XXIX Mostra de Valencia, Cinema del Mediterrani (5): 18 de octubre

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De demonios y ángeles
Escribe Adolfo Bellido

v33-gutierrez_aragon.jpgBueno, pues la Mostra está llegando a su mitad. Y habrá que decir que, por lo que se refiere a la Sección oficial, el nivel medio es alto. Lo cual es mucho decir en un festival que apuesta por algo como la mediterraneidad. Esos países de cinematografías emergentes, hacen ya un cine correcto, nada desdeñable aunque en muchos casos sus buenas intenciones superen, aún, sus resultados.

Lo sorprendente es que algunos de los que por aquí caminan dicen maravillas de cosas tan oscuras (por la fotografía) y pretenciosas como Versalles, al tiempo que por el contrario descalifican un título tan interesante como La hora punta del que hablo más abajo.

Hoy los diablos del filme italiano se enfrentan a los ángeles del filme italiano. Dos maneras de enfrentarse al mundo. Distintas pero no distantes.

Mientras, la Mostra también continúa con sus actividades paralelas. Por aquí ya han desfilado importantes nombres del mundo del cine, para dejar su huella en el "paseo de la fama", a imagen y semejanza de Hollywood, aunque en este caso sea con unas baldosas ilustradas, cómo no, con una palmera. Manuel Gutiérrez Aragón, Terele Pávez y Jorge Sanz ya cuentan con su palmera en el paseo cercano al Palau de la Música, donde se desarrolla el certamen.


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L’ora di punta (La hora punta)
Sección oficial
Escribe Adolfo Bellido

Probablemente de las producciones presentadas en la Mostra Oficial fuese L’ora di punta la que más expectativas había levantado. Y es que el realizador es Vicenzo Marra (1972), autor de dos excelentes y muy premiados filmes: Viento di Terra (2004) y Tornando a casa (2001). Junto a estos títulos ha realizado también varios documentales.

La hora punta es un filme escueto, tanto en estilo como por la propia historia. Todo es simple y medido. Un viaje a los infiernos (otro más) promovido por un todo terreno en el campo de la ascensión personal y del engaño. La historia de alguien que quiere llegar a la cumbre como sea, y cuanto más rápido mejor. Un arribista sin miramiento ninguno.

Filippo apuesta a vencedor en un mundo de engaños y mentiras. Ya en su puesto como policía de aduanas actúa extorsionando a comerciantes y empresas. Después, fuera del cuerpo de los carabinieri y con la ayuda de algunos de sus antiguos compañeros (incluso de su jefe) va creando negocios lucrativos. Adulando a quien sea, destrozando todo cuanto encuentra, se convierte en un hombre sin escrúpulos que llegará incluso al crimen. Un final incisivo, excelente, viene a cerrar una película interesante y que no sé por qué ha caído mal a algunos admiradores anteriores del realizador.

Dos mujeres se cruzan en su camino. Una, su amor. Otra, de la que se aprovecha en su camino hacia las alturas. Aquí, en estas relaciones, es donde el filme no logra sus objetivos. Ninguna de las mujeres aparece como personaje bien construido. Y su reacción, sobre todo respecto a la primera, no se entiende, ni es convincente. La otra (Caterina), papel interpretado por Fanny Ardant, resulta difusa, sobre todo en la rapidez con la que es cogida en las “garras” de Filippo (Michele Lastella), teniendo en cuenta que ella es una mujer de “mundo” (rige una galería de arte). Es difícil comprender, por precipitada, esa relación amorosa.

Filme en la línea de los títulos denuncia del cine social italiano de los años sesenta, pero desde un planteamiento claramente moderno. Dentro de una cinematografía tan anquilosada actualmente como la italiana, a pesar de sus flaquezas destaca este título. En sus imágenes no hay concesiones. Una afilada mirada a la Italia de Berlusconi donde nadie se salva, dentro de un sin fin de hechos delictivos encauzados desde las más altas esferas.

No hay moraleja final. El plano final es la aceptación de Caterina del mundo por el que se desliza su amante. Su petición a la criada de la botella de champagne que solicita su amante para brindar por el futuro es la clara expresión de asumir lo difícilmente aceptable. Todo sea por seguir viviendo en el mundo de riqueza.

