Esperando a Patino
Escribe Adolfo Bellido López
Huesca es una ciudad pequeña y tranquila, donde no se necesita ir deprisa para llegar a tiempo a cualquier sitio. Todo está a mano. Una ciudad así tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas, igual que ocurre en todos los sitios.
Cuando llega el festival, los oscenses de una u otra manera se adentran en los vericuetos del certamen. Aunque sólo sea para acudir a las sesiones de las diez y media de la noche. No pueden falta porque aquí, claro, todos se conocen. Y una ausencia es llamativa. Las sesiones de noche se desarrollan en ese cine teatro pastiche que pomposamente se llama Olimpia y que en sus columnas de cierto regusto antiguo trata de reflejar el arte griego. Una especie de broma que alguien hace ya tiempo quiso hacer para que aquí se recordara la enorme deuda que Occidente tiene con Grecia, la cultura y forma de vida que (con y desde la civilización) romana, hemos heredado, somos nietos o hijos de ella.
El Teatro Olimpia reluce en las noches (algo menos en las sesiones de tarde) para albergar las películas que los habitantes de la ciudad vienen a ver. Por su pantalla pasa el cine clásico elegido todos los años como representativo del cine de siempre, y titulado dos mejor que uno, nombre con el que se trata de indicar la presencia en el reparto (de esos filmes) de dos grandes actores.
O séase, este año, Taylor-Burton en Castillos en la arena, Lemmon-Matthau en Primera plana, Bogart-Bacall en El sueño eterno, Mastroianni-Loren en Una jornada particular… Dos grandes intérpretes (ellos y ellas, ellos con ellos, ellas con ellas) como ejemplo de un gran cine que siempre está vivo. Unas sesiones cuyo número de espectadores varía, pero que nunca es excesivo.
Tampoco se llenan las sesiones de ese ciclo que esperan todos los años con impaciencia los oscenses aficionados al cine, el de los estrenos de grandes obras y que se refieren a películas europeas, que se proyectan en sesión de tarde. No es el momento oportuno para acudir al cine. La gente tiene sus quehaceres, sus encuentros programados, que cumplimentar sus paseos lentos cuando el tiempo, como este año, es excelente, o visitar algunos de los lugares donde se ofrece un buen vino acompañado de exquisitas tapas.
Además, a esa hora, se puede alternar ese buen cine europeo con las películas de los cineastas (actores o directores) homenajeados. E incluso se proyectan cortometrajes o documentales a concurso. No se puede abarcar tanto. De todas maneras, hay quien prefiere reservarse para la sesión de noche aunque lo que se proyecte pueda ser incluso inferior a lo que se puede ver en las sesiones vespertinas.
Ciclo de cine europeo
El pasado año, por ejemplo, el filme que premiaron los espectadores (las sesiones europeas reciben un único premio por votación popular) se proyectó a las siete de la tarde. Decidieron que el mejor era (y lo fue sin duda) Cien clavos de Olmi. Ese día, y de ahí también la trampa que encierran esos premios, el cine no estuvo lleno, lo que propició sin duda que los votos no se dispersaran tanto. Una buena película proyectada con poco público tiene mas posibilidades de alzarse con el premio que una repleta de espectadores (y que todos voten).
Cuando llega la noche, todo el mundo (los cultos y los que quieren pasar por serlo, los entendidos y los que no quieren quedarse atrás, los que van a ver lo que les echen y los que van a que les vean) acuden en tropel a las proyecciones europeas. Si no lo hacen, al día siguiente, en los mentideros de la ciudad se chismorreará sobre los que no fueron, pero también sobre los fulanitos y fulanitas que allí estaban y que no veas, hasta se echaron un sueñecito, y qué pintas llevaban… Vamos, como en todos los lugares, aquí también se hacen trajes a medida.
El (llamado) cine europeo nuevo o casi está a veces traído por los pelos, como en este año ha sido El niño pez o de La teta asustada, que sí, claro, en un tanto por ciento se trata de producciones españolas, pero… También la ubicación de las películas en la sesión nocturna o en la vespertina tiene bastante de aleatoria. ¿La más conocida (o interesante) va por la noche y la menos se programa por la tarde? ¿Se conoce más a "la" Puenzo que a "la" Dorrie? Alguna hay que escoger. Eso está claro.
