26 Cinema Jove de Valencia (5): To be or not to be?

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La prensa, la prensa

un-poison-violent-1Lean lo que dice la prensa diaria escrita sobre Cinema Jove y se sorprenderán. Sencillamente, porque prácticamente no podrán leer nada sobre el festival. Ni siquiera parece existir para la prensa diaria de Valencia. Y si existe es porque algunos diarios filtran noticias de agencia que a su vez han recibido del gabinete de prensa del festival. Lo cual no es para tirar cohetes.

La prensa de otros certámenes (la Mostra, la de aquí mismo, sin ir más lejos) atosiga a la prensa acreditada con notas y más notas, la de Cinema Jove no lo hace: sus envíos son comedidos. Probablemente se deba (por cuestiones económicas) a la falta de personal, pero hoy tomando Internet como buzón del destinatario (lo que se hace actualmente en todos los festivales) se pueden dar y tomar materiales en cantidades industriales.

Realmente la prensa, tanto en lo que se refiere al interés que se concede (externa por tanto al festival) al certamen como (interna) a su propio funcionamiento ha sido siempre, incluido en los tiempos en los que yo estaba en el certamen, una de las asignaturas pendientes de Cinema Jove.

El festival ha contado a lo largo de sus veintiséis ediciones con muy pocos directores, sin embargo han abundado, se han cambiado con relativa frecuencia los equipos de prensa, sin que esos cambios hayan logrado conseguir al equilibro y la fluidez necesarios de agilización y comunicación entre el gabinete y las diferentes áreas que cubre.

Lo peor, de todas formas, no es eso, sino el trato que recibe por parte de los medios. Recuerdo cómo (en los años noventa) nuestra desilusión era grande, cuando el equipo directivo de Cinema Jove nos reuníamos todos los días a primera hora de la mañana y ojeábamos los diarios en busca de lo que allí aparecía sobre el certamen. Nada o muy poco, incluso en la prensa local. Este desinterés que han mostrado y muestran los diarios de la propia ciudad valenciana sobre este certamen, se extiende también, en general, a la Mostra de Valencia. Y a veces cuando aparecen comentarios es para arremeter contra los certámenes.

Eso sí, en la última edición de la Mostra al menos en uno de los periódicos se realizó un personal, aunque breve, seguimiento.

un-poison-violent-3Un crítico de Barcelona, en las primeras ediciones de aquellas buenas Mostras llamadas entonces del Mediterráneo (ya sabemos que hoy se ha cambiado tal genérico por el de acción y aventura) me comentaba que no comprendía (entonces sí se le dedicaba al menos una página entera de la sección espectáculos) cómo se realizaba una crítica tan dura a un festival propio. La verdad es que no se entiende demasiado este deporte consistente en pasar de los certámenes de casa o en denigrarlos, sin encontrar virtud alguna. Algo que es improbable en ciudades como San Sebastián, Valladolid, Málaga, Granada o Huesca, donde los diarios locales se vuelcan con sus certámenes.

De todas maneras es preferible que se hable de un certamen aunque sea para atacarlo. Si se habla de él es porque existe, en caso de no hablar su existencia se pone en interrogante. Un todo que se muerde la cola. La prensa no habla del certamen y el certamen ni siquiera publicita su programación diaria en los medios: algo (y me refiero a ambos certámenes valencianos) que hace años si se hacía

La prensa especializada (normalmente mensual) tampoco da demasiada importancia a ninguno de ambos certámenes. Un breve, brevísimo, resumen y a otra cosa. Será cierta prensa digital la que más espacio dedique al certamen o (como es nuestro caso) por medio de crónicas diarias o por una crónica extensa (en algún otro medio) al concluir el certamen.

Si nos referimos a otros medios como las televisiones nos encontraremos que un silencio casi absoluto.

Pero ¿qué se puede esperar si el propio periódico del certamen cercenada parte de la información? Un ejemplo: en la referencia a los premios del encuentro audiovisual de jóvenes se han dado a conocer exclusivamente los primeros premios y los accésit de cada sección, silenciándose los otros premios de este encuentro.

Volviendo a la prensa diaria impresa (de casa), ya se ha dicho (y en alguna de fuera) que las noticias del certamen se reducen a la reseña enviada por ciertas agencias. A su vez las agencias se limitan a distribuir las notas de prensa que les llegan del gabinete de prensa del propio festival. Claro, que lo que emite y la realidad de lo visto es pura casualidad: Si han leído el comentario que dedicamos a la película iraní en la anterior entrega sabrán el dislate que es tal filme. Algo que, desde los servicios de prensa, ha sido explicado de acuerdo a las palabras del propio realizador que, poco más o menos, dice que su filme es “la expresión del grito de libertad de la juventud iraní por un cambio de la sociedad en la que viven.

Si eso, u otras lindezas dichas por otros realizadores por lo que respecta a las películas que se presentan, es su intento, habrá que decirles que lo obtenido, por mucho que el rodaje haya sido clandestino (como se asegura en ese caso), nada tiene que ver con lo presentado. Lo que se quiere decir no siempre es lo que realmente se expresa. La confusión de esa película inválida tal propuesta.

Otra cosa sería plantearnos en este momento, lo que se entiende, o entienden, por un festival etiquetado como Cinema Jove, pero eso es otro cantar. No es el momento de entrar en esa controversia.

