Todo queda en familia
Escribe Juan Fco. Álvarez
La partitura de Cartas desde Iwo Jima está firmada por Kyle Eastwood y Michael Stevens. Y sí, como ya os estaréis imaginando, se trata del hijo de Clint Eastwood y un amigo, el músico Michael Stevens. Pero, perfectamente la podía haber firmado el propio Clint, dado que esta música que aquí nos ocupa sigue los mismos cánones y estructura que la creada por Clint Eastwood para Banderas de nuestros padres.
Y es que, ya lo hemos comentado alguna vez aquí, Clint Eastwood se ha convertido en un Juan Palomo más de este mundo cada día más suyo. De contar con músicos de la talla de John Williams, Maurice Jarre, Jerry Fielding, o Lalo Schifrin, a ir pasando primero a que la música fuera de un fiel amigo suyo, Lennie Niehaus, al que poco a poco iría recortándole su aporte, primero inmiscuyéndose en la creación de algún tema suelto, para poco a poco relegarlo al papel de arreglista y orquestador, o a un simple agradecimiento en las carpetillas de los compactos. En los últimos títulos de Eastwood, es él mismo quien se ha encargado de la música, o bien, como en este caso, ha delegado en su hijo. Yo soy Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.
Kyle Eastwood nace el 19 de mayo de 1968 en Los Ángeles, California. Y después de llegar a estudiar en la University of Southern California durante dos años, decide dedicarse a la música, para mayor alegría de su padre, que ocasionalmente toca el piano, y de su madre, que fue profesora de música en la Universidad Northwestern de Illinois.
Dado que creció escuchando a Miles Davis, Dave Brubeck, Thelonious Monk, y la Stan Kenton Big Band, ya que sus padres son grandes amantes del jazz, era lógico que su formación y posterior dedicación estuviera dirigida a este género musical. Su pasión es el bajo como instrumento jazzístico.
Ha sacado al mercado un total de tres discos de jazz: From there to here, Paris Blue y Now, y ésta no es ni la primera ni la última colaboración con el cine. Kyle ya participó componiendo temas para dos bandas sonoras de películas de su padre: Mystic River y Million Dollar Baby. En Banderas de nuestros padres ejerció de arreglista y curiosamente también aparece, aunque no en los créditos, como intérprete en la banda sonora de A propósito de Henry. Después de realizar junto con Michael Stevens la banda sonora de Cartas desde Iwo Jima, han vuelto a colaborar juntos en la realización de la banda sonora de Rails & Ties, la película de su hermana Alison que está pendiente de estreno en nuestro país.
Michael Stevens es un reputado productor musical, así como un gran intérprete de bajo y también de los teclados. Ha sido el productor musical de los tres discos de Kyle y en cine, además de las colaboraciones con Kyle Eastwood, cuenta con la producción musical de la película La vida sin Grace (Grace is gone) cuya música era, cómo no, de Clint Eastwood.
La música de Cartas desde Iwo Jima cuenta con un único tema, repetido hasta la saciedad. Una especie de marcha fúnebre o himno a los caídos, dado su fuerte sentir dramático y trágico, que recuerda en algunos momentos al tema de John Williams para JFK y que, por otro lado, también cuenta con algunas notas del himno nacional japonés.
Kyle y Michael se molestan en dotar al tema principal de una mayor trascendencia como tema musical marcial, con redobles de tambor y el necesario metal castrense por excelencia, la trompeta. Y de no haberlo hecho, nos hubiésemos encontrado con una banda sonora que copia los esquemas de su predecesora (Banderas de nuestros padres), ya que motivos no le faltan: contar un único tema, piano y trompeta como instrumentos solistas, la inclusión del tema en las escenas de mayor carga sentimental, etc.
Si bien el tema principal sobrecoge en su primera aparición en los títulos de crédito iniciales de la película, iniciado con piano solo y apoyado después por las cuerdas de una pequeña masa orquestal, su uso reiterado y abusivo a lo largo del filme cansa sobremanera. Y es una lástima, porque este tema, de gran belleza y de fuerte sentir nostálgico, hubiese funcionado muy bien en un conjunto de temas musicales más completos y variados con los que se hubiese podido dotar a la banda sonora de esta película, muy superior a su hermana mayor, Banderas de nuestros padres.
Con diferentes duraciones y variaciones, el tema principal se repite a lo largo de la película en determinados momentos muy marcados de la trama. Esto hace que la música pierda toda su originalidad.
Aunque para ser justos, hay que reconocer que la banda sonora cuenta también con un grupo de temas de carácter descriptivo y ambiental: Suicide, Enemy fire, Preparing for the battle, Kuribayashi pleads for death (en su primera parte); que no llegan a destacar ni a callar el rin-tin-tín del tema principal, pues se trata de música etérea, con cuerdas sostenidas o con algunas notas atonales al piano o incluso retomando el tema principal, y que poco aportan a la fuerza que debería aportar la música en estas escenas de la trama.
Hay un tema para ilustrar la cena de Kuribayashi en los Estados Unidos, Dinner party, de marcado carácter clásico, y también tenemos un pequeño aporte de música diegética, una canción a modo de himno de salvación, cantada por niños y que con el nombre de Song for the defense of Iwo Jima, aparece como la arma secreta ofrecida por el gobierno japonés a los valerosos soldados que defienden Iwo Jima.
La música sólo optó al premio de la Asociación de críticos de cine de Chicago, sin lograrlo, frente a los numerosos premios que se llevó el filme y su director.
Y poco más de destacable en esta banda sonora, más bien floja, con un hermoso tema central que pierde todo su encanto al ser repetido incansablemente a lo largo del filme.
Quedamos a la espera de saber qué pasará en las próximas películas de Clint Eastwood como director, Changeling (en postproducción) y Gran Torino (en preproducción), en las que todavía no hay asignado compositor.
