Novecento (1976)

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El patrón ha muerto (1)
Escribe Arantxa Bolaños de Miguel
 
novecento1.jpgComo si se tratara de una cita nietzscheana, al anunciar en un juicio popular esta sentencia: “El patrón ha muerto”, el director intenta sintetizar sus propios deseos de emancipación de la clase dominante.

La cinta refleja la historia italiana de la primera mitad del s. XX (2), a través de dos personajes que nacen el mismo día y que se convierten en amigos primero y, más tarde, en enemigos por imperativo social.

En la finca de los Berlinghieri (rodada en la granja “La Piacentine”, en el pueblo nativo del realizador) nacen dos niños: el primero (3), Olmo Dalcó (Gerard Depardieu), nieto e hijo de campesinos, y más tarde Alfredo Berlinghieri (Robert de Niro), nieto del patrón.

Ejemplificando el drama de la serie coetánea Hombre rico, hombre pobre (VV.AA., 1976), aquí vemos crecer a estos dos críos demasiado influenciados por sus circunstancias personales de la casta en la que han nacido y crecido. Se hace inevitable el recorrido que cada uno ha de tomar en sus vidas, el primero para convertirse en un campesino, y el segundo en patrón del primero.

novecento8.jpgPronto empieza su amistad, Olmo es un niño inquieto y Alfredo es un niño desprejuiciado (en la infancia y adolescencia, ya que la casta social se encargará de inculcarle otros pensamientos), y juntos forman un buen tándem en el que comparten juegos y un lenguaje propio de dos amigos (como cuando proclaman juntos que son “socialistas con agujeros en los bolsillos”, que vemos con empatía pero, por otra parte, con cierta tristeza, pues conocemos lo idílico de la pretensión).

Pero el paso a la madurez de estos dos niños  se va a complicar al llegar el fascismo, los Camisas Negras (con el temible Atila a la cabeza), que hará que los progresos alcanzados en los años veinte por los derechos del campesinado se pierdan. Para Olmo Dalcó la vida no es fácil (pese a compartir unos pequeños momentos de amor con una maestra revolucionaria), primero por la guerra y más tarde por el fascismo; mientras que para el otro (Alfredo Berlinghieri) el destino le tiene preparado una vida más placentera junto a su tío Octavio (de vida e ideología liberal).

novecento5.jpgY es en el reencuentro cuando descubren que han vivido vidas paralelas y que hay mucho más que les separa que lo que les une. A pesar de proclamar en un momento de intensidad que “no debemos cambiar” (refiriéndose a la amistad entre ambos y con su tío y con la que será su mujer, Ada) las diferencias aumentan cuando Alfredo se convierte en patrón, y se convierte en un patrón peor que su abuelo y su padre, ya que se deja guiar por el cruel Atila.

Este mundo, además de estar compuesto por patronos y campesinos, también presenta personajes grises (como son Octavio y Ada) que, a pesar de nacer en el bando burgués, no están poseídos por las lacras de su clase, pero a cambio sufren la contradicción propia entre la vergüenza de cuna y sus ideales liberales. 

Estos personajes muestran las cuitas del autor que, aunque nació dentro de una casta de la que se avergonzaba por no compartir sus métodos, sin embargo no abandonó su posición cómoda en pos de sus ideas. Esta “subclase social” ya estaba representada en Antes de la revolución (1964) por Fabricio (alter ego del director) y representa a los intelectuales mentalmente socialistas, pero que en la práctica, bien por comodidad o por falta de radicalidad, son incapaces de llevar sus ideas hasta sus máximas consecuencias. 

novecento9.jpgLos convulsos años que van a vivir hacen que las circunstancias se compliquen y que tengan que tomar partido en uno u otro bando con el comienzo del socialismo, que surge con fuerza a escala internacional. A la par también de las primeras huelgas y la creación de sindicatos, que harán que el campesino tenga conocimiento de  sus derechos y luche por ellos. Así, Bertolucci, enclavó esta “intra” historia (en el sentido unamuniano) dentro de la Historia del siglo XX (4).

