44 Festival de Cine Mudo de Pordenone (6): 8 de octubre

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Quinto cuaderno de bitácora: Día de divas, batallas y paisajes musicales

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Las películas de la mañana vuelven a tener a Florence Lawrence como protagonista. Me llama mucho la atención The Test of Friendship (Griffith, 1908), pues un hombre millonario decide poner a prueba la amistad, o más bien, lo que hubiera de sinceridad en ella. ¿Son verdaderos amigos o solo se ven atraídos por su dinero?

Así pues, hace creer, por medio de un engaño, que está en la bancarrota. Esto provoca que su forma de vida se oriente hacia lo más humilde, y ahí es donde esta historia, que parecería inverosímil, cobra un nuevo carácter y se vuelve creíble.

Este joven millonario cambia comodidad por el agotador trabajo en la fábrica (¿somos realmente conscientes de los abusos en ellas antes de que los derechos de los trabajadores avanzaran?). Allí conocerá a nuestra Florence, quien no dudará, cuando él cae enfermo, en vender su hermoso cabello para conseguirle medicinas.

Al final, todo acaba bien; él se recupera y compartirá con ella el resto de sus días, fuera de ese entorno pobre e incluso tosco (lo cual me encanta), donde se ven a chicas fumando cigarrillos. Pasará su felicidad en la verdadera amistad, sea o no con sirvientes a su alrededor.

Esa mirada tosca que Griffith lanza sobre algunas conductas de la parte «pobre» de la sociedad (al menos como él la veía) me atrae mucho, aunque hoy no sea muy políticamente correcto admitir esto.

An Awful Moment (Griffith, 1908) es la otra película que no solo me llamó la atención, sino que me pareció muy buena. ¿Era posible que fuera de 1908? Quisiera destacar la importancia de mencionar que, hasta esta edición de Le Giornate del Cinema Muto en Pordenone, solo se había tenido a disposición una versión desordenada de la historia, y pudimos verla organizada y acompañada por las notas de piano de Daan van den Hurk.

La historia trata de un juez, su amada esposa (Florence Lawrence) y su hija en tiempos de celebración de Navidad. Pero, como en un mal cuento, la historia empieza con la condena de este juez a un hombre que reclama su inocencia sin éxito. Poco después, una mujer con atuendos similares a los de una zíngara (la villana) reclama también su inocencia. Esta será quien, de manera sibilina, siga al juez hasta su hogar familiar, colándose por la ventana en una de mis escenas favoritas. La nieve y la altura no le suponen ningún problema.

Esta mujer se infiltrará en ese hogar idílico y causará todo el mal posible por venganza. Me encantan esos gestos de venganza de la zíngara con el puñal; nada bueno se avecina para el juez y su familia, que al principio no perciben nada amenazador. Mientras tanto, ese espacio amenazante, por la magia del montaje, se transforma en un salón lleno de regalos y un árbol de navidad, creando una tensión palpable.

Solo diré que nuestra Florence Lawrence sufrirá los atropellos de esta mujer en su intento por proteger a su niña. Sin embargo, los besos y abrazos que le da al final, en ese desenlace feliz mientras juegan con los regalos y su hija, hacen que todo ese sufrimiento se desvanezca y se convierta en felicidad.

Decido tomarme un respiro para prepararme mejor para mi segunda diva del festival, Italia Almirante Manzini en L’Innamorata (Gennaro Righelli, 1920). Creo que el trabajo de restauración fue muy costoso, especialmente en lo que respecta a la preservación de virajes y algunos colores que se veían ocasionalmente. Pero es ella, en toda su sensualidad en escenas concretas, quien hace arder la sangre y difícil entender su comportamiento.

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La película la muestra al volante de un coche, bebiendo alcohol y fumando, ya que Manzini interpreta a una caprichosa mujer de alta sociedad en una historia llena de caminos narrativos tan imposibles como melodramáticos. Aunque no es mi papel favorito durante el ciclo dedicado a esta diva, quedó impregnado en mi cabeza, especialmente por cómo se presenta Manzini al inicio.

