YO SERVÍ AL REY DE INGLATERRA (2)

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Título original: Obsluhoval jsem anglického krále
País, año: República Checa y República Eslovaca, 2006
Dirección: Jiri Menzel
Producción: Rudolf Biermann
Guión: Jiri Menzel, basado en la novela de Bohumil Hrabal
Fotografía: Jaromír Šofr
Música: Aleš Brezina
Montaje: Jirí Brožek
Intérpretes:

Ivan Barnev (Jan Díte, joven), Oldrich Kaiser (Jan Díte, viejo), Julia Jentsch (Lisa), Martin Huba (Skrivánek), Marián Labuda (Walden), Milan Lasica (profesor), Josef Abrhám (Brandejs), Jirí Lábus (director del hotel), Jaromír Dulava (Karel)

Duración: 118 minutos
Distribuidora: Wanda films
Estreno: 18 julio 2008
Página web: 

http://www.anglickykral.cz


Toda una vida
Escribe Mister Arkadin

jiri_menzel.jpgNueva película de Jiri Menzel. Nueva repetición de esquemas narrativos tomados de su novelista favorito, Bohumil Hrabal, que, entre otros títulos, fue la fuente de inspiración de la afamada Trenes rigurosamente vigilados, filme que se vio recompensado con el Oscar a la mejor película extranjera. Era entonces (durante los años sesenta y comienzos de los setenta) cuando el cine checoslovaco (Chequia y Eslovenia formaban un único país), al igual que ocurría con otros cines de los países del Este europeo, se apuntaba a la trangresión de gran parte del cine joven comandada por la Nouvelle vague francesa. 

Después de su oscarizada película, muy de tarde en tarde, nos han llegado otras películas de Menzel pero ninguna alcanzó la calidad de aquella.

Menzel, que comenzó como actor, de tendencia chaplinesca o felliniana, sigue en la actualidad realizando en Chequia un cine fiel a sus primerizas obras. Imaginativos, con cierto aire onírico, desde la ironía satírica sus filmes miran (más que reflexionan) hacia el pasado representado por juguetonas imágenes impregnadas de homenaje al humorístico cine mudo y arrulladas por los cánticos de una libertaria sensualidad.

Todo por dinero

yoservialrey1.jpgEn su último filme, Menzel trata de recorrer (casi) en su totalidad la vida de un personaje empeñado en triunfar. El dinero y las mujeres son sus únicas miras. Intenta alcanzar la gloria, resumida desde una posición de segundón, ascendiendo en la escala social de servidor servil sin que, en definitiva, pueda llegar a alcanzar su objetivo.

Un personaje que se deja querer, desde su posición de pasividad ante los acontecimientos que dibujan la historia de su país durante el siglo XX. A nuestro protagonista le importa el fin buscado, nunca el mundo que le rodea y cambia constantemente. Sin ideología alguna, sin dignidad siquiera, su personaje viene significado por los variados rostros que devuelven su imagen en diferentes espejos, en uno de los planos cercanos al final: un instante que era realmente el cierre de este relato innecesariamente alargado. Lo que continúa no aporta nada al desarrollo del filme al incidir por enésima vez sobre las misma propuestas.  

Nuestro hombre desea ascender a las alturas para adquirir riqueza, bienestar, felicidad. Dinero y mujeres, mujeres y dinero. Toda su falta de pudor, de descarada (y falsa) inocencia lo lleva, incluso, a servir al nazismo al casarse con una nazi. Y es que a este personaje lo mismo le da servir a cualquiera (persona, entidad o partido político) si eso le conduce a su objetivo. Que naturalmente nunca alcanzará.

Su primigenia y bobalicona simplicidad, emboscada en un apoliticismo de pacotilla, le lleva a ser criado de unos u otros, papel que asume de forma disciplinada. Se pueden decir de él muchas cosas, pero nunca que represente a un rebelde. El azar le conduce por uno u otro camino sin que él realmente haga nada para evitarlo. Se deja llevar por el destino. Ejemplar, por ello, podría ser el episodio referido al banquete del Rey de un país africano. Sin que él sepa la razón (luego explicada como un chiste) es honrado con servirle de camarero-servidor para posteriormente, dato importante, recibir de manos de aquel Rey una condecoración cuyo destinatario era, en realidad, otra persona. Una curiosa carambola como toda su vida. Aunque jamás de los jamases podrá servir al Rey de Inglaterra.

