27º Festival de cine mudo de Forssa (5): 22 de agosto

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Segundo cuaderno de bitácora:  Cuando la música encuentra la película

Segunda jornada fuerte del festival. El día amaneció lluvioso y algo frío. Llegué temprano al teatro. No quería perderme el documental sobre la historia del Elävienkuvien teatteri y tenía curiosidad por el trabajo de Ville Koivisto como realizador.

Había leído sobre la historia del teatro para preparar mi primer artículo, pero una cosa era conocerla y otra verla en imágenes: seguir la transformación del edificio a través de testimonios o descubrirla a través de los descendientes de Albert Lindfors, impulsor de la creación de lo que hoy es el cine más antiguo de Finlandia.

Después del documental quedaba menos de una hora para el programa triple de Las aventuras de Kutsu-Juku, La caza del oso en Pärnu y ¡Atrápenlo!

Aproveché para captar algunas imágenes del ambiente, comprar el libro del festival, llevarme también la bolsa del festival y una camiseta. ¡Tenían tantas! Los voluntarios habían erigido dos columnas de madera llenas de camisetas de ediciones anteriores: parecían una especie de tótem, pero dedicado al cine. Me había fijado especialmente en las de Lloyd y Keaton, pero ya se habían agotado. Así que elegí la de la última edición, que, además, era la que más me gustaba por su diseño. Quería llevármela como recuerdo, igual que el libro, y de paso conocer un poco más la historia y a las personas que han hecho posible el festival.

Susanna Kaharinen se encarga de muchos de los diseños de las camisetas, y también de traducir muchos de los intertítulos de los filmes al finés. Trabaja con Ville y ha estado en la organización del festival prácticamente desde el principio.

Siempre que puedo, llego unos veinte minutos antes de cada proyección para intentar captar imágenes y sonidos de los músicos ensayando. No es solo curiosidad, también me fijo en sus instrumentos y en cómo se preparan.

En este programa triple no hay ni efectos, ni percusiones: sencillamente un piano. Ya es casi la hora y no se ve a nadie ensayando. El músico ha tenido un imprevisto y no ha podido venir. Una llamada rápida a Anu Rautakoski, la pianista del día anterior que acude rápido.

Se la ve un poco nerviosa: ¡no conoce las películas, ni las ha visto! Al comenzar, veo cómo fija la mirada en la pantalla mientras toca e improvisa, y poco a poco me voy metiendo de lleno en las películas. ¿Cómo es posible que me gustara incluso más su improvisación que la interpretación del día anterior? Soy consciente de que para el acompañamiento de Sunshine Sally probablemente habrá dedicado semanas, si no meses. Y, sin embargo, esta vez, sin ninguna preparación, la música me llegó todavía más.

En algunos momentos recreaba melodías clásicas conocidas, adaptándolas a la acción. Supongo que eso también forma parte del arte: dejarse llevar por la corriente creativa del momento, por las asociaciones y la espontaneidad, y convertirlas en algo inesperadamente inspirado. Resultado: otro éxito. Antes de que Anu saliera, no pude evitar acercarme y decírselo: «Fue fantástico, ¡usted salvó el espectáculo!». Un aplauso más que merecido.

Llega la siguiente sesión y estoy muy emocionada: ¡se trata de La aldea maldita! No llevo el sombrero de Lloyd; esta vez me visto como los aldeanos de algunas de sus escenas costumbristas. Me pongo una boina, una camisa blanca, un pequeño pañuelo de cuadros parecido al que lleva Carmen Viance en una de las escenas y, por supuesto, mis alpargatas de esparto. No importa la lluvia ni el ligero frío: allá voy con ellas.

Al regresar, grabo a la gente que va llegando, y viene muchísima. Los músicos han cerrado la puerta mientras hacen las últimas pruebas de sonido; lo que se escucha desde fuera promete mucho. Por fin abren y puedo captar unos instantes: Joonas Widenius, guitarrista flamenco, el mejor de Finlandia y probablemente de mucho más allá; Ricardo Padilla, a la percusión; y Lotta-Maria Heiskanen, al violín. ¿Qué nuevos efectos se le ocurrirán a Padilla? Ya me había sorprendido en El comisario de la Cheka Miroshchenko la noche anterior.

