Escribe Purilia
Reencontrarse con el cine humanista, directo y lírico de Satyajit Ray es siempre gratificante. Imagine India le dedica en esta edición una retrospectiva en la que proyectan cinco de sus películas –La expedición (1962), Kanchenjunga (1962), El zoo (1967), El adversario (1970) y Un trueno lejano (1973)-, las mismas que bajo el epígrafe Clásicos del cine indio acompañan a otras dos de Tapan Sinha.
Retrospectiva Satyajit Ray
Nacido en Calcula en 1921, en una culta y acomodada familia bengalí de intelectuales, científicos y artistas, Satyajit Ray es probablemente el director de cine indio más universal. La cuidada composición de sus imágenes y su sensibilidad visual no proceden sólo de la herencia familiar sino de su formación como artista. Cursó estudios de Bellas Artes en la universidad Visva-Bharati (fundada por Rabindranath Tagore) en Santiniketan, y posteriormente estudió diseño gráfico; después trabajó como ilustrador y director de arte publicitario antes de dedicarse al cine.
Su pasión cinematográfica se fue cimentando paulatinamente, primero cofundó en 1947 la Calcuta Film Society, lo que le facilitó el visionado de muchas películas extranjeras; le siguió el descubrimiento de la obra de Jean Renoir, al que conoció en la India durante el rodaje de El río (1949). Pero fue el neorrealismo italiano y concretamente Ladrón de bicicletas (1948) de Vittorio de Sica, el detonante que decantó definitivamente su trayectoria profesional hacía el séptimo arte.
Su primera película, Pather Panchali (La canción del camino), estaba basada en una novela clásica de la literatura bengalí, que Ray había ilustrado años atrás para una versión infantil del libro. Rodada con un equipo técnico novel, un elenco no profesional y gran esfuerzo económico, tardó tres años en ver la luz (1952-55), pero cuando finalmente se estrenó alcanzó un gran éxito internacional.
A ésta le siguió, en 1956 Aparajito (El invencible) una continuación de la anterior que consiguió el León de Oro en el Festival de Venecia en 1957. Ambas películas se completarían con una tercera, Apur Sansar (El mundo de Apu), en 1959, que cerraría la llamada "Trilogía de Apu" una obra cinematográfica que narra la historia de Apu desde su nacimiento a la edad adulta y que está considerada su obra maestra.
Creador de más de una treintena de películas, entre largos, cortos y documentales (La sala de música, Las tres muchachas, La mujer sola, El cobarde, Un trueno lejano, La jungla humana, Pikoo, El ojo interior…), la mayoría escritas por él mismo, su preocupación esencial fue siempre su gente y su entorno, el ser humano y su inmersión en un mundo cambiante que zarandea sus condiciones de vida, ideología, economía y moral.
Su implicación en cada proyecto era total y participaba activamente en todas las facetas de sus películas, bien como creador (guión, dirección, música, cámara, créditos, material publicitario…) o estrecho colaborador (dirección artística, edición…).
El humanismo impresionista y desencantado de Renoir y el neorrealismo descarnado y austero inspiraron el estilo naturalista y poético que le caracteriza, pero su profunda, pausada, estética y simbólica mirada son aportación personal.
Artista total, fue además de ilustrador, diseñador y cineasta completo, escritor, editor y crítico cinematográfico.
Reconocido y premiado internacionalmente durante su vida, su último galardón fue el Oscar honorífico que se le concedió en 1992, y que recibió, ya gravemente enfermo, pocas semanas antes de morir.
Un trueno lejano (1973)
En 1943, murieron en Bengala más de cinco millones de personas en la hambruna más grande jamás conocida en la India. Como homenaje y en recuerdo a las víctimas (muertos y supervivientes) Satyajit Ray rodaba esta dramática y sensible película, merecedora del Oso de Oro en la 22ª edición de la Berlinale (1973).
Aunque la copia en DVD exhibida -en versión original bengalí, subtitulada en inglés y doblada al castellano-, dejaba bastante que desear, permitiremos que la intensidad de su mensaje trascienda, por esta vez, la mala calidad de las imágenes.
Sinopsis
La acción se sitúa en una aldea bengalí durante la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de mujeres jóvenes se bañan en las espesas aguas, blancas y contaminadas, del río ,jugando y riendo alegremente mientras por el cielo pasa una escuadra de aviones de guerra en formación. Una de las muchachas compara, en su ingenuidad, el mortífero escuadrón con una bandada de patos.
