WALL STREET, EL DINERO NUNCA DUERME (2)

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Los tiburones tampoco

Wall Street, el dinero nunca duerme, de Oliver StoneCon los años, Oliver Stone parece haber ganado en oficio todo lo que ha perdido en inventiva y mala baba.

Es cierto que sus películas ya no suelen concluir apresuradamente y no abundan los tropiezos en el montaje que rompen el ritmo de la historia que quiere contar, pero en contrapartida, su utilización de las metáforas y los recursos narrativos se ha banalizado en extremo: mientras en Wall street (1987) sugería sutilmente la naturaleza depredadora de los escualos sentando al protagonista frente a un steak tartar en un restaurante de lujo, ahora recurre a pompas de jabón y fichas de dominó para ejemplificar las burbujas especulativas y sus consecuencias inevitables en un mundo globalizado. Una caracterización mucho más “blanca” y políticamente correcta de lo que podríamos esperar del autor de Platoon o JFK.

De la misma manera, se esfuerza en esta secuela por componer un relato que anteponga el didactismo a la cruda exposición de las ideas y maniobras de los especuladores, aunque el resultado se nos antoje un tanto impostado; así como los discursos de Gekko (Michael Douglas) en la original Wall street tienen un carácter subversivo y merecen un lugar en la microhistoria monologuista del cine, por su descaro y provocadora sinceridad, sus explicaciones sobre la crisis ninja y la burbuja de los tulipanes apenas pueden incluirse dentro de la categoría de anécdotas curiosas o documentales de sobremesa.

Si a ello añadimos que ha decidido edulcorar la secuela con historias de amor sincero, tan alejado de las relaciones interesadas y casi prostituidas de su predecesora, hemos de concluir que Stone ya no es tan fiero como pintaba, que se le ha acomodado el pulso en historias mucho más convencionales y que para colmo, ha acabado vendiéndose al capital.

¿Cómo es eso? ¿Acaso no pretende Wall street erigirse en crítica al actual sistema financiero? Podría ser, pero nos resulta muy difícil creer que una película en la que los protagonistas no dudan en consumir marcas comerciales frente a la cámara no se halle en gran parte financiada por las multinacionales que las sustentan.

Wall Street, el dinero nunca duerme, de Oliver Stone

Por otro lado, su antaño ácida crítica al sistema capitalista, proclamando la ingenuidad de todos aquellos que creyeran que vivíamos en una democracia, se ha suavizado hasta el punto en que nos encontramos con chicos de Wall street preocupados por la ecología, grandes jefes de todo el cotarro que asumen sus culpas y actúan en consecuencia y, por si fuera poco, una subrepticia, pero presente, defensa de la administración Bush como no enteramente responsable de la crisis de las subprime.

Nada tendría de extraño para un analista serio, puesto que efectivamente en esta crisis se han conjuntado enormes dosis de irresponsabilidad por parte tanto de los especuladores como de los consumidores (extremo que también se apunta), pero lo que resulta chocante en una película sin aspiraciones de análisis profundo es que se deje caer esa afirmación sin más, dando lugar a una poco matizada defensa del energúmeno cuya administración bajó tantísimo los tipos de interés y los impuestos a los ricos precisamente para estimular una economía basada en el hiperconsumo. Lo que sin duda no constituye el único elemento de la crisis, pero sí su base más firme.

Extraña de un director que ha dirigido una diatriba al susodicho, por medio de su poco conocida W (Con Josh Brolin como protagonista) que ahora se alinee entre sus tímidos defensores, lo que nos hace pensar que o bien ha sido una intromisión de la productora o bien Stone se siente demasiado atraído por los líderes belicosos y personalistas (Alejandro Magno, Castro y Bush jr.) como para no dejarles un lugar en su corazoncito.

Por si fuera poco, Stone incluye una subrepticia, pero presente, defensa de la administración Bush como no enteramente responsable de la crisis de las subprime

Dejando a un lado los entresijos políticos, no todo han de ser varapalos para una película que puede verse con moderado interés, que muestra los chanchullos habidos y por haber en el imperio monetario global, y que cuenta con la siempre atractiva presencia de ese personaje tan ambiguo, amado y odiado a un tiempo, que es el Gordon Gekko interpretado por Michael Douglas.

Gekko es un sociópata (casi podría decirse que psicópata) megalómano, egocéntrico y ambicioso, que predica con el ejemplo y que aquí se muestra como moderadamente arrepentido de sus crímenes anteriores, aunque siempre dando la sensación de que en cualquier momento puede volver a las andadas. Fue tal la honda huella que su interpretación anterior dejó en el inconsciente de los espectadores, que ahora uno siempre acaba por desconfiar de sus buenas intenciones.

Un personaje que, si bien reducido en esta secuela, llena la pantalla con su enigmática presencia cada vez que aparece. Stone se permite ser cruel con él en determinados momentos, al mostrar su inadaptación al mundo real cuando aún cree que puede ser reconocido por peces gordos de las finanzas que se encuentra por los restaurantes, o cuando se enfrenta a su antigua Némesis Bud Fox, el joven que lo delató, ahora sí (en uno de los mejores guiños del film, sólo superado por el del teléfono móvil del principio) convertido en un bon vivant merced a negocios poco éticos relacionados con su vida anterior.

Por si fuera poco, Stone incluye una subrepticia, pero presente, defensa de la administración Bush como no enteramente responsable de la crisis de las subprime

Pero ni siquiera Stone puede (o quiere) sustraerse al magnetismo de Gekko, el ave fénix de los negocios, triunfador y superviviente por naturaleza, exquisita y sutilmente vengativo, que acaba por hacer lo que se espera de él: comerse con patatas el mundo y de paso devorar a los jóvenes actores que le dan la réplica, sin menospreciar de todos modos a un Shia Labeouf que por primera vez hace un film no rematadamente malo.   

Dos largas horas de entretenimiento no demasiado enjundioso, pero tampoco trivial, que podrían haber sido mejor dibujados por un menos complaciente Stone, aunque quizá cabe imputar en su haber, que contar con estrellas de la talla de Michael Douglas sale ahora bastante más caro que hace veinte años: quizá han sido las necesidades financieras las que han diluido las expectativas, como sucede con todo en estos mundos de Don Dinero.

Escribe: Ángel Vallejo

 Título  Wall Street: El dinero nunca duerme
 Título original  Wall Street: Money never sleeps
 Director  Oliver Stone
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  145 minutos
 Guión  Allan Loeb
 Fotografía  Rodrigo Prieto
 Distribución  20th Century Fox
 Intérpretes  Michael Douglas, Carey Mulligan, Shia LaBeouf, Charlie Sheen, Josh Brolin, Susan Sarandon, Martin Sheen, Frank Langella, Vanessa Ferlito, Natalie Morales
 Fecha estreno  08/10/2010
 Página web  www.wallstreetmoneyneversleeps.com