En algunos casos, como en el de la película de Amezcua, el realizador ha estado presente (eso porque es español, claro) para hablar de su primera película que se proyectaba en dicha sección europea. Ya se sabe, se trata de 25 Kilates, un muy interesante filme español, que chirría en algunos momentos y muy especialmente en el final, pero que, con todo, es una de las mejores películas noveles españolas de los últimos años.
También se ha estrenado (en la sección europea) uno de los últimos filmes de Guédiguian, Lady Jane, nuevamente con su actriz predilecta, Ariane Ascaride, que como se sabe es su esposa, y con el protagonismo de la ciudad de Marsella, que es la suya y que conoce tan bien. Más de lo mismo, aunque en esta ocasión el viaje al mundo de la marginación y de la miseria se adorna con toques de película policíaca.
Llega el Anticristo
Y ahora, aquí, en el Olimpia, en sesión de noche se presenta el Anticristo de ese mentiroso compulsivo, y que también sabe vender sus filmes, que es Lars Von Trier. La película escandalizó en Cannes, revolvió muchos estómagos y dejó claro, para quien quisiera oírle (y creérselo), que era el mejor director del mundo. A lo mejor quería decir de la historia del cine.
Él bien sabe que no es cierto ni una cosa, ni otra, pero lo que sí es verdad es la necesidad que el realizador tiene de provocar, como lo demostró cuando se inventó aquello del Dogma o cuando descubrió el teatro de ensayo con Dogville. La cuestión es que se hable de uno, para eso nada mejor que dedicarse a hacer unos filmes polémicos o, al menos, extraños.
No hace mucho se ha presentado el festival de Alfas del Pí de este año. Se celebrará los primeros días de julio. Pues bien, en la presentación se ha afirmado que, lógicamente, por la crisis habrá que reducir costes. El certamen, al igual que ocurre en Huesca, además de sus secciones competitivas (cortos) estrena títulos que no se van a ver, si no son proyectados en el festival, nunca allí. Y, naturalmente, entre los títulos que se verán, anuncian como primicia el pase del Anticristo. Están en su perfecto derecho de pasarlo, pero no de dejar caer mentiras (razonables o irrazonables) al asegurar que en ese certamen se procederá el estreno en España de este título. Pues miren no, ese título se pasa casi un mes antes aquí, en Huesca.
Quizá la distribuidora, esté tomando los festivales españoles como punto de prueba para ver cómo es acogido el filme por los espectadores. Aquí, en Huesca, por si acaso, y para evitar desmayos, gritos y peticiones de condena para los autores de tal tropelía (incluso para los encargados de su proyección en el certamen), la dirección del festival de Huesca ha decidido colocar un cartel, bastante legible y repartido por diversos espacios, en el que se indica que la película puede herir la sensibilidad de los espectadores. El que avisa… puede posibilitar que los espectadores se agolpen para ver tal película aunque luego echen pestes de ella y de todos los que hicieron posible su existencia y su proyección. Contaremos en vivo lo que pueda ocurrir en tal sesión.
Angelopoulos pasó, Patino llega
Si estas sesiones se llenan (en todo o en parte) con público oscense, las otras sesiones varían mucho en número de espectadores. Las secciones oficiales (cortos o documentales iberoamericanos o internacionales) acogen a gente joven en mayor cantidad que la que suele acudir en certámenes semejantes. Igual ocurre en las sesiones de los directores u personas del cine homenajeados. Sobre todo, que es casi siempre, cuando se trata de realizadores malditos para los espectadores, o sea, poco o nada conocidos. Lo cual no implica, claro, que no sean importantes. Lo normal es que sea todo lo contrario.
Puede ser que el pasado año algunas supieran quien era Tavernier, y muchos más Mariví Bilbao, los personajes homenajeados, pero este año, muchas menos sabrán quien es Angelopulos o Patino. Bueno, Patino les sonará algo más, pero no demasiado. Al fin y al cabo esos pensaran que hace mucho que no hace cine.