La más bella de las jóvenes bañistas es la esposa de Gangacharan el nuevo brahmán del pueblo. La feliz pareja, recién llegada, es muy bien acogida por los miembros de esta comunidad rural formada por gente sencilla e ignorante. Él es médico, predicador y maestro, ella una sumisa ama de casa; llevan cuatro años casados, no tienen hijos y disfrutan de una situación económica acomodada.
Ambos son buenas personas, pero perciben la realidad de forma distinta: el marido culto y arrogante se siente superior a los habitantes del pueblo, saca provecho de sus conocimientos y consigue favores, dinero y prebendas a cambio de sus servicios, actuando, si se lo solicitan, incluso como hechicero. La esposa, en cambio, es generosa y solidaria y comparte su tiempo, su amistad y sus bienes con quien lo necesita.
Como consecuencia de la guerra, el arroz, que es el alimento base de la población, empieza a disparar su precio y a escasear, con lo que las clases más humildes serán las primeras en empezar a sentir los pellizcos de la hambruna. Lo peor y lo mejor de la naturaleza humana aflora en los malos tiempos y mientras algunos roban, saquean, comercian sexualmente a cambio de alimento… otros como el Pundit observan atónitos el espectáculo de la desesperación con una mirada más compasiva y sensible.
La carencia llega también para la joven pareja, pero la perspectiva común con la que ahora contemplan el mundo quiebra las barreras y los prejuicios sociales que les separaban de los miserables, y afrontan la miseria a su lado.
Lirismo neorrealista
El matrimonio formado por el brahman y su esposa son los personajes principales alrededor de los cuales se construye esta historia de desolación y muerte. Y aunque su perspectiva del mundo empieza siendo diferente, el hambre y sus consecuencias (la pérdida de valores, de autoridad, la eliminación de las distinciones de clase…) terminarán por enfocar su mirada en una misma dirección.
La esposa, aunque altruista y fraternal, se mantiene fiel a su casta y no tiene que humillarse como sus amigas para sobrevivir. Su estatus le impide rebajarse y afronta la necesidad con dignidad y resignación. El marido, en cambio, que comienza siendo altivo y presuntuoso, cuando percibe cómo su status y autoridad se resienten ante la adversidad, no duda en humillarse para conseguir alimento para su esposa.
Su mayor prueba de amor hacia ella, la que definitivamente le despojará de su egoísmo anterior, será cuando se niega a ingerir el alimento que le ofrecen en una casa rica, a la que ha acudido a comprar arroz, porque piensa en su mujer, sin nada que comer, esperando su regreso.
Su concepción clasista del mundo y su percepción de la realidad cambian radicalmente ante la barbarie, la insolidaridad y la falta de escrúpulos que observa a su alrededor. Los peores instintos del hombre afloran en los malos tiempos y el comportamiento amable, sumiso y servicial que antes le deparaban los habitantes de la aldea se transforma, ante el acecho de la muerte, en agresión, desprecio e insumisión.
Ray muestra el cambio total que experimentan los seres humanos al pasar de convivir con la cotidianeidad, aunque precaria, a padecer el hambre y presentir la muerte. El espíritu alegre que se respira al principio de la película, cuando la vida transcurre en armonía y las imágenes (paisajes naturales, puestas de sol, árboles…) son tranquilas, los diálogos intrascendentes y los personajes adoptan cierto tono jocoso y hasta pícaro, se transmutan, cuando la hambruna empieza a hacer estragos; la amargura, el dolor y el drama no dan tregua al humor.
Realidad y símbolo conviven en armonía sin entorpecerse, induciendo al espectador a buscar respuestas en la contemplación de lo aparentemente trivial. Ray rescata imágenes sencillas, primeros planos generalmente, trascendentes en su nimiedad aparente, cuya significación no pasa desapercibida; como las dos mariposas de color posadas sobre las piedras grises que aluden a los jóvenes esposos, hermosos y cultos perdidos en esa humilde aldea; o el lagarto inmóvil mimetizado con el entorno, como los cuerpos de los muertos de inanición sobre la tierra, confundidos con ella; el canto y el colorido de un pequeño pájaro recuerda que aún en tiempos de muerte hay belleza en la generosidad o la escuadra de aviones comparada con una bandada de patos o el agua banca y espesa del río fuente de vida (purificación) y de muerte (epidemias)…
Sin embargo, no hay resentimiento en el mensaje ni hacia la guerra, ni hacia los hombres, ni sensiblería en el tratamiento, sólo una mirada áspera y objetiva no exenta de cierto lirismo simbólico, necesario para distanciarse de la tragedia sin dejar de aludir a sus efectos.