Susanna Kaharinen, junto a algunas de sus creaciones y diseños, entre ellos la camiseta que lleva puesta. Forma parte de la organización del festival prácticamente desde sus comienzos

Hasta entonces nunca había visto el Elävienkuvien teatteri tan lleno. No cabe ni un alfiler. De repente, todo se oscurece y comienza.

Desde el principio, la música va introduciendo la sensación de peso que cae sobre la aldea, el de una maldición. La instrumentación entra sutilmente: «nada bueno trae la tormenta», dice uno de los personajes. Y entonces esta llega…

Los sembrados arruinados, las infructuosas plegarias de los aldeanos, los relámpagos reflejados en el rostro de Larrañaga…

Durante esos breves momentos muchos nos quedamos atrapados en la tormenta. Nunca había sentido La aldea maldita de esa manera. La percusión y efectos de Padilla, junto a la guitarra y el violín, deja respirar esos instantes y los hace todavía más intensos. Las sombras reflejadas, el pedrisco, el hambre que vendrá después de su llegada… son solo unos breves retazos de celuloide, pero permanecen muy adentro.

Una vez fuera del cine, me acerco a Padilla para felicitarle. Él me da las gracias por haber venido y me responde en un español impecable. De la emoción, ya no sé si olvidé hablarle en inglés. Lo que sí recuerdo es la sensación de agradecimiento por haber podido estar allí.

Anu Rautakoski. Arriba, antes de su acompañamiento de Sunshine Sally; abajo, emocionada al recibir los aplausos tras su improvisación para el programa triple de Las aventuras de Kutsu-Juku, La caza del oso en Pärnu y ¡Atrápenlo!

No hay tiempo para descansar: el próximo filme es también uno de mis favoritos, Our Hospitality, de Buster Keaton. Entro unos minutos antes para ver ensayar a Lena & The Slide Brothers Trio, con sus sonidos de blues rock. Una vez más, el teatro está lleno hasta la última butaca.

Desde que comienzan los créditos, el bajo y la guitarra empiezan a sonar. El comienzo de Our Hospitality tiene algo muy de Griffith: es un drama en sí mismo. La lluvia torrencial, la noche cerrada, uno de los protagonistas que sale, el peligro inminente y, de pronto, el fogonazo de dos disparos: ¿cuál de ellos ha sido el certero? En algunos de estos momentos, el blues, tan sugerente, no termina de encajar para mí con lo que estoy viendo en pantalla.

Hay, en cambio, escenas en las que sí siento una conexión mucho mayor, como el momento de subir al tren, con un ritmo que va creciendo poco a poco.

Pero es precisamente en los momentos más hilarantes de Keaton donde vuelvo a sentir esa distancia: su sombrero de chistera previctoriano, sus gestos contenidos, esas escenas en las que parece esconder sus propias emociones. Y quizá ahí está precisamente mi dificultad. El blues lleva consigo una emoción más abierta, incluso desgarradora, mientras que Keaton la contiene y la esconde detrás de su humor tan particular.

No cabe duda de que la interpretación del trío es emocionante y, por momentos, desgarradora. Quizá precisamente por eso yo echaba de menos una mayor conexión con los matices de Keaton: que la música acompañara el suspense y sus crescendos, pero también dejara espacio para esa comedia y drama tan contenidos.

4. Lotta-Maria Heiskanen, Joonas Widenius y Ricardo Padilla acompañando La aldea maldita. Arriba, las últimas pruebas de sonido antes de comenzar; abajo, recibiendo los aplausos del público

Esta es una valoración completamente subjetiva. Soy consciente de que acompañar Our Hospitality no es tarea fácil. Sin embargo, lo que a mí me alejaba por momentos de la película parecía estar funcionando de manera extraordinaria para buena parte del público. Al terminar, el entusiasmo se hizo evidente en la ovación que recibió el trío. La música, en sí misma, había sido, sin duda, ¡tan poderosa! Y, al mismo tiempo, tengo la sensación de que no terminaba de dialogar con los matices y las sutilezas que Buster Keaton imprime a la película.

En el pase de las siete, el público se divide, y me cuesta mucho tomar la decisión. Unos se quedan en el teatro para ver Entre dos bailes (Kahden tanssin välillä, 1930), acompañada por el Sanna Pietiäinen Trio; otros se van al auditorio de la Casa de los Trabajadores de Forssa para ver Seven Chances, de Keaton, con otro trío: Mercedes Krapovickas, Topias Tiheäsalo y Hermanni Yli-Tepsa.