Aquí citaré el hermoso texto que Marco Grifo le dedica en el catálogo del festival, que la describe a la perfección: «Primero vemos su brazo mientras lo extiende al príncipe para que él bese su mano, luego su escote mientras se aplica maquillaje, con la cámara subiendo lentamente para enmarcar sus labios mientras se pinta los labios, y finalmente mientras maquilla sus ojos. La dirección de Gennaro Righelli utiliza múltiples primeros planos y tomas detalladas de Mara para enfatizar su belleza, encanto y, sobre todo, su carácter sensual».

¿Quién puede resistirse a tal comienzo?  No pude evitarlo y busqué más sobre esta diva por mi cuenta. Encontré en el número 15 de Cine Revista: El Semanario Popular Ilustrado de diciembre de 1921 una referencia con el título directo de «La feminidad de la bella artista». Pero no es esto lo que me interesa, sino el testimonio que nos aporta esta revista sobre el seguimiento de sus películas y su público, lo que nos revela el éxito e impacto que tuvieron sus películas, también en España. Me quedo con la frase del comienzo: «El artista, cuando merece tal nombre, no necesita presentación ni crítica verdaderamente. El público, único e inapelable juez en esta materia, dice la verdad y es inútil disfrazarla con más o menos astucia».

¿Nuestro público español de esos años era más «listo» que el actual? No lo sé, pero para mí, esta edición de Le Giornate me ha traído «de vuelta» a esta actriz maravillosa. En el caso de L’Innamorata, fue bajo la envolvente música de Stephen Horne.

Lamento mucho perderme otra vez, como el año pasado, la Asamblea General de Domitor, que tuvo lugar paralelamente al pase de la película. Para quienes no lo sepan, Domitor es la Sociedad Internacional para el Estudio del Cine de los primeros tiempos, pero ¿por qué me hacen esto? Es imposible dejar de ver a mi segunda diva, y decido, con pesar, renunciar a la reunión. Ya sé que no soy una estudiosa ideal del cine de los primeros tiempos por decidirme por la película en vez de la asamblea, pero así de contradictoria es una. Quizás el año que viene no me lo pongan tan difícil para poder asistir.

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Continuamos prácticamente sin descanso, y me sumerjo en la película Die Dame mit der Maske (1928) de Wilhelm Thiele, que hasta entonces desconocía. La película está acompañada por la música de Günter Buchwald y el percusionista Frank Bockius. Se nota que ambos se conocen muy bien, pues juntos crean una banda sonora perfectamente adaptada a la película, con momentos de gran vibración en los pasajes importantes. Me asombra cómo Buchwald lograba que su violín se escuchara fluidamente junto con el piano, tocando él mismo ambos instrumentos.

El guion es obra de Henrik Galeen, conocido por su trabajo en películas icónicas como El Golem (1914, 1920), Nosferatu (1921), Das Wachsfigurenkabinett (1923-24), Der Student von Prag (1926) y Alraune (1927), todas ellas caracterizadas por su oscuridad y asociadas comúnmente al llamado el expresionismo. Los escenarios fueron diseñados por Erich Czerwonski, posiblemente el arquitecto fílmico menos conocido entre los colaboradores de F. W. Murnau. Czerwonski creó para él los escenarios para Phantom (1922) y la enigmática Die Austreibung (una película perdida de 1923). Die Dame mit der Maske no sería, pues, una mera historia de cabaret o teatro.

La película presenta escenas sombrías que revelan un escenario desolador: la inflación que llevó a la pobreza y la muerte, y que obligó a muchos a sobrevivir como fuera. Este es el contexto de nuestra historia sobre una joven aristócrata que empobrece de la noche a la mañana, junto a su padre. Comienza empeñando lo que puede y se las arregla trabajando en un teatro de revista, en números muy sugerentes, prácticamente sin ropa. Así se sugiere en los carteles anunciantes de los Litfaß de Berlín de la época. Supongo que no pasó por la censura. Para no avergonzar a su padre, le dice que trabaja como profesora de música en una escuela, mientras actúa allí enmascarada, siendo acosada por las propuestas de un traficante turbio, el chantaje y sus bajas pasiones.

