Primeros títulos proyectados

Se ha inaugurado la 59 edición del Festival de Sitges, o dicho de manera más protocolaria, del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya 2026.
Sea como fuere, nos gustaría comenzar esta crónica haciéndonos eco de las distintas polémicas que han acompañado en las últimas semanas a la previa del festival. Intentaremos ser lo más objetivos posibles, aunque también nos hayamos visto afectados de una u otra manera.
El primer punto conflictivo tuvo lugar a la hora de conceder las acreditaciones. La polémica estalló a finales de agosto debido a un endurecimiento o cambio de política por parte de los responsables de prensa, lo que de buenas a primeras dejó a numerosos medios especializados y habituales sin pase.
El festival rechazó las solicitudes de acreditación de periodistas veteranos y medios locales o alternativos que llevaban años cubriendo el evento. En redes sociales, muchos afectados y cinéfilos acusaron a la organización de priorizar a creadores de contenido y perfiles generalistas frente a la prensa especializada.
Ante el revuelo, el Festival de Sitges emitió un comunicado a para justificar los criterios de selección y explicar los motivos detrás de la denegación de pases (mayor presencia de medios internacionales y limitación de espacios), aunque esto no evitó el malestar en el sector.
El segundo punto complicado llegó con la preventa de entradas, ya que se generó un malestar y quejas en redes sociales por fallos en el sistema de validación de abonos y la pérdida de localidades reservadas. Varios usuarios que habían adquirido el Pack Súper Fan denunciaron que el sistema les invalidaba los códigos o les indicaba erróneamente que ya habían sido utilizados al intentar canjearlos por las entradas de las sesiones.
Las protestas también se centraron en la imposibilidad de asegurar las butacas deseadas y en la falta de respuesta rápida por parte de los canales de atención al cliente del festival durante el proceso. Lo cierto es que en este asunto ya llueve sobre mojado y en anteriores ediciones también se detectaron este tipo de problemas.
Por último, el respetable también se quejó sobremanera de que algunas sesiones cambiaron de película anunciada una vez ya adquirida la entrada, con la inconveniencia de tener que pedir el retorno del dinero o tener que acudir a ver una película diferente a la que se había anunciado en esa sesión.
Entendemos que organizar un festival del calibre del de Sitges no debe de ser precisamente una tarea sencilla, pero el problema de fondo viene cuando la relación calidad-precio se empieza a resentir. Una acreditación del Festival cuesta entre 75 y 90 euros, tratándose de un Festival que todavía no ha alcanzado la categoría A, y cada edición las entradas están más caras, pero no se atisba una mejoría en cuanto a los espacios donde se exhiben las películas.
Esperamos que pronto se pueda poner remedio a todo esto que hemos explicado, porque lo cierto es que las dinámicas de este evento cada vez son más complicadas.
Y ahora sí, vamos a las películas, que son la razón de ser de todo buen aficionado al cine de género que aquí encuentra de todo, como en botica.

Found Alive
Película que ha inaugurado oficialmente el festival y que, en líneas generales, ha gustado bastante entre el entusiasta público asistente; la gente incluso aplaudía en los momentos previsibles. Pero así somos aquí en Sitges: no es algo malo, supongo que es lo esperable, y más contando con que esto acaba de empezar y vamos con las pilas cargadas. En cuanto pasen unos días ya veremos si el nivel de alegría colectiva se mantiene…
Tras haber sobrevivido a un secuestro traumático en su adolescencia, Reeve LeClaire, intenta reconstruir su vida. Cuando su psiquiatra le pide que ayude a otra víctima recientemente rescatada, se ve atrapada en un peligroso juego que amenaza con arrastrarla de nuevo a la pesadilla de la que apenas logró escapar.
¡Hablemos de la película en sí! Gran dirección, buen reparto y ritmo. Dicho esto, hay momentos que ponen a prueba la suspensión de la incredulidad, por así decirlo. Y es algo constante. No destripo nada si digo que ningún agente inmobiliario organizaría una jornada de puertas abiertas en pleno aguacero.
Tampoco hago spoiler alguno al mencionar un secuestro bastante violento, aunque muy logrado, cinematográficamente hablando, a plena luz del día en una zona residencial: aunque sea posible… bueno, la dinámica no termina de encajar, la verdad. A ver, no me ha entusiasmado, pero sí me ha gustado. Hay que verla con expectativas moderadas.