La cinta está llena de escenas que conmueven por su realismo (Bertolucci pretende mostrar la realidad, no esconderla) y de diálogos que enaltecen la ideología comunista como, por ejemplo: “la tierra es para el que la trabaja” (pregón de Leo Dalcó, el abuelo de Olmo y su más impulsor revolucionario); “es tu dinero lo que la hace ser puta” (Olmo dirigiéndose a su amigo Alfredo que no entiende la lucha por la supervivencia del campesinado), “cuando no se hace nada en la vida se tiene mucho tiempo para pensar” (otra de las frases rotundas de Leo, refiriéndose a Alfredo, el abuelo, interpretado por el mismísimo Burt Lancaster), que hacen de este filme baluarte del socialismo y de la revolución.

novecento6.jpgEs una obra maestra no sólo por su contenido, también por su maravilloso guión, por las interpretaciones de unos secundarios de lujo (Burt Lancaster, Sterling Hayden, Stefania Sandrelli, Donald Sutherland) que acompañan a los brillantes protagonistas y por el inmejorable equipo detrás de la cámara: Antonio Grimaldi en la producción, Ennio Morricone componiendo la banda sonora y Vittorio Storaro a cargo de la fotografía.

Para el rodaje volvió a su ciudad natal, Parma y filmó las cuatro estaciones correspondientes a las etapas vitales e históricas: el verano-infancia (los ideales), el otoño-adolescencia (fascismo) e invierno-madurez (el final del fascismo) y la primavera-vejez (la liberación).

storaro.jpgPero la exhibición y distribución de la película no fue tan agraciada, ya que, tras ser presentada en Cannes, fue denunciado el filme por obsceno, quedando, eso sí, al final impune y reconocido más tarde como obra maestra. Como consecuencia de todo esto el filme sufrió recortes ya que fue considerado por las productoras como “demasiado largo y demasiado rojo”. Nos muestra, sin esconder su base panfletaria, la ideología comunista del director: para él la historia es una lucha constante entre el campesino y el patrón, una dialéctica sin fin. Y es también un filme pretendidamente histórico (5), según palabras del propio realizador.

Al final, Olmo y Alfredo ya viejos, siguen peleándose, como metáfora de las continuas disputas entre los patrones y los obreros. Mientras, se da paso a una nueva época, donde el patrón ha muerto, no físicamente, pero sí su poder. Este final utópico hace de Bertolucci un idealista romántico, un intelectual en lucha consigo mismo pues su cerebro pertenece a los poderosos mientras que su corazón está con los desheredados.

*****

(1) Nada que ver con la novela de Alessandro Baricco, Novecento, La leyenda del pianista en el océano, donde se narra la historia de un pianista que estuvo a bordo de un barco durante toda su vida.

(2) La película comienza en 1900, con la muerte de Giusseppe Verdi y culmina el 25 de abril de 1945, el Día de la Liberación. 

(3) El abuelo de Olmo, Leo Dalcó (interpretado por Sterling Hayden), anuncia que el orden no es casual, ya que “primero  estaban los campesinos, y luego vinieron los amos”.

(4) Y es que “una de las características más notorias del cine de Bertolucci es la ambición de abarcar múltiples aspectos, en un intento de plasmar una visión totalizadora de los temas tratados”. Bernardo Bertolucci, José Enrique Monterde y Esteve Riambau. Ed. JC. Madrid, 1980, pág 37. Los mismos autores reconocen en Bertolucci tres niveles de sentido político-ideológico en Bertolucci: el histórico, el de actualidad y el de contexto político-social.

(5) Ya que “Todos mis filmes son históricos”, Diccionario de cineastas, E. Breton, ed. Istmo. Madrid, 1977.

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