El valor de la radio en la Primavera de Praga

Como he escuchado decir a Antonio Escohotado y otros pensadores contemporáneos: «¿Por qué no nos hablaron de esto en la escuela o en el instituto?». Efectivamente, hay mucho visto y escrito y llevado a la pantalla sobre el mayo del 68 en París: «La inteligencia al poder» y todo eso; sobre el terror nazi, por supuesto; sobre dictaduras como las de Chile, Uganda, Argentina, etc., y también de la franquista. Pero hay poco sobre aquellas sociedades, sobre aquellos países denominados del «telón de acero» que, hartos del yugo soviético estalinista, quisieron hacer su revolución y manifestar su ansia de libertad.
Esta cinta (Vlny – Ondas) está ambientada en los turbulentos años 60 de la radio checoslovaca. La historia se centra en un grupo de periodistas valientes que lo arriesgaron todo para proporcionar noticias independientes, en medio de la censura del estado y el implacable acoso de la policía secreta.
Esta película fue ganadora del premio del Público en el 28 Festival de Karlovy Vary, 2024 (Checoslovaquia); así mismo, fue considerada la mejor película internacional en el 29 Satelite Awards (International Press Academy): Los Angeles.
Sobre aquellos acontecimientos
El filme aborda el tiempo en el cual una nueva energía fluyó en Checoslovaquia tras la llegada de Alexander Dubček como líder en 1968, un político checoslovaco conocido por su intento de reformar el sistema comunista de la República Socialista Checoslovaca. Impulsó reformas que ampliaron la libertad de expresión, la protección de los derechos de prensa, y programas económicos que priorizaban a la clase trabajadora sin alterar radicalmente el marco comunista del país. O sea, que ni siquiera era rupturista, era un moderado dentro del sistema.
Dubček lideró un proceso que se conoció como «Socialismo de rostro humano», y aceleró la liberalización cultural y económica. Pero prontamente se le vinieron encima los conservadores del PC que se beneficiaban del estalinismo. Además, el vecino bloque soviético temía el contagio, la subversión occidental y la pérdida de poder institucional.
Jugaron su papel los intereses-URSS y el KGB, informes falsos y la preocupación creciente entre los dirigentes reaccionarios sobre un Dubček que, pensaban, no era capaz de mantener el control del país.
La conclusión fue que Checoslovaquia fue invadida por tropas del Pacto de Varsovia comandadas por los soviéticos. Corría la noche del 20 al 21 de agosto de 1968. Se pretendía un golpe de mano de las fuerzas conservadoras. Pero ese golpe no se materializó por falta de liderazgo de la URSS y la extraordinaria popularidad de Dubček y de los líderes reformistas.
La intervención soviética dio paso, así, a un periodo de maniobras entre conservadores y reformistas que finalmente supuso un cambio en el equilibrio de poder, revirtiendo las reformas de la Primavera de Praga.
Dubček dimitió como jefe del partido en 1969, sucediéndole Gustáv Husák, viejo reformista víctima del estalinismo. Así vino la «normalización». Dubček fue expulsado del PC en 1970, en medio de una purga que finiquitó a dos tercios de los miembros del partido de 1968. La era de jóvenes post-Stalin, junto con muchos expertos técnicos y gestores fueron quitados de circulación.
Ya en 1989, durante la Revolución de Terciopelo, Dubček fue presidente del Parlamento Federal Checoslovaco, compitiendo por la presidencia con Václav Havel. Tras recibir el premio Sájarov, Dubček se retiró de la alta política, habiendo servido de inspiración al denominado eurocomunismo.
La historia en el filme
Durante esos pocos meses de 1968 que duró la primavera checoslovaca, el aire coloreado y renacido de Praga inundaba las calles, bares y establecimientos, había la sensación de que el ambiente estaba cargado de esperanza. Así lo ve el director y guionista Jiří Mádl, que da vida a esta época en su película, y lo hace de manera convincente y meritoria.
La cámara sigue al comprometido equipo de la Radio Checoslovaca, un grupo de periodistas y técnicos, con escasos recursos, en primera línea de la lucha contra la censura.
Los presentadores exclaman por las ondas: «¡Estamos con ustedes! ¡Apóyennos!», a estudiantes que se manifiestan por las calles, hasta a gente común reunida en la iglesia, que rezan y también escuchan el transistor portátil del sacerdote.
El héroe del momento es Alexander Dubček, nuevo presidente del país, quien, ascendiendo en las filas del Partido Comunista, luchó por la liberalización política y social.