Una película interesante, con escasos altibajos, que devuelve la esperanza en el cine italiano actual. Buena radiografía de una especie de actual Ripley (el arribista de Patricia Highsmith), capaz de cualquier cosa con tal de llegar a las alturas. La historia, en definitiva, de un sinvergüenza moviéndose en un mundo sin ética, ni moral. Suyo, y de los que le rodean, parece ser el mundo del que participa. Terrible lección la de Marra en su aparente simplismo.


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El amor se mueve
Sección oficial
Escribe Adolfo Bellido

Una pequeña sorpresa la de este filme español, dirigido por Mercedes Alfonso Padrón, primer filme de una directora canaria a la que habrá que seguir son atención… si la industria lo permite.

Realizada con pocos medios, El amor se mueve entrelaza varias historias de amor al estilo de 8 citas, pero si en aquel caso se trataba de pequeños cortos, aquí se trata de siete historias enlazadas por diferentes motivos: amor, localización, casualidad y… colores.

Cuenta con una serie de actores, jóvenes siendo probablemente Silvia Abascal la más conocida, el resto en general, o son principiantes o provienen de series televisivas (¡cómo no dentro del actual joven cine español!). Y son buenos actores, dotados de un rasgo esencial: naturales, espontáneos. En una palabra, creíbles.

Si el filme italiano de Marra era la presentación de un hombre “oscuro”, esta película presenta a seres llenos de “luz”. Lo real y lo mágico se funden en un ambiente de ensueño como son las islas Canarias, con La Palma como referente.

Filme sencillo en el que hay que destacar ante todo un buen guión, donde los personajes hablan con diálogos creíbles, nada grandilocuentes, ni pretenciosos. Como la propia película. Su magia es la sencillez.

Quizá las historias podrían ser menos. Y el filme no se dispersaría como lo hace en algunas ocasiones. Pero, en conjunto, sabe por dónde camina. En sus primeros minutos enseña sus cartas, explicando a los diferentes personajes a través de lo que se enumera como “sueños” o,  podría ser, colores. Esos colores que, como dijo Mercedes en la rueda de prensa, intentaban ser una referencia a las siete islas afortunadas. De todas maneras a eso el filme no llega.

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Película luminosa y positiva, de estructura muy simple, puede ser que televisiva (en demasía) ante su reiteración por dejar todo bien atado para el espectador. Por ejemplo, una conversación por teléfono entre dos personajes se alterna con planos y contraplanos que reproducen íntegramente (y de forma innecesaria) tal diálogo.

Diversas edades de unos seres que se asoman al complejo, y a la vez, sencillo mundo del amor para preguntarse qué es eso: estar, sentirse, enamorados. También una búsqueda de sí mismos. La vida es un milagro, dice uno de los personajes. Y eso es lo que la película intenta referenciar, el milagro cotidiano de la vida.

Desde su desaforado optimismo bordea en más de una ocasión el ridículo, al plantear momentos al borde de la exageración melodramática. Pero la realización, desde una total contención, sabe asumir (y evitar) el riesgo. Un ejemplo estaría en ese final (de aparente estructura lacrimógena) del doble encuentro padre-hijo o amante-amada. Planos sostenidos le sirven para asumir, sin problema, la difícil situación.

Cine con ángel y con ángeles. Con un Ángel además como protagonista, una especie de testigo venido desde el otro lado del Océano para encontrarse con un mundo donde lo imposible es posible. Se agradece tal “chorro” de luz, de creencia en el ser humano. Y se hace con una gran sensibilidad… femenina.

Se puede entrar en el juego o rechazarlo. Admitir lo mágico en la realidad o desterrarlo. Es una opción, claro, pero tan válida como otra cualquiera. Si se acepta, habrá una identificación con la película; si no se consigue, probablemente se producirá un rechazo.

De todas maneras, pienso que a veces el carácter mágico termina por aparecer más como necesidad para que el filme progrese que como realidad “mágica” dentro del relato. Y concretamente (salvando a los seres muertos que “miran” amorosamente a los suyos desde el más allá) me refiero a ese instante final de la fiesta palmera donde todo es posible, incluso que una mujer a la que no se conoce diga que ayer soñó contigo y encima te dé la explicación de lo que busca.