Como fan de Keaton que soy, no quiero perderme su film, tampoco el acompañamiento. Tengo muchísima curiosidad por escuchar a Mercedes Krapovickas (bandoneón), Topias Tiheäsalo (guitarra eléctrica) y Hermanni Yli-Tepsa (violín, contrabajo y electrónica). Me atrae especialmente esa mezcla de instrumentos tradicionales y sonidos eléctricos, junto a su experiencia en la música experimental. Los tres jóvenes músicos construyen un acompañamiento que juega constantemente a favor de la película. Hermanni Yli-Tepsa utiliza, además de contrabajo, kalimbas, rasgueos y efectos electrónicos que encajan de manera sorprendente con lo que sucede en pantalla.

He visto Seven Chances varias veces, pero los rasgueos de la guitarra eléctrica, con ese efecto de reverberación, supongo, junto a los sonidos de las kalimbas, consiguen darle una dimensión nueva. Me encantan especialmente en la secuencia de los relojes: Keaton se detiene ante el escaparate de una relojería y cada reloj marca una hora diferente, cada uno a su propio ritmo, con su particular tic-tac. Las kalimbas acentúan ese juego de ritmos y me hacen percibir mejor la frustración del personaje.

Otra secuencia fantástica es la de las rocas: Keaton corriendo como nunca, esquivándolas mientras intenta escapar también de las mujeres vestidas de novia. Por momentos, la música se vuelve seria, incluso melancólica, y va creciendo en intensidad. En una de las escenas, se produce un disparo. Conozco Seven Chances y, aun así, me pilla por sorpresa: la guitarra consigue que me sobresalte. Los sonidos electrónicos hacen que las rocas parezcan todavía más amenazantes; más que su propia caída, se siente el peligro que pesa sobre Keaton. Salgo con la sensación de que este trío ha estudiado y practicado la película hasta el último detalle.

Arriba, Lena & The Slide Brothers Trio durante las pruebas de sonido antes de comenzar el acompañamiento de Our Hospitality. Abajo, Mercedes Krapovickas, Topias Tiheäsalo y Hermanni Yli-Tepsa recibiendo los aplausos del público tras acompañar Seven Chances en la Casa del Trabajador de Forssa

Y esta jornada tan intensa no podía terminar mejor que con otro trabajo interpretado por Keaton (Out West) y con un título de Ford The Scarlet Drop.

Ya escribí en un artículo anterior del acompañamiento del Trío Mutual (Janne Kuusinen, Hanne Närhinsalo y Taru Koivisto), que combinan piano, acordeón, flauta y melódica. Esta vez quiero en su acompañamiento para The Scarlet Drop. La había visto en el pasado festival de Pordenone, acompañada por el prestigioso pianista Philip Carli. Su interpretación fue impecable y muy emocionante, con el Trío Mutual, en cambio, sentí además algo diferente.

Hay varias escenas en las que se percibe especialmente el cariño entre Kaintuck y Molly. En una de ellas, si no recuerdo mal, Janne, Hanne y Taru interpretan una versión de Josefin’s Waltz que conmueve y estremece. Josefin’s Waltz es una composición sueca relativamente reciente, aunque tiene ese aire de vieja melodía folk que hace que parezca mucho más antigua. Quizá por eso encaja tan bien en la película de Ford: como si hubiera viajado durante décadas hasta llegar allí.

Y quizá esta melodía me da una pequeña clave para entender mejor Forssa, su festival y sus gentes. No soy entendida en música, pero al comparar las dos interpretaciones de The Scarlet Drop hay algo que sí puedo decir: con el Trío Mutual me emocioné de una manera distinta. No sé exactamente qué fue.

Intento explicarlo con una metáfora a través del violín. Supongo que, si amas la música, disfrutas de los dos estilos y formas de interpretar: el del violín de tradición clásica, preciso e impecable, como lo fue Carli en Pordenone, y el del fiddle, una forma de tocar más cercana y arraigada en la música popular. Dos maneras diferentes de acercarse a una película y a una melodía. Las dos tienen su propia belleza. Después de estos días en Forssa, creo que esta última es la que más me llega.

Escribe Laura Bondía | Álbum de fotos

El Trio mutual. Arriba, haciendo pruebas antes de su acompañamiento de Out West y The Scarlet Drop. Abajo, recibiendo los aplausos del público al finalizar