Está, claro, el estallido de rebelión juvenil, los jóvenes saltan a la palestra en Checoslovaquia y en todo el mundo. Mádl pinta el retrato de una generación para la cual la libertad política estaba vinculada a la liberación sexual, la nueva música roquera, la diversión y la alegría frente a tanto mensaje mustio y gris.

El relato
La película explora las inquietudes de ese tiempo a través de la historia de dos hermanos que intentan sobrevivir tras la muerte accidental de sus padres. Tomáš, un joven políticamente distante, quien tutela a su hermano adolescente, Paja.
Viven pobremente, Tomáš apenas tiene en su alhacena que un trozo de pan mohoso y una comida de subsistencia. Además, teme que los representantes de los servicios sociales de protección infantil puedan separarlo de su hermano.
Paja no es consciente del poder del estado y pretende una revolución; participa en reuniones y manifestaciones clandestinas con otros activistas estudiantiles, todos luchan por la libertad de expresión, inspirados en el trabajo de Weiner en la radio.
Nuestro director Mádal comienza con una exposición de los intereses dispares de los hermanos y, en el montaje, introduce una tensión interesante que mantiene a lo largo de todo el metraje con inteligencia y tensión.
Hay alternancia de escenas de manifestantes, con Paja entre ellos, defendiéndose de la policía, escenas de violencia y temor por la integridad del joven. Hay también escenas tranquilas y domésticas como cuando Tomáš tuesta pan o prepara algún alimento para compartir con su hermano, mientras habla con él.
En una de esas Paja, contento, le cuenta a Tomáš que hay una plaza libre en el programa de radio de Weiner y que habrá una audición de prueba para ocupar el puesto. Aunque Tomáš le prohíbe que vaya, resulta ser que ambos hermanos terminan presentándose a la prueba y, en un giro irónico, Tomáš consigue el trabajo.
A partir de este punto, Mádl utiliza varios saltos temporales a modo de impulso para reflejar el cambio político y cómo los sucesos se precipitan de lado de una libertad que se percibe peligrosa. Tomáš, animado por su actual jefe, acepta el trabajo de técnico en la emisora de Weiner.
Una vez en el equipo de esforzados reporteros, Tomáš se inicia en el oficio de recopilar noticias, información y se interioriza de los métodos radiofónicos. Por lo que empieza a apreciar el valor de la lucha de Weiner y sus camaradas. Se hace amigo de ellos y se involucra íntimamente con Vera, una traductora a la que todos consideran fría.
Cuando Tomáš empieza a integrarse en su nueva vida, su antiguo jefe le pide que se convierta en informante, un cometido de riesgo. Acepta a regañadientes, y la actuación de Vodochodský es brillante en estos momentos en los que Tomáš está en un territorio ético turbio. Refleja el actor la enorme sensación de dolor y desasosiego, mientras su personaje sopesa el dolor de delatar a sus colegas y la angustia de perder a su hermano.
Por momentos, el libreto de Mádl se olvida de los hermanos para centrarse en tramas secundarias (asuntos de oficina y politiqueos). Pero finalmente, ambos hermanos reaparecen con sus respectivas inclinaciones políticas, lo cual afecta a su relación, pero nunca a su sentido amor fraterno.
Este filme destaca bastante en el uso que Mádl hace del material de archivo, que es una parte importante de la obra. Hay pequeños vídeos de la invasión militar y otros a lo largo de la película. Incluso sucede que a veces se hace difícil distinguir la película de ficción con la realidad documentada.
Vídeos de archivo, como decía, junto con las imágenes granuladas de la fotógrafa esteticista de Martin Ziaran y la música de Simon Goff (con éxitos musicales checoslovacos de los años 60), colaboran al efecto de tensión y miedo que late tras las revueltas.
El filme se despliega presuroso, dinámico y acierta a conectar a los espectadores con un pasado real, facilitándoles la historia y las escenas para entender cabalmente la necesidad de proteger a este tipo de periodismo como un acto de confianza en el futuro.
Decir que, aunque los protagonistas son los hermanos, los verdaderos héroes son el equipo editorial de la radio y cuantos no dudaron en defender la libertad de expresión con riesgo para sus propias carreras e incluso de sus vidas.

Dirección y reparto
Mádl, en este su tercer largo, con este drama histórico sobre las historias desconocidas de los periodistas de la Radio Checoslovaca ha conseguido una cinta que tiene atractivo internacional. La película sigue el modelo de los dramas de época locales ambientados en la era comunista, obras que representan una lucha por la supervivencia contra el poderoso sistema y el poderío militar URSS del momento. Recuerdo que el poder militar era lo único que servía de presión a Rusia, a falta de otro poder como el económico o cultural, más propio de EE. UU.