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Con todas sus limitaciones, que tiene y muchas, se trata de una pequeña película repleta de luz, de amor y de positivismo. Algo que los tiempos en que vivimos no lo admiten fácilmente. Pero ¿por qué no ver lo bueno de las cosas? ¿Por qué no mirar alrededor y descubrir que alguien te mira, se enamora de ti o está dispuesto a ayudarte?

Habrá que seguir la obra futura de Mercedes Alfonso Padrón. Para empezar habrá que esperar que alguien con ángel decida distribuir esta película para darla a conocer a los espectadores.

Estoy seguro que todo el equipo se lo pasó maravillosamente durante el rodaje. Y eso es algo que también sienten los espectadores.


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Linkeroever / Left bank (La orilla izquierda)
Sección informativa
Escribe Gloria Benito

Esta vez con puntualidad germánica asistimos a la proyección de la producción del belga Pieter Van Hees, Linkeroever. Un filme de misterio y suspense con alguna gota de terror místico y pseudo trascendente.

La historia narra las peripecias de la joven Marie, una atleta lesionada física y psicológicamente, que busca respuestas a la inquietante desaparición de la anterior inquilina del piso que ocupa con su novio, mientras intenta recuperarse de su melancólico decaimiento. El título de la película (La orilla o El lado izquierdo) nos conduce hacia un ambiente oscuro, territorio demoníaco del mal y preludio de la muerte.

A ello contribuyen los símbolos y metáforas típicas del género de terror: una naturaleza gris, fría y seca, de suelos pantanosos y poblados de graznidos de aves de mal agüero. Árboles cuyas ramas sin hojas se adensan hasta formar túneles opresivos y amenazantes, sobre húmedos y resbaladizos suelos de lodo negro que hacen caer a la protagonista y amenazan tragársela, para llevarla a pozos oscuros y malignos.

El clásico locus agrestis, tópico de la poesía y literatura clásicas, traído para la ocasión al lenguaje del cine, en este caso al servicio del terror y del suspense. Como es propio del género, la historia argumental está al servicio de un significado simbólico de muerte y renacimiento, de caos que se transforma en vida fértil y fecunda.

Otro tópico de rituales de sangre humana que fertiliza la tierra, símbolo del cuerpo femenino en su misión reproductora y transformadora de la muerte en vida. Pero francamente, para conmoverme con el tema del sacrificio de la vida fecundadora prefiero la Medea de Pasolini.

Al salir, una amiga me sugirió que el plano de los susurrantes girasoles secos  con que finaliza la película podría simbolizar la locura. Quizá la locura de un género que no se cansa de contar siempre la misma historia, de trasladar siempre el mismo y trillado mensaje.


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Malaïkatar Achaitan (Los ángeles de Satán)
Sección informativa
Escribe Gloria Benito

En cambio, la producción marroquí Malaïkatar Achaitan, de Ahmed Boulane, discurre por otros territorios temáticos. Basada en hechos reales, relata con suficiente amenidad la acusación de satanismo, a una banda de rock duro del mismo nombre, que viste de negro, lleva el pelo largo y se adorna con la iconografía propia de este género musical.

En un tono que combina la parodia humorística con el relato de los hechos, el director y guionista Ahmed Boulane plantea con claridad el enfrentamiento entre una sociedad que desea evolucionar hacia la conquista de la libertad, y la intransigencia fanática del pensamiento fundamentalista islámico. Tras la liberación de los detenidos, debida tanto a la movilización popular como a lo ridículo de las acusaciones, el filme finaliza con un mensaje no demasiado optimista, al sugerir que el futuro de los jóvenes solo podrá existir fuera del país.

La película, con una intención didáctica evidente, deja clara la falta de interés de la monarquía marroquí y sus gobiernos por instaurar una auténtica democracia en la sociedad, y su debilidad llena de ambigüedades frente a las conductas totalitarias de los fundamentalistas.

La sencillez del discurso y la esquematización del contenido de algunos diálogos, responde seguramente a la necesidad de sacrificar la profundidad del análisis de los problemas, a la urgencia de trasladar al espectador un mensaje simple pero contundente: la libertad está en peligro.

El tema me recuerda a una anécdota que circulaba en la época de Franco. Se rumoreaba con gran regocijo que un censor había prohibido un libro titulado Los chinos, porque en la portada aparecía la imagen de un hombre con el puño cerrado y levantado. Pero se trataba del juego de los chinos, claro.

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