Hermanas de sangre
Hollywood lo tiene bastante claro: por cada saga que funciona de manera correcta en taquilla y les reporta cuantiosos beneficios económicos surgen en poco tiempo mil y un sucedáneos que intentan, de manera más o menos fructuosa, continuar acumulando réditos hasta que la fórmula se agota en su repetición y el público (normalmente adolescentes sin más objetivo que pasar un rato entretenido sin muchas cavilaciones) acaba por darle la espalda.
Es lo que ha ocurrido con Crepúsculo, enorme exitazo que ha dado pie a que lleguen hasta nosotros otros títulos similares en el último lustro tales como Divergente, Memorias de un zombie adolescente, El circo de los extraños, Abraham Lincoln: Cazador de vampiros, Lesbian Vampire Killers… y por supuesto Cazadores de sombras, Los juegos del hambre y esta Vampire Academy que ahora nos ocupa.
Normalmente son propuestas basadas en novelas que ya han conocido el éxito de ventas, pero en la actualidad ya no sabemos si se escriben más libros sobre el tema para que se facture rápidamente la (o las) película de rigor o si realmente el olfato de los mandamases de la industria sigue descubriendo filones donde parecía que no los había.
Rose y Lissa son como la mayoría de chicas adolescentes, les gustan los chicos, ir de compras al centro comercial y se sienten incomprendidas. Pero hay una gran diferencia entre ellas y el resto: son vampiresas. Lissa es una princesa perteneciente a la línea de sangre Moroi, mientras Rose es la guardiana encargada de protegerla. Tras escapar de la Academia St. Vladimir, las mejores amigas son capturadas y forzadas a volver a la escuela, donde Rose queda bajo la estricta supervisión de su estoico mentor, Dmitri.
Semejante argumento ya daría para salir corriendo del cine, habida cuenta que las primeras escenas son para sonrojar al menos vergonzante. Con efectos especiales del baratillo y unas coreografías y diálogos dignos de primer curso de academia de baile y de guión la cosa parece que va a pintar bastante mal.
Además, la exposición inaugural, en la que aprendemos que existen tres tipos de vampiros: los strigoi (los vampiros más peligrosos, muertos vivientes inmortales que salen de noche a capturar y matar a sus víctimas), los moroi (vampiros que pueden o no pertenecer a la realeza mortales y pacíficos) y los dhampir (medio vampiros, medio humanos, son más fuertes que los moroi y su misión es protegerlos de cualquier peligro), se prolonga en demasía.
Pero resulta que poco a poco y a base de ir desmontando tópico este producto de consumo rápido puede llegar a resultar hasta simpático.
El director del film, Mark Waters, conocido por títulos como Las crónicas de Spiderwick, Chicas malas o Los fantasmas de mis exnovias, tiñe de violencia y sangre de pega un argumento tan rocambolesco como decididamente pulp (aunque también hay que reconocerle cierta valentía a la hora de apuntar a modo de trazo ansiedades juveniles tan importantes como lo son el acoso escolar, la atracción sexual homoerótica o la autodestrucción).
Los momentos de humor funcionan a las mil maravillas y los que no lo son parece que lo sean, así que lo mejor es no tomarse nada en serio y disfrutar durante poco más de hora y media de vampiros, brujas, reinas, hechizos de amor, perros gigantescos y hasta una panda de guaperas que nos quieren hacer creer que son actores.
Y es que nombres como los de Zoey Dutch, Lucy Fry, Danila Kozlovsky, Dominic Sherwood, Claire Foy, Dominique Tipper o Sarah Hyland seguro que no nos suenan de nada, y van a tener que demostrar de ahora en adelante mucho más si es que quieren hacerse un hueco en el siempre competitivo star-system hollywoodiense. A su lado se ha intentado colocar a algunos actores de trayectoria contrastada, como Olga Kurylenko o Gabriel Byrne, con el objetivo de que el resultado final luzca un poco más, aunque con seguridad han toreado en mejores plazas.

La película pierde todas sus marcas en cuanto su argumento acusa cierto desgaste. Ni arranca carcajadas (aunque sí alguna sonrisa que otra), ni llega a asustar en ningún momento (aunque los personajes vayan lo suficientemente maquillados y demacrados para asquearnos), quedándose en tierra de nadie. Los personajes nunca se sienten reales, y los efectos especiales no son para nada convincentes.
Montaje vertiginoso, acontecimientos que se acumulan sin la pausa necesaria para que entendamos que narices sucede y mil y un guiños a las películas de Harry Potter, de las que se extrae más de una idea, conforman un conjunto que se olvida en cuanto uno sale del cine. Y es que los conflictos de los protagonistas acaban por importar bien poco. Para colmo de males, el momento final, que aquí no desvelaremos, sirve de augurio de que vamos a ir de mal en peor.
Vampyre Academy se basa en el primer libro de la serie de best-sellers del New York Times de Richelle Mead sobre Rose Hathaway y Lissa Dragomir, dos chicas adolescentes que asisten a la Academia St. Vladimir, un internado secreto para los moroi (vampiros mortales y pacíficos) y los dhampir (guardianes medio vampiros, medio humanos de los moroi). Hasta la fecha, ya se han publicado siete libros de la colección, así que no nos extrañaría que se siguieran produciendo películas de la saga, aunque mucho nos tememos que dada la poca calidad técnica del original puede que vayan destinadas directamente al mercado del DVD.
Desde aquí recomendamos encarecidamente recuperar el documental filmado para la NBC por la autora de la novela en la que se basa el film, titulado Why We (Heart) Vampires, una colección de divertidas entrevistas acompañadas de clips donde se muestra cómo ha tratado la televisión y el cine al mundo vampírico.
En definitiva, un film sin pretensiones que no molesta pero que no pasa de ser un mero entretenimiento veraniego. Las diversas tramas se pierden en su propio desmadre folletinesco y las actuaciones y los efectos especiales dejan bastante que desear. El director del film, Mark Waters, ha anunciado hace tan sólo unos días que se hará cargo de la adaptación en pantalla grande de la popular serie Sabrina, la bruja adolescente (Sabrina The Teenage Witch), que aquí se pudo ver durante varias temporadas en las sobremesas de Antena 3.
Escribe Francisco Nieto
