Wicked, parte II (2)

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La celebración del musical de masas

En la reseña que un servidor hizo de la primera parte del filme que hoy nos atañe se hablaba de cómo la historia del Mago de Oz había sido reinventada.

Primero, en novela; o mejor aún, en serie novelada. Después, sirvió de inspiración divina para la creación de un musical exitoso y muy longevo. Musical que es la base del díptico que analizamos aquí, como ya todos sabemos a estas alturas. Una vez vista la segunda parte de la aventura podemos concluir que la decisión de no adaptar el musical completo en una cinta única, sino en dos películas separadas es, a todas luces, una decisión acertada.

Porque el musical dura casi tres horas, amén de tener un entreacto que divide la historia en dos mitades, como casi todos los que se exhiben en los mejores teatros de las capitales del mundo. Los filmes se han basado en cada una de estas mitades de la obra para adaptar la peripecia a la gran pantalla.

De este modo, lo que se ha logrado es que la historia quede mucho mejor explicada sin caer en ningún caso en momentos de relleno, así como apelar también al sentido más espectacular del cine musical. Porque no olvidemos que este es un musical de tono familiar, de fantasía y ensoñación, orientado al público de masas.

Jon M. Chu, el que lleva la batuta en todo este gran proyecto, era consciente de que el gran atractivo de la obra musical eran sus dos personajes femeninos principales y sus canciones, pero ¡ay!, todos los que hemos visto el musical original sabemos que los mejores temas, los memorables, residen en la primera mitad del musical, antes del entreacto.

En el terreno cinematográfico, este entreacto ha durado un año exacto, por lo que las mentes pensantes detrás del proyecto eran plenamente conscientes de que algo se debía hacer para suplir la carencia de canciones poderosas de la que hace gala la segunda mitad de la historia.

Además, si la primera parte podía tener el humor de los años de aprendizaje y devenir de las dos protagonistas, ahora todo el desarrollo de acontecimientos se ennegrece para dejar aflorar la vertiente más agridulce de la historia. Por lo que se apuesta por su lado más humano, por la emoción genuina.

Respetar el original

Chu parece tenerlo claro: otorga aún más peso y protagonismo absoluto a su trío estelar mientras sigue demostrando su ingenio para la puesta en escena. Mediante el uso de toda una cascada de primerísimos primeros planos —que, dicho sea de paso, no estaban en la primera parte—, Chu hace que recaiga todo el peso emocional en las actuaciones de sus intérpretes, a sabiendas de que su apuesta saldrá vencedora.

No en vano, ya sabemos que Cynthia Erivo, Ariana Grande y Jonathan Bailey han demostrado con creces sus dotes interpretativas. Todo el peso de la cinta cae sobre este triángulo perfecto porque son ellos por los que merece bien la pena pasar por caja y acudir al cine a ver la obra.

Bien es cierto que Wicked, parte II tiene más o menos los mismos errores y aciertos de la primera parte. Sus virtudes técnicas son muchas, su despliegue visual sigue siendo apabullante y sus desatinos narrativos no son tantos, pero ahí están.

Curiosamente, y aunque la cinta dure unas dos horas y cuarto, las tramas parecen estar planteadas de forma apresurada. Parece que no hay respiro para la narrativa ordenada de los acontecimientos y todo lo que vemos se narra de manera atropellada. Es cierto que el segundo acto del musical original ya tenía esta debilidad, pero estaba narrado en una hora, y es curioso que, teniendo dos horas y cuarto de recorrido, la cinta produzca este efecto.

Curiosamente, y aunque la cinta dure unas dos horas y cuarto, las tramas parecen estar planteadas de forma apresurada

Pero Chu y el equipo de mentes pensantes ha apostado por ser absolutamente fieles al musical seminal. Quizás alguna secuencia añadida creada especialmente para la película que hubiera ayudado a elongar la evolución de sus dramatis personae hubiera funcionado bien.

Este respeto por el espectáculo original sobre las tablas se ve explícito incluso en la representación de Dorothy. Dicho de otro modo, se ha optado por no arriesgar y por hacer una traslación fidedigna al musical que ha robado los corazones de medio mundo. Porque, eso sí, preparen un paquete de kleenex antes de ir a la sala de proyecciones.

Por lo demás, Wicked, sea ya en su primera parte o en su segunda, demuestra que lo que ha sabido hacer con astucia y buen pulso es la recuperación del musical de fantasía clásico, del súper espectáculo y de un producto más que correcto de cine de palomitas con mensaje incluido.

Porque, para quien lo dudaba, sí, Wicked también puede ser leída como una alegoría política sobre el abuso de poder y la corrupción, o sobre la fuerza de la verdad y la bondad. Aunque se trate de un mensaje simplificado y un tanto infantilizado, lo cierto es que la cinta también funciona como película de contenido más allá de sus números de baile.

Así las cosas, sólo queda disfrutar la propuesta y dejarse llevar al país de Oz, a dejar que el carisma de Erivo nos llegue al corazón, a deleitarnos con la perfecta bobería de Grande y a comprobar cómo todos podemos ser mejores personas si nos lo proponemos. Que sí, que suena todo muy cursi, pero de esto y mucho más trata Wicked, así que volvamos a nuestra edad del pavo para poder disfrutarla.

Escribe Ferran Ramírez

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