Otro dato que muchos no saben es que Hans Richter aparece acreditado como responsable de algunos de los impresionantes trucos sobre las imágenes sobreimpresionadas de la inflación galopante en Alemania, que contextualmente abren la película. Sospecho que tuvo que ver también con los trucos de cámara en los primeros números musicales, en donde nuestra protagonista aparece de manera sugerente como una silueta. Los trucos de cámara, que me recuerdan a Lotte Reiniger, muestran siluetas de cuerpos bailando en sobreexposiciones de paisajes naturales. Impresionan, incluso antes de los intentos de Leni Riefenstahl con su juego de cuerpos y naturaleza, que conduciría a un contexto diferente.

Die Dame mit der Maske fue un descubrimiento. La restauración de 2025, realizada por la Murnau Stiftung, carece de algunos fragmentos, y el final original aparentemente difiere de lo que se conserva hoy, aunque se nos presenta un resumen al final. Si embargo, no todo es oscuro y lúgubre; hay escenas divertidas y números de comedia musical que añaden variedad a la producción.

Después continuamos prácticamente sin pausa con tres obras entre cortometraje y mediometraje de Louis Feuillade.

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La primera, L’Homme Aimanté (1907), es una divertida fantasía sobre un hombre que idea una forma brillante de evitar a los ladrones que intentaron asaltarlo. Encarga una especie de protección de metal similar a las mallas medievales que promete protegerlo de ataques con navajas. Confiado en su adquisición, se retira tranquilo a su hogar. Sin embargo, el joven repartidor detiene su camino para visitar a un amigo en una fábrica que trabaja con una turbina electromagnética gigante. Accidentalmente, la malla de metal se magnetiza e, inesperadamente, atrae todo tipo de metal, dando lugar a escenas verdaderamente hilarantes.

Algunas escenas resultan tan graciosamente picantes, especialmente en la gendarmería, que el público, incluso los más académicos, rompieron en carcajadas. Por fin, una liberación del formalismo académico que a menudo te manda callar desde sus asientos en los momentos de risa más espontánea. El cine no es solo análisis formal; también se siente en las entrañas. Si algo rompió este cortometraje fue ese hermetismo. ¡Viva Feuillade!

El siguiente corto, Lysistrata ou la Grève des Baisers (1910), se basa en el conocido material de la comedia más famosa de Aristófanes. Aquí, sin embargo, bajo la visión más cómica y directa de Feuillade, las mujeres griegas, reunidas por Lisístrata, niegan los besos y caricias de toda índole a sus hombres, como protesta por haberlas dejado fuera de sus decisiones. Lo que en Aristófanes tematiza la lucha de las mujeres contra los hombres causantes de guerras, Feuillade lo transforma en una narrativa cómica que resalta la falta de consideración hacia ellas.

Lagourdette, Gentleman Cambrioleur (1916) es mi favorita. Este mediometraje, más complejo y bien escenificado, ofrece espacio para la autoparodia, una faceta de Feuillade que me encantó descubrir. En esta autoparodia de Les Vampires, que él mismo dirigió, Musidora se muestra fascinada por la adaptación novelada de su propia película, devorando el libro con entusiasmo. La llegada inesperada de Lagourdette interrumpe su lectura y, visiblemente molesta, lo recibe como a otro admirador más. Cuando Lagourdette la llama Mlle. Musi y sugiere que la lectura quizá no sea la más adecuada para ella, supe que la película solo podía mejorar.

Lagourdette decide hacerse pasar por un ladrón de renombre para intentar ganarse el corazón de Musidora. Para ello, cuenta con la ayuda de dos de sus sirvientes, uno de ellos siendo la cocinera interpretada por Léontine, quien protagoniza las escenas más divertidas en el foyer y en el bar del teatro. Durante la representación de un ballet, intentan demostrarle a Musidora lo hábil que su amo es como ladrón, pero salir del embrollo no será fácil, y Léontine tendrá un papel clave. La música de Meg Morley acentúa de manera magistral las escenas de malentendidos y enredos.

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Al terminar las películas de Feuillade, tenía programada una entrevista junto a mi compañero Florenci Salesas con el músico, compositor y director Günter Buchwald. Su currículum es extenso y, aunque la entrevista fue de carácter espontáneo, me encantó y me sentí muy identificada con su manera de entender la música para cine mudo. Hablamos sobre sus ideas y colaboraciones, y fue un privilegio escuchar sus interpretaciones en Pordenone, ya sea acompañado por otros músicos o solo. Fue sin duda un aprendizaje y una experiencia inspiradora el poder hablar con él.

