TRES DÍAS CON LA FAMILIA (4)

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Tres días con la familia
Título original: Tres dies amb la familia
País, año: España, 2009
Dirección: Mar Coll
Producción: Toni Carrizosa
Guión: Mar Coll y Valentina Viso
Fotografía: Neus Ollé
Música: Maikmaier
Montaje: Elena Ruiz
Intérpretes: Eduard Fernández, Francesc Orella, Ramon Fontserè, Nausicaa Bonnin, Philippine Leroy-Beaulieu
Duración: 85 minutos
Distribuidora:  Wanda Vision
Estreno: 26 junio 2009
Página web:  http://www.tresdiasconlafamilia.com/

Virus familiae
Escribe Gloria Benito

Mar Coll en el Festival de MálagaResulta grato sentirse sorprendida ante una opera prima como Tres dies amb la familia, producción en la que participan los técnicos y autores más destacados de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya), que ha reunido al equipo que dirige la joven Mar Coll, coautora junto a Valentina Viso del guión de la película.

En este filme, el proyecto I+D (que ya demostró sus méritos en la obra de Roser Aguilar Lo mejor de mí) ha posibilitado el desarrollo de esta interesante historia de la que forman parte nuevos talentos, como la fotógrafa Neus Ollé, junto a profesionales reconocidos como Eduard Fernández, Ramón Fontsere y Philiphinne Leroy – Beaulieu entre otros.

El argumento se desarrolla en la provincia de Girona, a donde regresa Léa (Nausicaa Bonnin: Lo mejor de mí, La soledad) para asistir al entierro de su abuelo paterno, el patriarca de la familia Vich i Carbó. Durante los tres días que duran los eventos funerarios, Léa muestra su hostilidad ante esta familia perteneciente a cierta burguesía catalana cuyos miembros mantienen enquistados sus sentimientos en función de las convenciones sociales y lo que se considera "buena educación".

La historia ofrece al espectador fragmentos cotidianos de la convivencia familiar

La historia ofrece al espectador fragmentos cotidianos de la convivencia familiar en varios espacios: el tanatorio, la iglesia y el cementerio, que corresponden a las secuencias del velatorio, el funeral y el entierro, para culminar con una comida de todos en la masía familiar, lugar que rememora en los asistentes recuerdos a veces gratos y en ocasiones amargos y dolorosos.

El denominador común de las relaciones entre los cuatro hijos del muerto es el resentimiento El denominador común de las relaciones entre los cuatro hijos del muerto es el resentimiento por el comportamiento del difunto, que suscita una serie de comportamientos enfermizos en los cuatro hermanos, siempre sugerido sutilmente y nunca manifiestamente declarado.

El mayor, Pere (Ramón Fontsere, Soldados de Salamina), es el más hipócrita porque es el continuador del patriarcado, el mantenedor de unos valores familiares en los que nadie -ni él mismo- cree y de los que todos huyen. Josep Maria (Eduard Fernández, Smoking room, La voz de su amo), el padre de Léa y separado de su esposa Joëlle (Philiphinne Lery – Beaulieu, La sombra de nadie), se muestra distante y crispado sin decidirse nunca a mostrar lo que piensa y siente. El fiel Toni (Francesc Orella, Eskalofrío), el hijo que ha permanecido más cerca del padre y el más menospreciado por todos, asume su papel con humildad y un conformismo irritantes.

Junto a los hermanos, sus mujeres no escatiman críticas al viejo muerto y a la frustración de ver a sus maridos y a sí mismas mirando siempre a otro lado. Los nietos también se muestran indiferentes al motivo de la reunión y sólo piensan en reanudar sus vidas y divertirse. Así que todos aparecen a los ojos de Léa como una fauna humana despreciable por la forma en que gestionan sus vidas.

Lea es el personaje que focaliza el fracaso sentimental y vital del  grupo familiar ya que por su condición de estudiante en Toulouse ha permanecido alejada de las personas reunidas para el entierro. Por eso su mirada distante y su hosca actitud permiten al espectador, cómplice y cautivo de la rabia de Léa, adoptar una actitud crítica hacia el comportamiento del resto de personajes.

Una película hecha de miradas, gestos, palabras que no se dicen...

Resulta interesante esta película por la eficacia de unos diálogos sin sustancia ni profundidad, llenos de tópicos y frases hechas, y en los que importa más lo que se calla que lo que se dice. A esta sutileza de llenar de vacío verbal los textos se une un inteligente uso de la cámara, que va mostrando con elaborada sencillez ángulos del espacio interior y del paisaje rural y urbano que nos hablan de una contención sentimental extrema, que se mantiene a lo largo del filme y que nunca llega a explotar. Ni siquiera la llegada de la tía Virginia (Amalia Sancho) supuesta escritora, rebelde y ligeramente iconoclasta, es capaz de romper la inercia de las convenciones familiares y sociales.

A esa tensión narrativa contribuyen con eficacia las interpretaciones actorales, en especial la de la protagonista, Léa, la única que al final rompe a llorar entre risas y llantos más o menos histéricos, lo que podría interpretarse como una posible transformación del personaje, un cambio vital, aunque no se sabe si fruto del conformismo o de la valentía. Una ambigüedad que el espectador agradece en un tiempo donde proliferan los mensajes morales que nos hacen más estúpidos y menos libres.

Un filme totalmente recomendable al que deseamos una trayectoria llena de merecidos  reconocimientos, tanto o más que los de la 12ª edición del Festival de Málaga.

A esta sutileza de llenar de vacío verbal los textos se une un inteligente uso de la cámara