Angelopoulos pasó por Huesca, se le entregó su premio. Acudió el público a esa sesión en la que se le otorgó el galardón. Aplaudió como era preceptivo. Y se siguieron preguntando quién sería aquel extraño realizador sentado en el teatro Olimpia. No digamos la sorpresa del enorme realizador de El viaje de los comediantes cuando entró en aquella especie de templo griego emergido en una ciudad española.
Ahora le toca el turno a Patino. Ya lo dijo una periodista cuando me entrevistó para un periódico local: "¿Piensa que Patino tiene la suficiente entidad para ser homenajeado en Huesca?". Mi sorpresa fue total, al comprobar la ignorancia manifiesta de una periodista que con esa pregunta demostraba no sólo ese desconocimiento del director, sino también de toda la historia del cine español.
Patino ha sido premiado por aquí y por allá. Es uno de los realizadores más innovadores de todo el cine español. Un revolucionario en sus formas y métodos. Eso sí, utiliza cualquier formato para trabajar. A sus años, 78 años (igual que Eastwood, menos que Oliveira) sigue buscando nuevos medios de expresión.
Los espectadores de sesión normal de cualquier lugar de España, de viernes noche, lo más probable, si se acuerdan de algo, es que asocien el nombre de Patino a Canciones para después de una guerra o Nueve cartas a Berta. No se sí llegaran a recordar Queridísimos verdugos (un filme que sí es revulsivo y necesario, pero para nada en la línea de los títulos de Lars Von Trier), pero desde luego poco, o nada, les dirán algunos de sus excelentes títulos para televisión, como La seducción del caos (premiada en Cannes) o la gran serie de siete capítulos, Andalucía, un siglo de fascinación.
Quizá tampoco sepan que en 2002 presentó en el Festival de San Sebastián Octavia, el cierre de su trilogía sobre Salamanca. Y muchos menos habrán oído hablar de esa excelente exposición que, con el título Espejos en la niebla, se presentó el año pasado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (luego se pudo ver en Salamanca y Soria).
El Festival de Huesca ha hecho muy bien con dejar claro quien es este gran director español (como también ha hecho muy bien con homenajear a Angelopoulos) y presentar aquí algunos de sus grandes títulos desconocidos, como por ejemplo esa obra maestra que es Madrid y, si no puede ser la exposición completa, al menos el audiovisual que compone Espejos en la niebla.
De todas maneras, hay algo que nunca entenderé demasiado bien del planteamiento del festival oscense y es por qué el momento del homenaje a los directores, o profesionales del cine se produce sin que se proyecte una película del autor homenajeado. El homenaje a Patino será en la clausura del festival, cuando se entreguen los premios del certamen. Pero ya que se homenajea, además de premiar los mejores trabajos vistos en el festival, a alguien que tiene una obra respetada y respetable, debería proyectarse uno de sus filmes. Sería el mejor de los homenajes. Se opta este año por cerrar el certamen con otro filme de inmediato estreno en España, 3 monos del director turco Ceylan, realizador entre otras de Lejano.
De todas formas, lo importante es que Patino, como Angelopoulos, están, han estado aquí y que tanto los realizadores de cortos, gente joven de aquí y de allá que vienen a presentar los suyos, como los habitantes de la ciudad, habrán entrado en contacto con el cine de estos grandes directores. Habrán sabido que existen, quiénes son, y algunos de ellos, en las sesiones en las que han proyectado sus películas, habrán descubierto, si no la conocían, la portentosa obra de dos enormes hombres del cine. Uno griego y otro español. Dos contadores de historias sobre las Historia de sus respectivos países. Dos clásicos ya de la historia del cine.
Como compendio de ello, Huesca ha editado dos interesante libros: uno referido a la obra de Angelopoulos, el otro a analizar, sobre todo, el último trabajo de Patino, Espejos en la niebla. Ambos libros complementados con DVD. Los comentaremos en otro artículo. De momento demos aquí constancia de estos homenajes, estas presencias y estas publicaciones.
Huesca sigue adelante hacia la clausura de su 37ª edición. Con ganas y con estilo, como siempre.