En el mismo sentido “azaroso” pueden incluirse los más bien forzados encuentros con el charlatán-vendedor que atesora dinero, y al que un día en una estación no pudo darle la vuelta del dinero del bocadillo que le vendió. Pero este personaje que aparece a lo largo del relato tiene más bien un carácter metafórico, reforzador de las opciones del protagonista. Y su aparición en el cierre del relato se muestra carente de sentido.

La historia de la Historia

yoservialrey2.jpgSensual en el disfrute de la belleza y el aposentamiento de una buena vida (naturaleza, bienestar, comida, bebida, mujeres), Yo serví al Rey de Inglaterra altera el conformismo y aceptación del protagonista con la dignidad de algún otro personaje, como el chef del restaurante, al que llega nuestro hombrecillo en su aspiración de ser considerado… profesionalmente, pero naturalmente sólo cuando eso suponga un nuevo, y prometedor, estatus social.

Es el chef un personaje interesante, tanto en su presencia (nada servil dentro del servilismo de su profesión) como en la forma de presentar su postura ideológica: se opone a hablar alemán a un cliente como enfrentamiento al imperante (y avasallador) nazismo. Dignidad también representada en el personaje del camarero “herido” en su oficio: al cometer un error en su cometido diario decide dejar su trabajo. Todo lo contrario del protagonista: un pequeño hombre (real y simbólicamente) que “pasa” por (y de) la vida.

El filme de Menzel recorre muchos años de la vida de un país que pasa de unas a otras formas de gobierno y de planteamientos ideológicos. Una manera de incidir sobre la Historia que se muestra a través de largos flash-backs relativos a los recuerdos del protagonista después de su salida de las cárceles soviéticas. Un recorrido desde un determinado presente (nada glorificador) hacia un pasado (triste en su descorazonadora alegría) que no supone más que una vuelta a las mismas posiciones anteriores: un carrusel siempre en movimiento.

yoservialrey3.jpgLa película opta por una narración por bloques, es decir, se trata de amplias secuencias explicativas del pasado, lanzadas desde el presente. Son casi episodios cerrados, enlazados desde el “destierro” del personaje al bosque al que es retirado por el gobierno. Esta parte, en sí misma y por lo que respecta a su relación con una pareja, es lo que peor funciona en el filme. El resto es mejor o peor en función del humor más o menos logrado. El problema, en cualquier caso, se encuentra en que las vueltas que da el filme no hacen sino repetir lo mismo: por momentos, parece mirarse en su propio ombligo.

Eso sí, hay secuencias brillantes y divertidas, como el homenaje, cómo no, al cine mudo en la estación ferroviaria, la visita del Rey africano, la escena de amor con la nazi con el cuadro de Hitler como testigo, el hotel para procrear niños nazis…

Pero la historia del protagonista, y eso es uno de sus mayores errores, no se conecta con la “exaltación” de sus hermosas mujeres o la belleza con la que se filman los escenarios… del pasado. Algo que no casa con aquello que se cuenta. 

Alargada en sus episodios, irregular en su conjunto, la película de Menzel tampoco sabe definir claramente al protagonista, que termina por ser un mero juguete o una idea con la que se intenta reflejarse no su historia sino la Historia. Y eso tampoco acaba por conseguirse.

Película, pues, divertida a ratos, interesante más por lo que pudo ser que por lo que realmente es, sirve para traernos, aunque no sea en su total grandeza, al director checo Jiri Menzel, alguien que aún, como a ratos muestra este filme, es capaz de despertarnos y mostrarnos historias novedosas y atrayentes. También, en parte, divertidas, repletas de belleza y de bellas mujeres: su canto a la sensualidad.

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