Mádl hace una historia y reconstruye personalidades de la vida real del tiempo, sobre todo relacionados con la radio, que para la mayoría de nosotros son perfectos desconocidos (Milan Weiner, Věra Šťovíčková, etc.). El director hace uso de una estructura narrativa al estilo hollywoodiense y fue candidata a los Oscar a mejor película extranjera tras su exitoso estreno en la República Checa, que superó los 350.000 espectadores.
En el reparto participan actores de primera línea, aunque igualmente desconocidos para nosotros, como Vojtech Vodochodský, en un rol lleno de matices dramáticos como el hermano mayor Tomáš, inicialmente tibio y posteriormente comprometido con los nuevos aires políticos. Ondřej Stupka, muy afinado en su rol del idealista y animoso Paja. Stanislav Majer hace una actuación estupenda como Weiner, el activista que lidera el movimiento en la radio checa. Tatiana Pauhofová muy bien como traductora en la emisora e ilusionada (enamorada) compañera de Tomáš. Acompañados por un elenco de enorme nivel con Martin Hofmann, Petr Lnonicka, Marica Soposká, Tomas Mastalir, Igor Bares o Vojtech Kotek. Un trabajo coral de primer nivel.
Filme que combina drama personal y thriller político (excesivamente canónico, demasiado ortodoxo), centrado en el conflicto que surge entre la lealtad personal, el deber profesional y la lucha por la emancipación. Combina elementos de transición a la edad adulta, una subtrama romántica, melodrama de época e intriga política.
Mádl emplea un ritmo narrativo palpitante, con giros argumentales que hacen que el metraje resulte atractivo. El capítulo histórico de la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia tiene su interés, seguro, para muchos espectadores desconocedores de los hechos. Al entrelazar dramas personales con dificultades políticas, Mádl garantiza que la película conecte con un público internacional, especialmente con la generación joven, a la vez que preserva la esencia de la historia local.

Por concluir
Ante todo, es una hermosa película que sale en defensa de un medio al que tanto le debe la humanidad: la radio, uno de los mejores medios de comunicación ideados por el hombre, muy cercano y fidedigno.
Es también un homenaje justo y muy merecido al valiente pueblo checoslovaco que se levantó contra un adversario peligroso y que logró que sus propios políticos avanzaran en unas propuestas políticas más humanas y libres.
Película histórica escrita y dirigida por J. Mádll que alcanza sus momentos cumbre cuando entra de lleno en las revueltas en Praga. En lo relativo a la historia introduce la ficción de los dos hermanos, Tomáš y Paja, documentando muy bien los esfuerzos por mantener la emisión de noticias radiadas. El tiempo en que los rusos invaden las calles de Praga, creando el desconcierto y ocasionando muchas víctimas.
Acierta igualmente cuando muestra el liderazgo de Weiner, que sabe actuar sabiamente a la vez que, de forma contundente, para informar de los abusos del comunismo estalinista.
La cinta crea la atmósfera de sospecha generalizada en aquel contexto, al punto de que un compañero de trabajo puede ser un informador del régimen, movido a ello por el chantaje para que dé información de cuanto ocurre en el entorno de la radio, con la amenaza de penalidades insospechadas.
Es una obra que sube la nota por el magisterio con el cual introduce imágenes reales de lo ocurrido (los soldados y los carros de combate entrando por las calles) fundiéndolas con el relato, de forma que en diversos pasajes no sabemos si son imágenes de recreadas o de archivo.
Muy adecuada la inclusión de canciones prohibidas llegadas de occidente e igual el tono apagado en los colores de la fotografía, lo que da una mayor sensación de verismo.
Son convencionales la historia de los hermanos o la parte romántica de Tomáš con su compañera de trabajo Vera, pero viene bien para introducir humanidad a la historia.
Hay una épica de la resistencia en aras a la libertad y un subrayado para la figura clave de aquel episodio, Weiner, incluyendo el tumor cerebral que le detectan, que es alegoría del tumor que en la sociedad checoslovaca representa el comunismo.
No puedo evitar puntualizar que el libreto de Jiri Mádl tiene un exceso de tópicos que quedan expuestos en forma tan previsible, que resta algo de emoción a la cinta. Con unas trazas más estudiadas y con esta historia que acabó haciendo saltar por los aires aquel anhelo de libertad, el filme habría podido ser mucho más epatante.
Escribe Enrique Fernández Lópiz | Fotos Filmin