Salud mental y mercantilización del cuerpo femenino
Els dies clars

Sandra Ferrús debuta en la dirección cinematográfica con Els dies clars, una película que adapta su propia obra teatral El silencio de Elvis, representada en distintos montajes desde 2019.
En la película, Vicent es un hombre de mediana edad y espíritu rockero que asegura tener el don de anticiparse a las palabras de los demás. En realidad, padece esquizofrenia, una enfermedad que condiciona profundamente su vida y la de su entorno familiar.
Con guion de Sandra Ferrús y Aitor Merino, Els dies clars aborda el sufrimiento de Vicent y las consecuencias que su enfermedad tiene en el conjunto de su familia.
Al inicio de la película, el protagonista vive de manera independiente en su propio piso, pero el avance de la esquizofrenia le impide mantener una actividad laboral y, por tanto, garantizar su autonomía económica. Esta situación acaba obligándolo a regresar al hogar familiar para convivir con sus padres.
En este contexto, su hermana Silvia, que vive con su marido, tendrá que asumir buena parte de los cuidados de Vicent, ante la dificultad de sus padres para hacer frente a una situación que los desborda.
El foco se pone en las dificultades para conseguir un tratamiento adecuado para la enfermedad de Vicent y en las carencias del sistema asistencial. La administración y las instituciones, más allá de ofrecer atención psicológica y recurrir a la mediación de los servicios sociales, se muestran incapaces de proporcionar una respuesta eficaz y adaptada a las necesidades del enfermo. La esquizofrenia de Vicent, y su falta de tratamiento, terminan derivando en situaciones de violencia que se vuelven incontrolables. La respuesta del sistema frente a su problema mental termina siendo coercitiva aplicando el código penal.
Lo que debería ser una atención normalizada acaba convirtiéndose en una lucha constante por conseguir los recursos más básicos para mejorar la calidad de vida de Vicent. Silvia, su hermana, interpretada por la propia Sandra Ferrús, se convierte en una figura fundamental en esta lucha. Ambientada en un pequeño pueblo y rodada íntegramente en valenciano, la película retrata el desgarro emocional de unos padres que se sienten impotentes ante la situación de su hijo y de una hermana que debe compaginar las responsabilidades de su propia familia con el cuidado de Vicent.
El grupo de terapia al que acude la madre de Vicent pone de manifiesto que este tipo de situaciones, lejos de ser excepcionales, forman parte de una realidad cada vez más presente en nuestra sociedad.
Deudora de su origen teatral, Els dies clars se sustenta en la fuerza de los diálogos y en un acertado trabajo interpretativo de un reparto que consigue dar vida al frágil ecosistema de una familia cuyas vidas se ven alteradas por la enfermedad. Una realidad que requiere del respaldo y la implicación de las instituciones públicas, pero que, ante la falta de recursos y de respuestas adecuadas, acaba dejando desamparados tanto a los enfermos como a sus familiares.
Esa descripción realista se compagina con la representación del universo mental de Vicent a través de unas escenas casi de tono onírico que nos ayudan a entender cuál es el camino por el que discurre su mente.
La película se convierte así en un alegato contra esta desprotección, que termina convirtiendo a quienes deberían recibir ayuda en víctimas de un sistema incapaz de atender sus necesidades. Como explica el personaje de Vicent en un momento de lucidez, al final, lo único que pide es un trabajo, una compañera, tener un hogar, un coche pequeño y formar una familia. Aspiraciones comunes para la mayoría de personas pero que a él, por su enfermedad, por la falta de ayuda, le son negadas de raíz.
Aunque su discurso incurre en cierta reiteración, que habría necesitado de un mayor ajuste en la sala de montaje, Sandra Ferrús pone el acento en la importancia de cuidar, atender y proteger la salud mental de las personas. Un film pequeño, intimista, que parte de lo cercano para generalizar su propuesta.

