Just Like Heaven (2005) de Mark Waters

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La muerte como cómplice de la comedia romántica 

just-like-heaven-2Si bien la pérdida de un ser querido puede llegar a ser uno  de los eventos más trágicos a los que se enfrenta el ser humano a lo largo de su vida, el cine ha sabido exprimir ese dolor y canalizarlo en historias que logran cautivar a la audiencia por la forma en la que el espectador se identifica con la dolorosa situación que atraviesan los personajes de dicha trama.

Desde sus vertientes más ligeras —tales como Bambi y El rey león— en las que se retrata el dolor que supone una pérdida (de una manera quizás un tanto superficial, teniendo en cuenta que son filmes dirigidos para niños) y se maneja el concepto de “vida más allá de la muerte”, hasta historias más densas, en las que se ahonda en el difícil rompecabezas que se debe de acomodar para llenar las piezas que dejaron hueco tras la partida de un ser apreciado.

Películas como Things That Matter, In the Bedroom, Do you know Joe Black? y Step mom (algunos títulos más comerciales que otros) han ido un poco más allá y no sólo han retratado ese vacío que nace a partir de la muerte, sino que también han trazado ese proceso de aceptación en el que además de ser testigos del deceso de algún personaje, asistimos a la lucha que significa para su familia el aceptar la próxima pérdida de dicha persona.

Sin embargo, si bien el tema de la muerte ha sido muy bien utilizado para crear maravillosos o pretenciosos dramas cuyo objetivo es conseguir la lágrima del público cueste lo que cueste —en ocasiones con resultados muy conseguidos y en otros casos con resultados muy torpes— así como filmes existencialistas que se plantean el concepto de “vida en el más allá”, Hollywood también ha sabido aprovechar este tema un tanto tabú para algunos  en un género que no va muy acorde con la sintonía de dicha temática: la comedia.

Dentro de ese contexto trágico, la comedia ha encontrado espacio para lograr la carcajada del público sin hacer a un lado la carga emotiva que exige el argumento. Quizás el mejor exponente de este género sea Ghost, hasta la fecha una de las tragicomedias más memorables y taquilleras de la década de los 90.

A pesar de que muchos tildan dicho título de cursi y simplista, hay algo que no se le puede negar a dicha película: que logra juntar un collage de géneros sin que uno predomine sobre el otro, además de que se le tiene que reconocer la carga emotiva de varias escenas (la secuencia de la cera con el tema Unchained Melody de fondo ya forma parte de la cultura popular).

Hago referencia a Ghost porque Just Like Heaven bien podría venir siendo su hermana menor. Una película con la misma temática, pero menos pretenciosa y que se apoya más en la vertiente cómica, aprovechando la presencia de un “alma en pena” como pretexto para desencadenar escenas simpáticas o de mal entendidos, más que para buscar una reflexión del público sobre el tema. El drama no se hace presente sino hasta la recta final de la cinta y tampoco busca cerrar la trama con un desenlace desgarrador, sino más bien con uno conmovedor y que no desentone con el resto de la cinta.

En Just Like Heaven, el guionista se las ingenia para teñir la trama con tonos claros en vez de oscuros, y aunque eso quizás le reste fuerza al tema de la “muerte” en sí, logran uno de los objetivos del séptimo arte: entretener a partir de un tema que en la vida cotidiana no es considerado divertido. Si bien el filme no es una obra maestra de la comedia moderna y mucho menos un filme para atesorar como un clásico, sí es una película que contagia su optimismo y logra que el público se desquite con la muerte, riéndose de ella cuando ésta lo ha hecho llorar en múltiples ocasiones.

En efecto, el largometraje se termina convirtiendo en una fábula contemporánea. Él está devastado por la reciente pérdida de su esposa. Ella está devastada por haber muerto sin haber “vivido la vida” y haberse entregado únicamente al trabajo. Un apartamento une a estos dos seres que probablemente se necesiten uno al otro para superar y seguir adelante.

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Obviamente, como estamos hablando de una comedia, el guionista nos ahorra el duelo de la pérdida tanto de la esposa de David (interpretado por un correcto pero un tanto simple Mark Ruffalo) y de la misma Elizabeth (siempre carismática y encantadora Reese Whiterspoon) por lo que la película arranca prácticamente en el momento en que estos dos seres empiezan a interactuar.

