Si hubiera un extraterrestre entre nosotros
Escribe Purilia
Al caer la noche del pasado jueves 30 de abril, se inauguraba la sexta edición del Festival internacional de cine documental de Madrid, DocumentaMadrid 2009, en un acto sobrio, cinematográfico y musical que contó con la presencia de un invitado de honor excepcional: el reconocido pianista Michael Nyman.
Dos horas de gala inteligente y de calidad, conducidas por Rosa María Mateo, durante las cuales se proyectaron varios documentales, se recordó la anterior edición, se presentó la actual, con un repaso a todas sus secciones y homenajeados, y se asistió a la actuación en directo del célebre compositor.
Con un guión fluido, ameno y original de Gonzalo de Pedro, la presentadora se dirigió durante el acto a un posible extraterrestre que, camuflado entre el público, pudiera estar en la sala preguntándose qué es DocumentaMadrid y qué podía esperar de él.
Durante una hora, el escenario fue ocupado por la imagen y la palabra. Se explicó qué es el cine en general ("imágenes moviéndose rápido por una pantalla"), el documental y DocumentaMadrid como espejo de sus múltiples caras; en particular; se dio las gracias a los patrocinadores, se ofreció un resumen de la pasada edición y por supuesto se hizo una introducción a la presente, en la que se mencionaron todas las secciones del festival, el recuerdo de la obra de destacadas figuras nacionales (Manolo Summers, José Luis Borau) y extranjeras (Chris Marker, Frederick Wiseman, Santiago Álvarez…), el homenaje a una leyenda viva de la historia del cine como Manoel de Oliveira, los encuentros con realizadores, las clases magistrales… además de un sin fin de posibilidades (Elegías íntimas, Distrito artes…) que durante diez días interconectan los espacios de la capital con el pretexto de ver buen cine.
La segunda mitad de la gala fue íntegramente dedicada a la actuación de Michael Nyman. La presentadora se despidió y dejó que el escenario fuera habitado, únicamente, por la música y las imágenes. Mientras éstas desfilaban ante nuestros ojos, sentado al piano, a la izquierda de la pantalla, como si de una de aquellas primeras proyecciones sonoras se tratara, Nyman puso su música a los documentales: Manhatta (1921) de Paul Strand, Á propos de Nice (1929) de Jean Vigo y Witness I (2008) de factura propia. La audiencia se rindió a sus pies, suponemos que el extraterrestre también.
Las proyecciones
El aperitivo cinematográfico proyectado durante la gala fue excepcional. Además de las tres películas mencionadas que cerraron la inauguración, previamente se habían proyectado para abrir el evento, dos poemas audiovisuales, también de Michael Nyman y un ensayo audiovisual de León Seminiani que gustó mucho al público.
Manhatta (1921)
Charles Sheeeler y Paul Strand. Estados Unidos. (9 min.)
Sinfonía visual vanguardista de la ciudad de Nueva York, realizada conjuntamente por el pintor y fotógrafo Charles Sheeler, que llevaba diez años fotografiando la ciudad, y su colega, el también fotógrafo Paul Strand. Inspirados por el cubismo y por fragmentos de Leaves of Grass del poeta Walt Whitman, su composición revela el interés por el individuo incardinado en una ciudad que geométricamente le engulle y le rechaza.
Una ciudad en blanco y negro, mirada expresivamente desde ángulos poco convencionales, poseída por la bullente multitud que desemboca en ella cada mañana o que transita por sus calles y puentes, por sus impersonales construcciones, por el humo de las fábricas, de los primeros automóviles, los trenes, los barcos… y el sol poniéndose al final del día sobre la bahía de Hudson.
Una recreación poética y cotidiana de la ciudad de los rascacielos, en un día cualquiera, compuesta de imágenes, sonidos y textos superpuestos, que cobraron nueva vida bajo las notas de Michael Nyman.
À propos de Nice (1929)
Jean Vigo. Francia (23 min.)
Primer cortometraje documental del malogrado Jean Vigo. Con fotografía excepcional de Boris Kaufman (hermano de Dziga Vertov), Vigo realiza su particular sinfonía visual de la ciudad de Niza a finales de la década de los felices años veinte, en una desordenada pero expresiva composición crítico-estético-social que muestra el retrato mordaz y sarcástico, real y simbólico, de dos clases sociales contrapuestas: la burguesía ociosa que pasa sus vacaciones en ella entre casinos, hoteles, bailes, deportes de élite y baños de sol, y los obreros y miserables que viven en los barrios bajos de la ciudad entre basura y enfermedad.
