44 Festival de Cine Mudo de Pordenone (8): 10 de octubre

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Octavo cuaderno de bitácora:  El enigma de Dorothy Mackaill y su mirada

Foto: Valerio Greco

Comenzaré este cuaderno de bitácora de una manera inusual, desde el final y de forma no cronológica. Aquel día ya me encontraba bastante enferma, pero no creo que el impacto de ver The Man Who Came Back (Emmett Flynn, 1925), la película de la noche, se debiera a mi malestar o ensoñación febril. Fue una experiencia que desató una ola de emociones.

¿Qué era esa película? ¿De dónde había surgido, y sobre todo, quién era ella, su protagonista? ¿De dónde salió Dorothy Mackaill?

La muchacha de la mirada fascinante presente en el cartel de la edición de este año es la protagonista. Vimos esta película por primera vez, una cinta perdida y olvidada, lo cual es trágico, más aún porque gran parte de la obra de Dorothy Mackaill ha quedado en el olvido. Verla resurgir así, después de 100 años, ante nuestros ojos fue pura emoción, no una febril alucinación.

The Man Who Came Back es una película extraña. Opté por no leer nada sobre ella antes de verla, con la intención de preservar su enigmático aire. ¿Fue una buena decisión? No estoy completamente segura, pero tras verla, sentí que el argumento, al reducirlo a su esencia, podía parecer trivial. Sin embargo, algunas escenas que perduraban en mi memoria tenían una pasión desbordante y claramente autodestructiva, lo que me mantenía en un estado de impacto a lo largo de todo el visionado.

La película cuenta con la misteriosa Dorothy Mackaill y un joven George O’Brien como protagonistas, mucho antes de Sunrise, de Murnau, e incluso antes de 3 Bad Men, de John Ford. De hecho, este fue el primer papel protagonista de O’Brien. En algunas escenas, la interacción entre ambos parecía desafiar la parte más folletinesca del argumento, como si las imágenes contradecían esa visión tan melodramática, lo que resultaba realmente intrigante.

Dudo si comprendí la película completamente después de verla, ya que el final no me parece encajar con las diferentes dimensiones del personaje de Mackaill. Quizás faltaran escenas cruciales que nunca sepamos si podrán ser vistas. El desenlace me resultó demasiado dulce y algo tedioso; no creo que nuestra protagonista hubiera pasado de lo más «degradado» a lo más «puro» tan fácilmente. Estas palabras son utilizadas por la revista española de Arte y cinematografía en su número 292 de julio de 1925.

Mi confusión con los fragmentos que vi me llevó a investigar más sobre ella en revistas de la época. Las dos páginas dedicadas a esta película en Arte y Cinematografía parecen más enfocadas en una estrategia de marketing de Fox, en particular de su franquicia hispana y portuguesa: Hispano Foxfilm, S. A. E. La revista elogia «la importante casa Foxfilm Corporation» y a «Mr. William Fox» como supuesto garante de la fidelidad de la adaptación de la obra teatral a la pantalla. El autor escribe sobre el argumento así: «obra moral por excelencia en que el lujo ocioso y libertino, después de descender hasta el último peldaño de la degradación, se regenera merced al amor puro y santo de una mujer y vuelve a casa de su padre, no como el legendario hijo pródigo, enfermo y quebrantado de cuerpo y espíritu, sino como triunfador de sí mismo, como el hombre que ha sabido vencer sus pasiones».

Estas líneas me hacen cuestionar si realmente vi la misma película en el Teatro Verdi, ya que la versión que se proyectó estaba incompleta y algunas escenas eran de corte muy diferente a las anteriores. En mi mente se mezclaban lugares cuya motivación no entendía bien; seguía el camino de la protagonista tras George O’Brien, junto a él e incluso adelantándose a él, viajando por San Francisco, Nueva York (¿quizás al revés?), Shanghái y Honolulu. Era un collage de lugares introducidos por carteles aclaratorios que planteaban más preguntas que respuestas.

Accedí a diferentes revistas estadounidenses, pero en este cuaderno me centraré en la revista española Arte y cinematografía. Según esta publicación, la película posee un marcado tinte moral, especialmente evidente en su desenlace, aunque su desarrollo es sugerente y enigmático. La «degradación» mencionada en relación al personaje masculino es, en realidad, un camino compartido y complejo.

Las escenas que faltan, mostradas solo en algunos fragmentos, sugieren que la protagonista también experimenta una caída en los «infiernos» de Shanghái o incluso de Honolulu. Esta parece no ser causada únicamente por la dependencia de diversas sustancias, sino también, en el caso de ella, por una pasión que la consume desde dentro, sacudiéndola y llevándola a actos antes insospechados, haciendo que se abandone a cosas que jamás habría aceptado.