Después de la entrevista, nos apresuramos a ir al Ridotto del Teatro Verdi, ya que no podíamos perdernos la presentación de Richard Koszarski sobre un nuevo DVD acerca de Fort Lee. Habíamos conversado con él y su esposa Diana la tarde anterior, lo que despertó aún más nuestro interés. El DVD, titulado Made in New Jersey: Films from Fort Lee, America’s First Film Town, ya me tiene deseando conseguirlo. No puedo resistir la tentación de tomar varias fotos de las imágenes que presenta, aunque pronto me doy cuenta de que Valerio Greco, con su cámara y su ojo experto, se adelanta y las captura con mucha más precisión.

Por último, a pesar del cansancio acumulado, no quise perderme el evento especial que se celebra a mitad del festival con The German Retreat and the Battle of Arras (1917). Este documental, o más bien una amalgama de varios documentales sobre la Primera Guerra Mundial, captura la gran ofensiva británica de Pascua de 1917.

Dos momentos en particular se quedaron grabados en mi memoria: muestra las escenas más cercanas a la línea de batalla, aunque la mayoría de las imágenes son tomadas desde una mayor distancia. En ambas escenas veo a soldados desorientados, caminando sin rumbo bajo el bombardeo que solo percibía «sonoramente» a través de la música orquestada por Laura Rossi. Era como ver una oscuridad cegadora en plena luz del día. Recordé algunas de estas escenas de incursiones en el material de la película sobre la batalla del Somme.

Otra escena mostraba a soldados americanos posando y fumando frente a la cámara, haciendo bromas. Una se daba cuenta o sabía que esos mismos muchachos en su mayoría no sobrevivirían a los próximos dos meses. La música de Laura Rossi emergía poco a poco, pero fueron sobre todo los coros lo que hizo que algunas escenas de esta obra restaurada me dejasen gran impresión.

Die Dame mit der Maske (1928): La película está acompañada por la música de Günter Buchwald y el percusionista Frank Bockius

La compositora Laura Rossi escribió música coral para acompañar la película. El libreto comprende 12 poemas y textos de la época de la Primera Guerra Mundial. Laura Rossi compuso la partitura investigando diversos materiales, incluidos los diarios de su tatarabuelo, que fue camillero adjunto a la 29ª división. Escuchar esto me impresiona.

Se siente esa emoción, especialmente en las dos escenas que para mí fueron la parte más interesante y conmovedora de la velada. En los créditos finales, vemos que la composición y grabación de la música fue posible gracias al apoyo de The David Lean Foundation, lo cual me llena de curiosidad, ya que no sabía que esta fundación también se dedica a dicho tipo de apoyo.

La segunda parte del evento fue el documental Palestine – A Revised Narrative (2024), una serie de clips de películas digitalizadas en 35 mm filmadas en Palestina durante la Primera Guerra Mundial y montadas siguiendo un ritmo particular. Debo admitir que esta mezcla de material no me emociona mucho, ya que es tan variada como propagandística en muchos casos. Sin embargo, me fijé en la música y el diseño de sonido, que se describían como el alma de la noche, especialmente al ver a Cynthia Zaven, la compositora e intérprete tocar acariciando diferentes varillas situadas sobre las cuerdas del piano.

Ella misma explica en el catálogo del festival: «Tocar directamente sobre las cuerdas y el mecanismo en sí me permitió sumergirme bajo la superficie, donde la imprevisibilidad y la textura revelan un tipo diferente de sonido, y tal vez un tipo diferente de verdad. Al igual que Palestina, el piano preparado se convirtió en menos un instrumento funcional y más en un paisaje: frágil, fracturado, pero aún vivo».

Debo reconocer que su manera de moverse en el escenario (por primera vez, el piano se había montado en el escenario y no en el foro del teatro, oculto a las miradas) y la producción de sonidos a través de las varillas fue lo que más me atrajo. La narrativa revisada de los fragmentos del documental no lo hizo tanto.

Escribe Laura Bondía | Fotos Pordenone y Valerio Greco | Álbum de fotos nº 6

Cynthia Zaven, la compositora e intérprete tocar acariciando diferentes varillas situadas sobre las cuerdas del piano. Foto: Valerio Greco