Sitges, Festival de cine fantástico de Cataluña (2): sin entradas

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Paseo como un zombi

La 'zombie walk', la jornada más participativa de SitgesTomamos un buen descanso y enjuiciamos positivamente uno de los mejores restaurantes de Sitges, actos que nos hemos visto obligados a hacer debido a que hoy no quedan entradas ni para las películas españolas a concurso, y eso que tienen varios pases.

Perdón, he exagerado demasiado: para Carne de neón todavía quedan, parece que el director no tiene muchos amigos, o todos están en la zombie walk.

Quizá en otro momento nos podamos extender más en la que se ha convertido en una de las jornadas memorables de Sitges: con el beneplácito del mismísimo George A. Romero, que llegó a encabezar esta cabalgata zombi en alguna edición anterior, cientos de jóvenes se someten a una larga sesión de maquillaje gratuito (ojo, lo único gratuito en Sitges) y luego desfilan por las calles de la ciudad como si de una peli del mismísimo Romero se tratara.

Ni que decir tiene que la zombie walk es el lugar de encuentro de todos los fanáticos, freakies, zombies (porque los hay auténticos), chiflados, cinéfilos de pro y la más variada fauna que uno pueda imaginar.

Una auténtica experiencia de película para la que, por supuesto, hay que hacer una larga cola.

Y hablando de películas, tras suplicar un buen rato, nos han permitido la entrada en:

Maquillando a los pacientes voluntarios para la 'zombie walk'

Fire of conscience de Dante Lam -Hong Kong, China-
(Sección Casa Asia)

Desde ya hace unos años, las cinematografias orientales llevan demostrando que a la hora de thrillers no tienen competencia. Johnnie To, Andrew Law… y, en este caso Dante Lam, se convierten dignos herederos de los mejores trabajos de John Woo, incluso superándolo.

Dos policías con métodos al margen de la ley tienen que trabajar juntos en un mismo caso. Dos policías cargados de ira, lastrados por su pasado o castigados por su presente. Dos profesionales, nacidos bajo el signo del dragón, que irremediablemente acaban enfrentándose.

Dante Lam pone en celuloide todo lo que ya no hace el cine de acción norteamericano. Excelentes secuencias de acción, magníficamente filmadas y montadas, con ritmo no con velocidad. Unos personajes bien elaborados.

Y sobre todo, una historia y una trama que no toma al espectador como un imbécil.

Simon Rumley estuvo en Sitges para presentar su película

Red, white and blue de Simon Rumley -Reino Unido-
(Sección Nuevas visiones – Ficción)

Sensible y profunda es esta historia de personajes desclasados de la América profunda. Filme de una sensibilidad especial que a golpes de bisturí disecciona a unos seres olvidados hundidos en la soledad de sus almas por la tristeza de sus vidas.

Red, white and blue, los colores de la bandera norteamericana, son los colores de un veterano de la guerra de Irak, de una muchacha seropositiva que se dedica a contagiar a todos los que puede, y de un buen chico aspirante a estrella de rock que carga con los cuidados de los últimos días de su madre enferma de cáncer.

Acciones inapropiadas, una reflexión, una venganza… ¡y una mierda!

Esa tuvo que ser la intención de su director, pero a lo único que consigue es que ronques o que te duela la cabeza, por una música que parece compuesta por un mono tocando el piano.

La seropositiva contagia a gente (entre ellos al rockero), el ex militar se enamora de la seropositiva y la trata bien, los rockeros se enteran del contagio y la secuestran, se le va de las manos y se la cargan, el ex militar se venga.

A mí también me pareció interesante a priori, pero está carente de ritmo y no consigue que te interese ninguno de sus personajes. Y la sangrienta venganza (único hecho por el que suponemos está esta película en el festival) llega demasiado tarde (apenas los diez últimos minutos), cuando el único deseo es ver los créditos finales.

Ni se les ocurra ver esta peli si es que pueden acceder a ella, no pierdan su tiempo, aprendan a hacer calceta, les será más útil y entretenido.

Una opinión exclusiva de Alan Smithee 

Tras la 'zombie walk', uno no sabe con quién acabará compartiendo butaca en el cine