Mezclados en el paseo marítimo de la ciudad, unos pasean con sus perros, sus abrigos de pieles, pamelas y sombreros, bastones y sombrillas, o toman el aperitivo en las terrazas o dormitan al sol… mientras los otros piden (gitana con niño) o les sirven (barrenderos, camareros, limpiabotas).
Las imágenes aéreas de los primeros planos nos introducen en una ciudad con dos latidos: el de la vida y el de la muerte; el de los pobres, que luchan por la vida y disfrutan de sus festejos, en desorden (imágenes del carnaval, de muchachas bailando desinhibidas sobre las carrozas, a cámara lenta…), y el de los ricos ociosos y aburridos que, rígidos, escoltan a la muerte (comitiva que sale de la iglesia tras el carruaje fúnebre, a cámara rápida) o la veneran (esculturas barrocas de las tumbas del cementerio).
Documento experimental y entusiasta, reflejo de una realidad transmutada en símbolo, en crítica, en reflexión a través de un montaje yuxtapuesto, casi "de atracciones", con guiños buñuelianos (la mujer desnuda con las piernas cruzadas) en el que conviven mensaje y recursos formales casuales y creativos (planos generales inquietos, oblicuos, giratorios, con otros firmes y cortos de rostros extremos; con angulaciones muy expresivas, picados, contrapicados, nadir…) en un profundo compromiso con la existencia.
Límites (1ª persona)
Elías León Siminiani. España (8 min.)
Ensayo audiovisual en el que el autor dirime los límites que transforman una filmación de aficionado en auténtico cine. El pretexto de esta reflexión parte de la filmación privada realizada por una pareja durante un viaje por el desierto. Él la graba continuamente a ella y no deja de mirarla a través del ojo de su objetivo sin otra comunicación entre ellos que la que se deriva de la interposición de la cámara.
A través de una lúcida tergiversación de los términos del discurso, el creador audiovisual, filma lo que ve, la realidad, que unas veces le compete y otras no tanto, se involucra o no en la historia, pero siempre sin dejar de filmar, de mirar a través de la cámara. La sorpresa se produce cuando su mirada se duplica al contemplar lo filmado y encontrarse que la realidad también puede redefinirse y seguir siendo real.
Witness I (2008)
Michael Nyman. Reino Unido (6 min.)
Una banda sonora intimista y emotiva escolta las imágenes casi veladas de los rostros de presos gitanos encerrados en un campo de concentración nazi del sur de Francia durante la Segunda Guerra Mundial.
La película, realizada a partir de las fotos policiales que muestran los rostros de perfil y de frente de los detenidos, expuestas en una sala del festival fotográfico de Arlés, adquirió ese efecto espectral y de movimiento de luces y sombras al ser filmadas a través de las vitrinas mientras una cortina, que las protegía de la luz del sol, ondeaba caprichosamente.
La monocromía sepia invoca a la memoria, al recuerdo, a un pasado funesto contra el que hay que conculcar el olvido.
Witness II (2008)
Michael Nyman. Reino Unido (6 min.)
Los testigos mudos que ahora convocan el recuerdo son los de varios judíos polacos asesinados en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. Con la misma banda sonora que Witness I, la esencia de sus rostros se desvanece sobreimpresionada sobre imágenes de los tablones de madera nudados de los barracones que habitaban.
A través de las fotografías en las que aparece el nombre, número de serie, fecha de entrada en el campo y fecha de fallecimiento de los prisioneros, Nyman expresa su doloroso lamento en una hermosa composición audiovisual que contrasta con el horror de la barbarie que invocan.
Love train (2006)
Michael Nyman. Reino Unido (6 min.)
En consonancia con el más puro vanguardismo futurista y dadaísta, las máquinas también pueden amarse y ser amadas. Su belleza y su erotismo deleitaron a Picabia, Duchamp, Man Ray… Famosa es la comparación hecha por Marinetti en su manifiesto de 1909 sobre la explosiva hermosura de un automóvil frente a la de la Victoria de Samotracia, o la duchampiana sobre la perfección de la hélice de un avión frente al arte del momento.
En la película, la cámara se convierte en testigo embelesado del romance mecánico entre dos vagones de un tren turístico en Túnez. Con largos planos fijos y reiterativos y encuadres simétricos, deudores de la estética conceptual greenawayana de sus primeros cortos, y sin diálogos, Nyman compone un poema audiovisual (con música extraída de la película sin estrenar Mesmer, 1994) en el que el roce, la caricia, el beso… de dos máquinas constituye una metáfora encubierta del deseo, y manifiesta del amor puro correspondido, pero que sometido a los envites del destino no siempre puede consumarse.