En busca del amor en tiempos difíciles

Como dice el refranero popular: «para el amor no hay edad». A pesar del paso del tiempo, las modas y las formas cambiantes de perseguirlo según la época, en el fondo el ser humano anhela encontrarlo.
Pero ¿qué pasaría si estás soltero o soltera y el gobierno solo te permitiera intentarlo un único día al año? Pues a la dificultad añadida del objetivo se une la premura de lograrlo en apenas unas horas durante una jornada concreta.
Bajo esta curiosa premisa, el director Will Gluck (Con derecho a roce, Rumores y mentiras y Cualquiera menos tú) sitúa al espectador como partícipe en esta loca quimera. La cinta está protagonizada por Monica Barbaro (Top Gun: Maverick) y Callum Turner (Los amos del aire, La última carta de amor). Ambos intérpretes dan vida a Allie y Owen, respectivamente, dos jóvenes solteros que intentarán encontrar el amor —o al menos una noche de sexo— en una distópica ciudad de Nueva York.
La propuesta no es original en su intención argumental: chico conoce a chica y, tras diferentes malentendidos y jugueteos, surgirá —o no— el amor. Sin embargo, aquí el escenario es diferente, pues la presión del reloj establecida por el gobierno de turno hace cambiar las perspectivas.
Vacío existencial y crítica social
La película es una de las grandes apuestas de la comedia romántica del año. A pesar de que el hilo conductor es esa mezcla de romance clásico envuelta en un escenario muy moderno, el filme contiene dos debates sociales y humanísticos que harán pensar al espectador, y ahí reside parte de su encanto.
El principal es ese vacío existencial que no entiende de edades, donde todos buscamos evitar la soledad. La pareja protagonista, que refleja muy bien el paradigma actual de las relaciones, busca —sin éxito— un compañero de vida. Sin embargo, el frenesí de la vida moderna, los altos estándares mentales que a veces funcionan como freno o, por qué no, el «qué dirá» la gente, hacen que llegar a conocer a alguien profundamente sea misión imposible en nuestra era de relaciones en la nube y de impersonales redes sociales.
La profunda sexualización de muchos aspectos amorosos también está bien tratada en la cinta. Podemos comprobarlo en los diferentes personajes secundarios que acompañan a los protagonistas a lo largo de la «loca» noche, los cuales les harán —y nos harán a nosotros— titubear sobre si, a veces, el amor de verdad es inalcanzable y está conformado únicamente por relaciones banales.
Por otra parte, el segundo gran debate planteado en el filme es la crítica política. Enmascarado en un polémico decreto gubernamental, el director pone el punto de mira en unos gobiernos actuales donde la libertad personal es claramente recortada cada vez más, aunque parezca hacerse de manera sutil por el bien común.
Y es que, si bien la noche de libertad sexual para los solteros parece ser una vía de escape y desmadre embriagador, no deja de ocultar que el resto del año están vigilados y coartados. Una noche al año cuenta con un guion ágil y fresco, muy bien dirigido al público joven actual, consumidor de contenido rápido de redes sociales.
Presenta diálogos frenéticos, escenas que se suceden una a otra casi intercalándose y un humor ácido y directo, pero que guarda sutilmente la compostura para no caer en lo soez.
Las localizaciones neoyorquinas dan ese aspecto cosmopolita a la cinta y agilizan aún más la acción, trasladándola a diferentes y dispares lugares de la ciudad de los rascacielos. Cuenta con una buena fotografía que juega a favor de la trama y nos muestra esas localizaciones desde diferentes planos, jugando con la luz, la noche y el día, y realzando a los actores y actrices, que lucen arrebatadores para esa frenética búsqueda nocturna.

Por su parte, la pareja protagonista transmite una química cómplice y hace muy creíbles las, a veces, hilarantes situaciones a las que son sometidos. Asimismo, la banda sonora que acompaña la acción está cuidadosamente elegida y presenta numerosos temas muy actuales, que combinan de manera maravillosa y dinámica con la trama.
A pesar de sus virtudes, el filme no tiene la consistencia argumental para haber destacado más. Quizás el esfuerzo por adaptarse a un público más joven, acorde a estos tiempos, envuelve el tono final de la comedia en un guion flojo, que no termina de explorar los temas con el rigor y profundidad que podría haber hecho, y adolece en muchas ocasiones de situaciones muy banales, diálogos infantilizados y resoluciones escénicas apresuradas y predecibles.
En conclusión, se trata de una clásica comedia romántica «retocada» para adaptarse a estos tiempos de tanta incertidumbre, donde las relaciones humanas pasan por horas bajas, pero con un enfoque optimista que otorga a la propuesta un valor añadido.
En líneas generales, y a pesar de esos aspectos más flojos de la propuesta, hay que decir que es entretenida. Tiene gags infantiles, sí, pero muy divertidos; una banda sonora actual y disfrutable; y ese trasfondo ácido y crítico con el que, si sabemos discernirlo, no solo saldremos del cine con una sonrisa, sino también con un buen debate posterior.
Escribe José María Morán | Fotos Universal Pictures