Y eso sí, para cerrar la participación oficial en el certamen, apareció al fin una película de entre las cuatro vistas (no pude ver las cuatro primeras, tres de las cuales comentó mi compañero de redacción Luis Tormo) que, con todos los peros que se quiera poner, es, al menos, cine. Y sobre ella pasamos a escribir.

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Un poison violent de Katell Quillévéré
Francia, 2010

Katell Quillévéré, nacida en Abidjan (Costa de Marfil) en 1980, no es desconocida para Cinema Jove ya que por su primer cortometraje, A bras le corp, recibió el Premio al mejor cortometraje en este certamen en 2005. Posteriormente presentó alguno de sus siguientes (dos más ha realizado) cortometrajes. Ahora llega al festival con su primer largometraje, este Un poison violent, cuyo título hace referencia a la canción de Serge Gainsbourg, Un poisont violent, c’est ça l’amour.

La directora ha estudiado cine y filosofía en la Universidad de Paris. En 2004, junto a Sebastián Bally, creó y llevó a cabo las tres primeras ediciones de los Encuentros europeos de películas de duración media. Su corto galardonado en Cinema Jove fue nominado a los premios Cesar, esa especie de Oscar del cine francés.

Sin duda la directora ha visto cine y sabe cómo hacerlo. Su película es ejemplar en varias cosas: excelente banda sonora; buena dirección de actores; narración clásica en el cortar, sugerir y mostrar; historia familiar amplia que contar, aunque se centre en el personaje de una joven de 14 años; duración ajustada. Nada de rodar más de lo debido. Es un respiro para el espectador encontrarse con un filme que dura menos de hora y media. Y dura así porque ya ha contado todo lo que había que contar y sabiamente se ha decidido no inflar el metraje.

No, claro, no es una película genial, ni redonda, es una obra que ante todo es cine. Se ve bien. Está bien realizada. Nos deja ver sin estrafalarios movimientos de cámara, sin rebuscamientos lo que se desea mostrar. Las secuencias, los planos fluyen naturalmente. Se deja que la historia vaya mostrándose. Una historia que además, por fortuna, existe.

Nada nuevo bajo el sol si se quiere. Se trata de presentar el proceso iniciático de una joven de 14 años que se debate entre la religión (en cuanto encierro, coacción y también muerte) y la sensualidad (libertad, vida). Un complejo caminar que lleva a la joven a observar, a reflexionar, a caminar planteándose las opciones que su alrededor se le ofrecen. ¿Cuál de ellas la integrará y la hará conocer el mundo?

No es casual que la narración gire alrededor del acto de su confirmación en la fe, un ritual que Anna debe cumplimentar al regresar, desde el internado en el que se encuentra, a la casa del pueblo donde vive su abuelo (liberal, sensual y sexual) junto a su madre (nuera del abuelo). El padre de Anna (aparece en dos momentos del filme, en uno de ellos de forma forzada) está en tramites de divorcio.

Al comienzo del filme asistimos a una misa en la que acude Anna a comulgar. Un momento que se contrapone con el plano final, dedicado a la joven, y que señala la espera del joven amigo con el que ha saboreado las delicias del primer amor. Un joven, monaguillo en la Iglesia, con el que la joven cruzó una mirada (plano insertado como sugerencia en el instante justo) en la escena de la comunión: hábil forma de introducir a un personaje que va a resultar importante en el desarrollo de la acción.

Personajes definidos certeramente en dos trazos (el abuelo, la madre, el cura, el tenebroso obispo…) llevan el relato más allá del propio proceso de iniciación de Anna, dibujando todo el entorno (familiar) de un mundo integrado por seres enfrentados también a sus conflictos: los padres que se separan, la madre enamorada del cura, éste debatiéndose entre el amor a la mujer y su obligado celibato, la vitalidad del abuelo enfermo.

Vida y muerte señaladas en tres momentos esenciales: la asistencia en el cementerio a un entierro, la escena de la confirmación y la elegía de Anna a la muerte de su abuelo. En los dos primeros Anna se desmaya, lo que le lleva a salir de ambos sitios (y evitar, en el segundo caso, ser confirmada en la fe), mientras que en el tercero totalmente consciente (momento antefinal) exalta el amor humano expresado sin ocultamiento a través del poema que recita en honor de su abuelo, recordado lo que para aquel supuso el encuentro y la relación amorosa con su mujer, fallecida hacía tiempo.

Hay momentos muy bellos en el filme, tratados con gran sensibilidad, como la escena del encuentro amoroso entre los jóvenes o la última referencia sobre la explicación-opción tomada por Anna antes de despedirse del abuelo: se levanta la falda, delante de él, para que pueda contemplar su pubis. Es la confesión al abuelo sobre cuál es el camino que va a tomar y cuál ha desechado.

Pequeña y hermosa película que cuenta además con una intérprete deliciosa, la joven protagonista, Claude Augarde, que debuta con este filme. Junto a ella actúan estupendamente actores profesionales como la actriz y cantante Lio, Michel Galabro o Stefano Cassetti.

Un poisont violent, insisto, no es una obra maestra, tampoco una película genial, pero sí es un filme que cuenta una historia y la cuenta bien, utilizando muy correctamente todas las posibilidades que ofrece el cine.

Escribe Adolfo Bellido López

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