Entrevista a Jacob Santana a propósito de «El vestido»

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«Soy partidario de ir al cine a buscar sensaciones que no tengo en mi vida normal»

Belén Rueda regresa al cine de terror con El vestido, la película dirigida por Jacob Santana es un thriller psicológico donde lo sobrenatural se adueña de una historia en la que Alicia, que se ha mudado junto a su hija Carla a una vieja casa tras un divorcio difícil, empieza a descubrir que la casa guarda una historia oscura.

Junto a la actriz, ganadora de un premio Goya por Mar adentro, completan el reparto Elena Irureta (Quién es quién, Ocho apellidos marroquís, Patria), Belén Écija (La agencia, Caída libre) y la niña Vera Centenera.

La película es una producción de AF Films junto con Forgotten 2 Entertainment SL en asociación con E-Media Canary Project y Match Point, cuyas ventas internacionales están a cargo de Film Factory. AF Pictures distribuirá la película en España en salas de cine el 13 de febrero de 2026.

Dentro de la iniciativa de los Preestrenos del Festival Antonio Ferrandis hemos podido entrevistar a Jacob Santana, director de la película, en lo que es su segundo trabajo tras Reversión (2025), un thriller protagonizado por Jaime Lorente. Santana tiene una larga trayectoria en el cine y se ha formado con nombres de la talla como Pedro Almodóvar, Álex de la Iglesia o Julio Medem.

Lo primero que llama la atención es que frente a la tendencia actual de hacer películas extensas en cuanto a su duración temporal, en El vestido ocurre todo lo contrario.

Esta hecho aposta. No quería poner cosas tangenciales, no quería poner tramas secundarias, quería que estuviéramos con la mujer y con la niña desde el principio hasta el final. No hay un marido, la amiga no tiene nada, no hay nadie que tenga vida fuera del universo de la niña y la madre.

Al ser una película tan lineal, que no es común porque normalmente tienes más tramas, existía la posibilidad de rellenar todo eso con paja para irnos a una película de 110 ó 120 minutos, cuando realmente lo importante era eso. Quería que estuviéramos muy encima de los personajes de ellas y tampoco puedes hacer una película de dos horas así porque es agotador.

De hecho la película es un poco agotadora por el ritmo frenético que llega en la parte final y puedes acabar cansado. Me parecía que era una duración correcta y no quería llevarla a 90 minutos. Mira que lo hablábamos y me decían: “Esta un poco corta” y yo decía: “Está perfecta”.

¿En qué momento te incorporas a la película?

La idea es de Diego Ayala que nos mandó la idea a la productora y lo adaptaron. Yo trabajo en AF Films que es la productora con la que hice mi primera película y Frank Ariza es el productor que suele revisar los guiones, entonces ese guion lo adaptó hasta llegar al de la película.

Y a partir de ahí, yo estaba rodando en esos momentos Reversión. Estaban contentos con mi trabajo en la película y me dieron la siguiente película. Entré con el guion escrito y con Belén Rueda para llevar el desarrollo de la película.

Reversión es del año 2025, con la cual has encadenado proyectos, algo que tampoco es muy frecuente.

Efectivamente, seguidas. Al ser la misma productora acabé en enero Reversión y empecé a rodar El vestido en abril.

Has trabajado muchísimo en televisión, en series, donde has frecuentado todo tipo de géneros. Sin embargo en tus dos películas para cine te has centrado en el género de thriller psicológico y sobrenatural. ¿Es algo buscado? ¿Te gusta este género?

Me encanta. Cuando he dirigido series yo no he elegido nada. Te llaman de Los hombres de Paco y tú haces Los hombres de Paco. Nunca he sido el director de la serie, siempre he sido un director de un capítulo, nunca he sido el showrunner de la serie, no he sido el creador ni el director de todos los capítulos que es el que al final marca un poco el tono.

Llevo 20 años trabajando de ayudante de dirección con un montón de directores y después de 20 años creo que ya cumples con la función, ya haces bien las cosas y necesitas dar otro paso. Un paso vital donde te la juegas un poco más, donde te arriesgas.

Así empecé en las series donde hacía de coordinación de dirección a pedir dirigir un capítulo. Pero cuando ya hice unas cuantas y me planteaba el hecho de dirigir una película, de tener un poco más el control, la dirección de los actores, los decorados, el guion, sí que pensé qué es lo que a mí me gusta contar.

Y yo soy partidario de ir al cine a buscar sensaciones que no tengo en mi vida normal como por ejemplo pasar miedo. No soy una persona miedosa, no tengo miedo a ir solo, etc.  Cuando vas al cine a ver una película de terror tienes unas sensaciones que no tienes en la vida real y eso me parece que es increíble. Me gusta mucho el thriller, me gusta esas cosas que están lejos de mi vida de señor normal que va del trabajo a casa.

Con esa idea que dices de dirigir para controlar un poco más la película, ¿cómo haces para que la película tenga tu impronta?