Independientemente de que la historia se refugie en un tono cómico, en todo momento se insiste en recalcar que quizás no es coincidencia que David sea el único que pueda ver a Elizabeth, pues ambos personajes viven —o en el caso de Elizabeth, vivía— una realidad solitaria, lejos de disfrutar de sus seres queridos y la plenitud de su juventud.

Es evidente que la convivencia entre ellos les permite reflexionar el vacío en el que se sumergieron sus vidas, atándose a una monotonía que les impedía disfrutar de ella. De hecho, en un momento uno de los personajes “chiflados” de la cinta es el que termina lanzando la pregunta más coherente de toda la trama: “¿Por qué es David el único que puede ver a Elizabeth y cuál es el motivo de que esto suceda?”.

Esa es quizás la mayor incógnita de la trama y no tanto el porqué Elizabeth se encuentra atrapada en el Limbo —recalquemos que el personaje no está oficialmente muerto, sino que está en un estado de coma— y es esa pregunta abierta la que provoque que Just Like Heaven no sea la simple comedia hollywoodense que pudo haber sido, sino que va un poco más allá tocando sutilmente temas como el destino o la insuficiente felicidad contra la que se enfrenta el personaje de Whiterspoon, que a pesar de vivir una vida de “ensueño” y conseguir un envidiable ascenso en su trabajo, no conoció el verdadero amor sino hasta cuando dejó de existir oficialmente.

Hay una moraleja de por medio, lo que coloca a este filme muy por encima de la mayoría de comedias románticas de la pasada década, sin alcanzar las cotas de emotividad que en su día consiguió Ghost, por supuesto.

En cuanto a los momentos cómicos, la empatía y química producto de los dos personajes principales, logra una chispa en los momentos graciosos, consiguiendo la carcajada del público en más de una ocasión. Sobre todo la escena en la que David aprovecha los conocimientos médicos  de Elizabeth para salvar a un individuo que sufre un paro cardíaco en un restaurante. Una escena muy carismática y que seguro arranca las carcajadas por parte de la audiencia.

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Claro que hay momentos en los que se entrega a la comedia fácil, pero se perdonan, teniendo en cuenta que el resultado sigue siendo positivo en la mayoría de las ocasiones. De hecho, a pesar de que contiene momentos en los que se cuestionan temas susceptibles tales como la importancia de ser feliz en vida, el filme va perdiendo fuerza en su recta final, en un desenlace acorde al género cómico, pero que no tiene el impacto que sí tiene filmes como Ghost en los que dentro de todo, se trata con más respeto a la muerte.

Al final, nos quedamos con una historia encantadora que contiene una discreta moraleja de por medio, pues dentro de su alegre argumento, invita a que disfrutemos cada día de la vida mientras nos sea posible, ya que el personaje de Whiterspoon viene representando esa infelicidad en vida o ese deseo de componer las cosas que no pudo mientras era parte de este mundo. No necesariamente tenemos que quedarnos con ese mensaje, ya que el filme bien podría plantear el que una persona se decline a lo que más desea según su forma de ser: tanto si es su éxito laboral o su compromiso en la vida sentimental.

Muchas veces el género de la comedia romántica es infravalorado, siendo sus argumentos tachados de  cutres —que en ocasiones así es, más no siempre—, cuando en varias ocasiones, escondida en una aparente sencillez, se encuentra una reflexión que por más simple que sea, logra que el cine sea un medio para transmitir ideas y no simplemente para pasar el tiempo.

En Just Like Heaven consiguen poner en tela de juicio una de esas incógnitas que probablemente nos hagamos en algunos periodos del año: “¿Estoy satisfecho con la vida que llevo?”. A través de Reese Whiterspoon entendemos la importancia de responder esa pregunta ahora que podemos y no posponerla cuando podemos cambiar las cosas en tiempo presente.

Así que aunque tenga el título de comedia romántica, Just Like Heaven quizás logre mover conciencias aun más que filmes más serios que sólo logran ofrecer un ensayo que se acerca más al tedio que a una conexión especial con el público.

Escribe Víctor López Velarde Santibáñez

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