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No se trata solo de los infortunios del hijo pródigo y su adicción, sino de un sufrimiento físico y destructivo que también le afecta a ella. Afortunadamente, la protagonista no muestra un ápice de «santidad», como Arte y Cinematografía sugiere; por el contrario, exhibe una pasión inevitable y contundente que la empuja a degradarse junto al protagonista, aunque no sabemos del todo cómo, debido a las partes claramente perdidas de la película.

La película no se centra en el declive moral, sino en el potencial autodestructivo, que es lo que realmente define a ambos personajes. Aunque algunas escenas parecen sacadas de una novela por entregas o de un anuncio de refresco, esta amalgama de elementos y escenarios diversos contribuye a su carácter único y enigmático. He decidido dejar este enigma latente y dedicarme a él en el futuro, con la sensación de que la presencia de Dorothy Mackaill y su mirada me acompañará durante el resto del festival. Creo que he encontrado a mi tercera diva, y seguiré su obra para desvelar sus misterios. No quiero olvidarme de dar un gran crédito a la música de John Sweeney, quien, con su piano, logró conmoverme en las escenas más singulares de la película.

Previo a la proyección de The Man Who Came Back, se celebró la ceremonia de entrega del Premio Jean Mitry. Este galardón reconoce a personas e instituciones que se distinguen por su dedicación a la conservación y difusión del legado del cine mudo. Este año, el premio fue concedido a Andrea Cuarterolo y Georgina Torello, que desde 2015 editan la revista Vivomatografías, centrada en el estudio del precine y del cine temprano en América Latina, así como a la archivista e historiadora del cine Paula Félix-Didier.

Comencé este cuaderno del día 10 de manera no cronológica. Vi muchas películas ese día, y entre ellas tuve la maravillosa oportunidad de conversar y entrevistar al maestro José María Serralde, en compañía de Florenci Salesas. Fue un lujo presenciar una conversación de artista a artista, ya que Salesas también es músico y creador. Ambos parecían tener muchos puntos en común, y esa complicidad, creo, se reflejó en nuestra conversación.

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Soy incapaz, después de escribir estas líneas, de resumir fielmente los maravillosos cortometrajes y fragmentos que vimos de Victor Sjöström durante las primeras horas de ese penúltimo día del festival. Fue un auténtico descubrimiento, y prometo que volveré a ellos más profundamente: Världens Grymhet / Trädgårdsmästaren (1912), Ett Hemligt Giftermål eller Bekännelsen på Dödsbädden, Äktenskapsbyrån, Det Omringade Huset (1922). Tomé notas apresuradas y en no muy buen estado de algunas cosas que me llamaron la atención. Estos descubrimientos fueron fascinantes.

Curiosamente, Magnus Rosborn, el archivista, curador y restaurador de películas en el Svenska Filminstitutet (Instituto Sueco del Cine), se sentó en una esquina muy cerca de mí durante la proyección. Aplaudí con entusiasmo y no pude evitar felicitarlo por su trabajo. Le pregunté si sería posible ver estas películas en su web, pero no será posible debido a cuestiones de derechos.

Lamentablemente, debo dejar para otra ocasión un comentario más detallado sobre mi segunda diva, Italia Almirante Manzini, también descubierta en este festival, y la emocionante película La Piccola Parrocchia (1923), de Mario Almirante. La película es un auténtico melodrama con escenas intensamente sensuales y apasionadas, un cúmulo de emociones difícil de asimilar en un solo día.

Me dejó la impresión de un personaje herido y lleno de amor que no encuentra la reciprocidad que merece. Además, destaca la figura antagónica de una madre, quien eventualmente comprende y recapacita, y una escena mágica en el dormitorio, donde un pajarillo entra por la ventana y la protagonista se encuentra sobre una cama hecha, consumida por la pasión. Esa desbordante intensidad terminó por sobrecargar las emociones acumuladas durante jornadas anteriores.

Ese día también estuvo marcado por las animaciones de Koko, de Max Fleischer, el premio Jean Mitry y varios cortos entrañables de Chaplin. Sin embargo, debo admitir que los numerosos discursos se me hicieron largos, ya que deseaba ansiosamente ver a Dorothy Mackaill y desentrañar el enigma de su mirada, esa mirada que invita a perderse en un extraño mundo donde una se abandona a su suerte sin saber qué encontrará.

Escribe Laura Bondía | Fotos Pordenone y Valerio Greco | Álbum de fotos nº 8

Los ganadores del premio Jean Mitry. Foto Valerio Greco