Lo primero con las localizaciones. Buscar algo que te diferencie y que tenga una estética que tenga que ver con lo que a ti te gusta. Encontrar algo que vaya un poco más allá. Por ejemplo, el colegio que sale en la película en realidad son dos colegios. Tuve que pelearlo con el director de producción porque él quería que fuera un solo colegio porque es más barato. Pero yo quería crear un colegio que tenga un universo y que te lo creas en tu cabeza. Funciona el pasillo de uno, la clase del otro… Creo que eso es lo que hace que la película sea tuya: poder crear elementos y situaciones que no lo hubiera podido crear otra persona.

Y también el trabajo con los actores es muy importante y diferencia mucho a los directores. Cómo te encaras con los actores, cómo eres capaz de enfrentarte a un actor y llevarle a tu terreno, hay que buscar la manera de llevártelos a lo que tú ves. Y eso requiere un diálogo donde le haces ver que tiene que confiar, que tiene que ir un poco más allá. Y todo eso es complejo.

El vestido me ha recordado a una película con estética de los años 70. Y con localizaciones que parecen internacionales. La casa podía ser una casa americana, el coche de Belén Rueda no es habitual… Entiendo que eso es parte de ese trabajo de director que comentabas antes.

Totalmente. Es una especie de conjuro para buscar una estética que se coma la película entera, que la convierta en atemporal. Hacer una película de 2005, con un coche de 2005, con una casa sin personalidad, con un colegio normal, en el año 2026 ya está pasada de moda porque ya no se lleva esa estética. Yo quería hacer una película que la pudieras ver en cualquier momento. La niña va con una ropa que es muy básica, una sudadera que puede ser de cualquier año; Belén también va vestida de una manera muy poco habitual a como viste ella, va con un tono juvenil; y la otra señora va como medio monja.

De ahí que está buscado que la película parezca de cualquier momento o de cualquier lugar. Y quería que la casa tuviera personalidad, que vieras la casa y te acordaras de ella. Es la idea de crear una estética alrededor de la película.

Jacob Santana durante el preestreno en los cines Kinepolis de Valencia. Foto: Luis Tormo

¿Tenías algún referente visual que te sirviera para hablar con los actores?

Eso es difícil porque tienes que estar en la misma onda. A la niña no le puedes decir: “Esto es como El resplandor”, pero si me ha servido para el resto de los equipos; por ejemplo para la música, le mandé a la compositora unas referencias muy concretas como La semilla del diablo, Cónclave, un poco de El resplandor

¿Y la experiencia con Belén Rueda? Tú ya habías trabajo en Reversión con ella aunque allí el papel era más pequeño. ¿Y con la niña por eso que decía Hitchcock que trabajar con niños y animales era lo peor?

Nada, nada. A los niños hay que tratarlos como niños. Son actores pero son niños. Les tienes que hablar en el idioma que entienden. No les puedes decir: “Esto es como una película de Tarkovski”. A mí me gusta trabajar con niños porque creo que me entienden muy bien, soy de familia numerosa, tengo muchos sobrinos, me encantan los niños y me parece que si les hablas en su idioma es muy fácil.

Y con Belén Rueda nos conocimos en Reversión. Es una mujer luminosa, maravillosa. Allí hicimos el tándem y rodando Reversión ya le propusimos El vestido porque nos había sabido a poco rodar apenas cinco días en Reversión.

¿Y tenías claro la forma de realizar la película? La cámara está siempre muy presente: en la parte inferior de coche, picados y contrapicados, etc.

Planifico todo en papel desde el minuto uno. Cojo el guion y con las localizaciones me hago una planificación exhaustiva para que todo funcione como una sinfonía, como una coreografía que me funcione. No llego al rodaje y digo: “A ver qué pasa”. Tengo todo pensado, si el actor va a ir de aquí a allá, cuándo le cojo, etc. Y esa planificación la completo con fotos, cojo películas y digo: “Quiero que este plano sea parecido”. Por ejemplo lo que dices de la planificación del coche desde abajo para que ese coche fuera un protagonista más y no quería verlo desde arriba como un coche normal, quería que tuviera una personalidad y una vida propia como la casa.

¿Y la fotografía debió ser complicada por la poca luz en muchas escenas?

Muy complicada. Primero el formato que es un 2:39, muy anamórfico y se te salen los decorados por los lados, entonces por los movimientos a veces se nota que hace un poco de efecto barril. A mí me daba la sensación que esto creaba como una sensación de incomodidad constante y me venía bien.

El director de fotografía es Christos Voudouris, un griego que ha rodado con Yorgos Lanthimos o con Richard Linklater, o sea, que es un genio absoluto. Nos arriesgamos mucho con el tema de la oscuridad, pero nos interesaba que en esa oscuridad se viera lo justo. Tener la definición pero siendo conscientes de que una película de terror tiene que tener oscuridad.

Escribe Luis Tormo

Luis Tormo con Jacob Santana