At no cost
Mary Bouli es una documentalista griega cuyo trabajo se interesa por el análisis de la juventud, la representación de los cuerpos y la manera en que las instituciones condicionan o manipulan las conductas de las nuevas generaciones a través de sus discursos. At no cost parte de una experiencia personal de la directora, quien durante la pandemia, y en un contexto de dificultades económicas, llegó a plantearse la posibilidad de vender sus óvulos para mejorar su situación financiera, aunque finalmente decidió no hacerlo.
La película sigue a Donai, una joven que trabaja en una discoteca sirviendo copas y que decide recurrir a la venta de sus óvulos para obtener unos ingresos adicionales. En su decisión confluyen dos motivaciones: el deseo de ayudar a una amiga que no puede tener hijos y la posibilidad de mejorar su precaria situación económica. La donación contempla una compensación económica de hasta 2.000 euros en concepto de gastos.
La cámara de Bouli acompaña a Donai a lo largo de todo el proceso, desde los primeros trámites hasta la extracción de los óvulos. Sin embargo, el documental no se detiene en el procedimiento médico, sino que prolonga su mirada para recoger las consecuencias físicas y emocionales que esta experiencia tiene para la joven.
La primera parte tiene un carácter fundamentalmente descriptivo. Podemos observar la entrevista con el ginecólogo, las pruebas médicas de inicio, las condiciones económicas y cómo será el tratamiento que concluirá con la extracción de los óvulos. En principio todo parece correcto, muy medido, no deben de haber problemas tras la extracción y hay que observar una serie de indicaciones para llevar adelante el tratamiento (sobre todo a través de una serie de inyecciones de gonadotropina que facilitan la estimulación ovárica).
El tratamiento se compagina con la rutina diaria de Donai: su trabajo en una discoteca, su preparación para ingresar en una academia teatral de prestigio y las conversaciones con sus amigas sobre su vida cotidiana. Un elemento clave a lo largo de toda la película es la mostración explícita de las inyecciones que, o bien en la consulta o bien ella misma, se va poniendo para completar el tratamiento.
Esa repetición en la que vemos la preparación de los diferentes polvos que componen el tratamiento y el pinchazo en la barriga se convierte en un diario visual en el que se recogen los pequeños cambios que se van produciendo en su cuerpo como consecuencia del tratamiento hormonal (una mayor sensibilidad física y emocional, incremento de los dolores ováricos).
Sin embargo, este análisis puramente pedagógico de lo que significa el proceso de extracción de óvulos va dejando una serie de elementos que discurren al margen de la supuesta bondad del tratamiento que va más allá del beneficio mutuo de ayudar a otra mujer a tener hijos a cambio de un poco de dinero. Bouli hace hincapié en la juventud de su protagonista y en los riesgos de una información manipulada donde todo parece demasiado perfecto, sin coste para la salud (el At no cost del título).

El documental deja al descubierto aspectos relacionados con la violencia ginecológica, especialmente a través del trato que recibe Donai por parte del ginecólogo incluso dentro de su amabilidad externa. Algunos comentarios, formulados casi de manera casual en medio de la rutina de la consulta –«qué útero más bonito tienes», le dice el ginecólogo–, evidencian una mirada masculina sobre el cuerpo de la mujer que lo convierte en un objeto. ¿Qué hay de broma o halago y cuánto hay de acoso?
Esta actitud también se manifiesta durante las revisiones destinadas a comprobar la evolución y el crecimiento de los óvulos, en las que aflora cierta violencia (la introducción del aparato para realizar la ecografía) en un procedimiento que, en principio, no debería resultar doloroso.
El documental profundiza en esta reflexión a través de una escena especialmente significativa, en la que Donai ensaya una coreografía sobre el escenario mientras se recita un texto que aborda la cosificación del cuerpo femenino. Este recurso metafórico, al que se suma la representación animada del momento de la extracción de los óvulos, en sustitución de las imágenes reales, permite a Bouli construir progresivamente un discurso que trasciende la mera exposición del procedimiento médico.
El discurso del documental se articula así en torno a la denuncia de la mercantilización del cuerpo femenino y de la falta de información sobre las posibles consecuencias del tratamiento. Bouli prolonga el seguimiento de Donai y vuelve a encontrarse con ella dos años después para conocer las repercusiones que el proceso ha tenido en su salud.
Esta mirada retrospectiva pone de manifiesto la responsabilidad de las instituciones sanitarias, que deberían garantizar, por un lado, que toda la información sobre el procedimiento y sus posibles efectos se transmita de manera veraz y transparente y, por otro, que exista un acompañamiento médico adecuado durante todo el proceso, capaz de detectar y atender las posibles complicaciones físicas y psicológicas derivadas del tratamiento.
Escribe Luis Tormo