El fracaso de sus dos anteriores macropelículas (Waterworld y Mensajero del futuro), retorna a la blandenguería de ligón madurito que le encumbró. Para ello, recurre a otra de sus pasiones, el béisbol, formando su trilogía particular sobre dicho deporte (los otros títulos son Los búfalos de Durham y Campo de sueños). Una pasión causante de que aparezcan imágenes de su infancia practicando este deporte.
En Entre amor y el juego vemos al homogéneo actor como siempre, invariable incluso cambiando de género, en medio de una relación amorosa: hombre famoso ayuda a una mujer con una avería en el coche, no admiten que quieren una relación formal, ella le oculta que es madre, él le es infiel… en fin, los tópicos de siempre.
El lado positivo de la función lo pone el director, Sam Raimi, que aunque cada día está más absorbido por la industria (esperemos que sea para financiar algún ambicioso proyecto personal en un futuro cercano), deja alguna huella de su autoría. Desarrolla su buen hacer en el terreno de juego, utilizando las acciones del béisbol para ubicar y mover a placer la cámara.
Destaca ante todo la escena que muestra la forma de prepararse el lanzador (Costner): en plano medio, con el público al fondo que no deja de gritar, se pide concentración a sí mismo, convirtiéndose el griterío en un lejano susurro para sus (y nuestros) oídos, continúa centrándose, el público se desenfoca, se difumina, y queda él como única silueta nítida sobre la masa amorfa en completo silencio, ya dispuesto para el lanzamiento.
Por su parte, la estructura del filme no recoge la evolución de una o varias temporadas del equipo, como estamos acostumbrados a ver, sino que únicamente recoge un partido, a lo largo del cual, mediante flash-backs, el protagonista recuerda su relación sentimental.

Una historia light sobre el último encuentro en la carrera de una estrella en decadencia, debido al paso de los años. Una persona que se pregunta qué le queda después del deporte, qué ha sido hasta entonces toda su vida.
Un último partido mágico que desemboca en la moraleja de la película, y una moraleja que ya aparecía hace unos años en el programa de televisión La bola de cristal: sólo no puedes, con amigos sí (y aplíquense todos los derivados de la fórmula que se desee). El béisbol.
Escribe Israel L. Pérez
(Esta crítica se publicó inicialmente en Encadenados nº 17, en verano de 2000, con motivo del estreno del film en España.)

| Título | Entre el amor y el juego |
| Título original | For Love of the Game |
| Director | Sam Raimi |
| País y año | Estados Unidos, 1999 |
| Duración | 137 minutos |
| Guión | Dana Stevens |
| Fotografía | John Bailey |
| Música | Basil Poledouris |
| Producción | Universal Pictures |
| Intérpretes | Kevin Costner, Kelly Preston, John C. Reilly, Jena Malone, Brian Cox |
| Fecha estreno | Año 2000 |