Un trío de actores legendario
Uno de los alicientes (si no el único) que puede llevarnos a tener cierto interés por una película como Tipos Legales, traducción muy libre con la que se estrena en nuestro país Stand up Guys (algo así como Chicos con empuje) es la de ver juntos compartiendo escenario a tres grandes mitos de la interpretación hollywoodiense de todos los tiempos.
Nos referimos a Al Pacino, Christopher Walken y Alan Arkin (nunca habían trabajado juntos antes en ninguna película), quienes demuestran pese a su avanzada edad disponer de una capacidad de trabajo inmune al paso del tiempo (algo muy acorde por otra parte con los tiempos que corren, donde sólo los septuagenarios podrán llegar a jubilarse algún día). Con un elenco actoral de tantas campanillas, era bastante lógico que el resto de aspectos técnicos y artísticos pasasen a un segundo plano, pues todo en esta película posee cierto marchamo de homenaje a esta tríada de grandes intérpretes.
La trama nos conduce por la historia de Val (Al Pacino), quien sale de la cárcel tras cumplir la friolera de veintiocho años de condena. Doc (Christopher Walken), su mejor amigo, le espera a la salida para ir a buscar juntos a Hirsch (Alan Arkin), otro antiguo colega.
A pesar de su avanzada edad, los tres deciden empezar a recuperar en esa misma noche ese espíritu canalla que les llevó a pertenecer a bandas armadas, rememorando así sus días de gloria y las décadas de droga, crímenes y sexo perdidas. Sin embargo, hay un tema espinoso que deben resolver antes de que todo vuelva a un orden establecido. Doc ha sido contratado por el antiguo jefe de la banda para matar a Val y poder arreglar viejas cuentas pendientes.
Como se puede apreciar, el argumento no es un dechado de originalidad, precisamente. Aquí se trata de dar la oportunidad a los astros de la pantalla de reverdecer viejos laureles mediante una repetición agotadora de clichés (diálogos pretendidamente tarantinianos; algunas escenas de acción con persecuciones de coches incluidas; ciertas dosis de violencia gratuita y momentos melodramáticos en los que los personajes intentan reencontrarse con un presente en el que ya tienen poco que decir).
Con total seguridad no será en las trilladas líneas de conversación donde hallemos el verdadero valor de esta propuesta. Y para muestra un botón, con disertaciones del tipo: “¿Qué hora es?”. “La hora de patear traseros o de comer chicle”. “Pues ya no me quedan chicles”; como se puede ver, todo un alarde de escritura guionizada que pondría los pelos de punta a cualquiera que se precie de disfrutar de buenos libretos.

Si Tipos legales se trata de un trabajo estimable es sobre todo por la actitud que cada miembro del reparto principal ha tomado ante el rol que le ha tocado interpretar en pantalla. Mientras Al Pacino se esfuerza por seguir emulando a Dustin Hoffman mediante una composición basada en un histrionismo exacerbado y una gesticulación constante, Christopher Walken se pasa la mitad de la película con las manos en los bolsillos, como si la cosa no acabara de ir con él y sólo le importara estar reunido de nuevo con sus viejos amigos.
El último en aparecer, y paradójicamente el que mejores resultados está obteniendo en el último tercio de su carrera, es Alan Arkin (en 2013 fue nominado a los Oscar de Hollywood como mejor actor secundario por Argo, de Ben Affleck, premio que ya había conseguido en la edición de 2007 por la inolvidable Pequeña Miss Sunshine, de Jonathan Dayton y Valerie Faris). Su papel aquí es bastante testimonial, aunque no diremos los motivos para no desvelar una de las sorpresas que nos tiene reservada el film.
A decir verdad, hay momentos durante el metraje que parece que nadie se está tomando en serio el desarrollo de la narración, siendo esos instantes los más disfrutables para la audiencia (esas visitas continuas a una casa de citas concreta que acaban siendo un despelote, o los continuos ágapes durante toda la noche donde Al Pacino se llega a comer la friolera de cuatro bistecs).
Sin embargo, en el momento en el que la socarronería y picaresca de los tres tunantes de turno pasan a un segundo plano y se nos imponen algunas subtramas innecesarias el film pierde fuelle y de qué manera.

Aparte de los tres divos también debemos hacer constar la presencia de tres actrices quienes, curiosamente, han conocido el éxito y el estrellato gracias a sus apariciones televisivas en series de postín: Julianna Margulies, la más veterana de las tres, que se dio a conocer al gran público gracias a Urgencias (y que aquí, casualmente, también da vida a una enfermera); Vanessa Ferlito, famosa gracias a 24 y CSI Nueva York; y la menos conocida pero más emergente Addison Timlin, aquien se puede recordar por su trabajo en Californication y la más actual Hora Cero.
A ellas hay que unir la aparición esporádica de otra actriz como la inglesa Lucy Punch (Arma Fatal, Bad teacher) e incluso de una experimentada cheerleader del equipo de baloncesto americano de los New York Knicks, de nombre Courtney Galiano, quien se marca un baile a ritmo de soul junto a Al Pacino con claras reminiscencias a otro popular baile que apareció en uno de los films más exitosos del segundo: Esencia de mujer.
Es de agradecer el ajustado metraje de la cinta (no llega a la hora y media), ya que el macguffin principal que permite que la trama vaya avanzando se va agotando a base de repeticiones y giros argumentales que no llevan a ningún sitio. También hay que poner en el haber de la propuesta el esmero y cuidado puesto por el director Fisher Stevens, en el que es su primer largo de ficción aunque ya tenga labrada una larga carrera de actor a cuestas, en la banda sonora que jalonan las imágenes del film, incluyendo dos canciones originales compuestas para la ocasión por nada más y nada menos que Jon Bon Jovi: Not Running Anymore (nominada en la última edición de los Globos de Oro como mejor canción original) y Old habits die hard, aparte de otros temas compuestos por maestros del soul como Muddy Waters y Baby Huey.
A pesar de que Tipos legales no pasará a la historia del cine por su empaque y singularidad, sí que es de agradecer que la industria de cine americana siga confiando en sus viejas glorias para conseguir un digno resultado en taquilla. Es una pena que en nuestro cine esto se lleve a efecto de una manera demasiado esporádica, y que muchos de nuestros actores y actrices que un día tuvieron un nombre importante en la cinematografía hispana ahora se vean injustamente relegados al olvido y tan sólo sepamos de ellos gracias a algún homenaje postrero o simplemente porque se anuncia su fallecimiento.
Escribe Francisco Nieto
