryan con Sarah Jessica Parker, ¡hasta tiene el mismo peinado! Ambas sienten devoción por su trabajo, ambas creen en el amor para toda la vida y tras sufrir una decepción, ambas deciden buscarse a ellas mismas.
Sobre la interpretación de Meg, si echamos un vistazo a su trayectoria profesional, en películas como Entre mujeres o Adictos al amor, nos daremos cuenta que este papel no le habrá supuesto ningún reto, parece estar hecho a su medida. Del resto, la mejor es Sylvia (Annette Bening), que llena la pantalla cada vez que aparece. Las escenas en las que participa sube la tensión, y eso es de destacar. Pero como “de donde no hay, no se puede sacar”, poco puede hacer para salvar el resultado final de la película.
Falta de tensión narrativa
En general, el filme es soportable aunque tampoco tiene momentos en los que te desternilles de risa. El planteamiento está bastante bien, pero después la intensidad va bajando porque el final es totalmente predecible. Mary Haines tendrá que lidiar con los problemas con su hija adolescente, con su familia, con sus amigas y con sus propias dudas ante la vida. Nada nuevo. Eso sí, quiero destacar también la parte final, una de las escenas más divertidas del filme, para acabar al menos con una sonrisa.
Parte de culpa en este problema de falta de tensión narrativa son, además de lo previsible de la historia, la estructura lineal de la acción y los malos detalles del guión, con unas protagonistas que parece que nunca duermen y con una madre que puede desaparecer de su casa sin dejar rastro alguno.
Es curioso que en todo el metraje no aparecezca ningún actor varón, ni tan siquiera en la discusión de la protagonista con su marido; es más, los hombres a los que se alude quedan como los malos: el marido que se acuesta con otra y el jefe que presiona demasiado. Con esto el mensaje que manda acerca de las relaciones sentimentales adquiere un cariz feminista muy acentuado; quizás por esto la película vaya más dirigida a un público femenino. Este mensaje subliminal se intenta paliar en la escena final de varias formas. Una de ellas es la revelación de un secreto de una de las amigas, que yo no contaré, por no chafar a nadie la historia. Quizás sea este punto, la desaparición de los hombres en pantalla, lo que más la diferencia de su competidora.
Pero siguiendo con la comparación con Sexo en Nueva York, hay que decir que la sociedad que retrata The women, sin llegar a tan alto estatus como la otra, tampoco es que sea de clase media. Todas las protagonistas siguen las modas, acuden a celebraciones VIP, conducen cochazos y viven en lujosas casas con un mínimo de dos asistentas. La moda está tan presente que parece que la batalla entre las películas se traslade a la historia, con la competencia entre las dos revistas de moda, Vogue (la revista protagonista de Sexo en Nueva York) y Cachet (publicación en la que trabaja Sylvia).
Así pues, después de quince años en proyecto, retrasando su rodaje por diversos problemas y su estreno para que no coincidiera con la de Michael Patrick, el resultado es un filme más. Sin excelencias, soportable, pero tan predecible y parecido al otro, que traslada la película al saco de los filmes de tarde.