Ithaqua
Para comprender mejor el contenido de esta película, conviene pensar en títulos como Abierto hasta el amanecer y el largometraje ganador del Oscar Los pecadores. La trama comienza como un drama de época ambientado en un puesto de avanzada aislado, donde conseguir alimentos parece ser el principal problema, sumado a las tensiones entre Cole y sus superiores.
La historia da un giro muy sombrío cuando entran en juego fuerzas sobrenaturales, lo que desencadena una serie de asesinatos brutales y una lucha desesperada por la supervivencia. El guion explora con acierto a los personajes y sus conflictos, creando una atmósfera cargada de terror y violencia.
Corre el año 1821 y la historia se desarrolla en Fort Thomas, un remoto puesto de comercio de pieles situado en Canadá. Es invierno y la nieve lo cubre todo. Cole, un mercenario estadounidense, se encarga de cazar y abastecer de alimentos al puesto. Una noche, llega una misteriosa joven nativa americana y es llevada al interior del fuerte.
Poco después, ante la escasez de provisiones, los responsables deciden enviar una pequeña expedición, en la que participa Cole, para localizar la tribu de la joven con la esperanza de conseguir comida. Durante la travesía, el grupo se topa con una fuerza siniestra que amenaza la vida de todos.
La puesta en escena es impresionante y recrea un entorno de principios del siglo XIX. Los edificios, los tipis (las tiendas utilizadas por los nativos americanos) y el armamento lucen fantásticos, al igual que el vestuario, obra magnífica de la diseñadora Kristin Somborac. La fuerza oscura que amenaza a los personajes transforma a la gente en una especie de maníacos hambrientos de carne, y tanto el maquillaje como los efectos sangrientos merecen un gran reconocimiento.

Chapter 51
Una historia de asesino en serie construida a partir de metraje IMAX y chismes de estudio debería sentirse como una trampilla bajo el suelo reluciente de Hollywood. Chapter 51 reúne los ingredientes para ese tipo de placer perverso: una película ficticia de 500 millones de dólares titulada Dissident, tres actrices asesinadas, un asesino que publica sus crímenes en internet y un exanalista de conducta del FBI que intenta reabrir la herida años después.
Tyler Shields —quien ejerce como guionista, director, director de fotografía, productor y actor— interpreta a Thomas Scott, el investigador que guía la película a través de su estructura de falso true crime.
Chapter 51 destaca sobre todo como una pieza visualmente sofisticada que refleja la obsesión de Hollywood por mitificarse a sí mismo. El dominio que Tyler Shields demuestra sobre los formatos cinematográficos, las sombras, las texturas y la escala confiere a la película una estética seductora, y su premisa —que simula un caso real de crónica negra— encierra una aguda reflexión cultural.
Sin embargo, el misterio del asesinato carece del mismo rigor: la acumulación de sospechosos se diluye en arrebatos temperamentales, y Dissident nunca llega a transmitir la sensación de ser el monumento cinematográfico que todos proclaman. Es, en definitiva, un experimento visual impactante atrapado en una trama de intriga policial más bien endeble.

River
Un padre fallecido puede dejar tras de sí propiedades, deudas, fotografías o un negocio. También puede dejar a tres hijos con versiones incompatibles de una misma infancia. Esa es la herencia que Joshua Giuliano otorga a los hermanos en River, y, por momentos, la violencia de la película parece casi secundaria frente a la discusión que ya se está librando en el barco.
Al principio, pensé que se trataba simplemente de la conocida fórmula del terror: duelo más aislamiento, sumado a un hombre enorme con escasas habilidades sociales. El planteamiento invita a esa interpretación.
Lucy, Carla y Drew se reúnen tras la muerte de su padre para llevar sus cenizas al río que él tanto amaba. Su embarcación sufre una avería cerca de un puente en ruinas. Los teléfonos y la radio dejan de funcionar. Alguien de tamaño descomunal los observa desde la orilla. Todos hemos vivido esta situación en el cine, aunque preferiblemente no en la vida real. Entonces, Carla empieza a hablar de su padre.
River funciona mejor cuando Joshua Giuliano permite que el propio río se convierta en un territorio hostil, valiéndose del sonido, la distancia y los recuerdos fragmentados de los hermanos para dotar de una tensión inesperada a los mecanismos habituales del slasher. Jane Levy, Jessica Rothe y Max Mattern logran que el conflicto familiar resulte conmovedor, mientras que Dane DiLiegro aporta una imponente amenaza física.
La película pierde algo de su identidad una vez que la persecución llega a tierra firme, momento en el que la originalidad cede paso a las convenciones. Aun así, se trata de un debut sólido cuyas mejores ideas sugieren que Giuliano podría resultar más aterrador si prescindiera del manual de reglas del género.
Escribe Francisco Nieto | Fotos Sitges 2026
