Roma, ciudad eterna

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Eterna

roma-1Cuando alguien nombra la capital de Italia, una de las primeras palabras que se vienen a nuestra cabeza, si no la primera, es eterna. El concepto de eternidad siempre ha estado ligado a ella, desde sus albores hasta la más radiante actualidad Roma es, sin lugar a dudas, la ciudad más eterna de todas.

Innumerables son las películas, series, canciones, cuadros, poesías y demás elementos relacionados con el mundo del arte que allí se localizan, nombran o por ella están inspirados.

Esta tendencia no se produce solamente a nivel europeo, la mayor máquina de hacer dinero de la industria, Hollywood, vio el filón que suponía situar películas en la capital italiana desde muy temprano hasta la más reciente actualidad y así lo hizo y lo continúa haciendo.

Por sus características, en ella se sitúan filmes de la más diversa índole. Aunque se trata de uno de los territorios predilectos de los más románticos, por sus calles han transcurrido desde dramas hasta guerras. Contando con numerosos edificios y arte antiguo es ideal para los que buscan un ambiente rico en cultura o más clásico, pero esto no la hace incompatible con la modernidad, siendo elegida para cualquier tipo de película sita en las más diversas épocas.

La industria del cine, no hace sino aumentar y magnificar la palabra eterna en torno a Roma con los rodajes que en ella se producen.

Primer cine

En ella encontramos numerosas películas que reciben el apelativo de “películas de romanos”, aquellas que se desarrollan en la antigua Roma y que suelen girar en torno a algunos de sus famosos emperadores. Destacando clásicos de gran calidad como Espartaco de Kubrick o Ben-Hur de Wyler.

A pesar de asemejarse en su forma el contenido era muy diferente, mientras algunas de ellas aprovechaban para realzar las virtudes de la antigua Roma y de sus emperadores, otras suponían una dura crítica a todo lo que ellos representaban.

Muchos eran los guionistas y directores que explicaban cómo la imagen de grandeza que se relaciona con la creación de la ciudad no devenía sino de la más cruel de las tiranías.

No son pocas las películas rodadas en la actualidad que siguen eligiendo desplazarse en tiempo y espacio a esta época que dio mucho de sí. A través de ellas no observamos sino cómo todo es cíclico: puede que actualmente no vivamos en un mundo de esclavos y emperadores literalmente, pero si estudiamos la situación el parecido, cambiando las nomenclaturas, es clamoroso.

Mientras la parte privilegiada de la población, impuesta por una serie de normas más vetustas que la propia escritura en que se hallan registradas, no ha de cumplir aquellos dictámenes que imponen a aquellos que no han nacido para ser los elegidos, la mayor parte de la población con su trabajo es la que permite a esa élite que lleve ese tipo de vida.

Esta realidad, desgraciada e inevitablemente, es la que estamos abocados desde que el ser humano es ser humano. Por lo tanto cuando un gladiador lucha por su libertad no difiere tanto como pueda parecer, o nos quieran hacer creer, a cuando un trabajador del siglo XXI reclama no sobrepasar su jornada laboral, que dicha jornada no se vea aumentada sin mayor remuneración o el tener una jubilación digna que le permita descansar tras cuarenta años de trabajo bajo el yugo de una sociedad totalitaria.

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Amor en Roma

Para aquellos que no hayan reparado en ello, la palabra Roma al revés conforma amor y viceversa.

No sabemos si es casualidad pero lo que sí podemos afirmar es que es una de las capitales de dicho sentimiento del mundo. Siendo el destino predilecto de lunas de miel y distintos motivos de los enamorados más romanticones.

Aunque las palabras comedia romántica están generalmente ligadas a “película ligera” y/o “vacua”, muchos son los ejemplos que rompen dicha tendencia y llaman a las puertas del Oscar, incluso llegando a conseguir la preciada estatuilla.

Una muestra de gran cine que se sitúa en dicho tipo de filme es Vacaciones en Roma (1953). Primer papel protagónico de Audrey Hepburn que le valió el Oscar a la mejor actriz, consiguiendo la película también el premio al mejor guión original. Este sería el primero de muchos éxitos de público y crítica que consiguiera la belga: Wyler y Peck apostaron por ella y no se equivocaron.

Además del acierto de contar con la inmortal Hepburn, William Wyler luchó para conseguir que la película se rodara en exteriores, mientras que el estudio prefería decorados, el director consideraba de suma importancia conseguir llevar el rodaje a las calles. Gracias a ello Roma se convierte en la tercera protagonista, regalando al espectador momentos verdaderamente mágicos que no hubieran podido producirse en un frío estudio. En esta ocasión la visión de Wyler fue crucial para que en 2014 hablemos de Vacaciones en Roma como un clásico del cine.

Puede que su argumento pueda resultar algo ingenuo pero hemos de leer entre líneas, y miradas, para ver su verdadera alma. A los españoles, además, su temática no nos es ajena, cambiado los sexos nuestra monarquía vivió una historia similar.

roma-solo tuWyler capta la esencia de la ciudad, utilizando dos puntos de vista bien diferenciados: el de una extranjera que desconoce totalmente la ciudad y el de un estadounidense que conoce todos sus recovecos. Peck se encarga de ser el anfitrión de una inocente y fácilmente impresionable Hepburn, aunque con Roma de por medio dicha labor se torna en sencilla.

Al rodar en exteriores el filme está vivo, refleja la rapidez a la que se mueven los romanos, muchos de ellos en sus incombustibles Vespas. La espontaneidad y vivacidad resultan indispensables, tal es la naturalidad de la película que una de sus escenas más famosas, la de la Boca de la Verdad no se encontraba reflejada en el guión sino que fue una broma de Peck, la reacción de Hepburn es la que tuvo realmente, sin preparación de por medio.

La cinta y sus escenas son tan recordadas que han tenido homenajes en películas más actuales como es el caso de la pizpireta Solo tú (1994), en la que el personaje de Robert Downey Jr. le gasta la misma broma en la Boca de la Verdad a Marisa Tomei.

Italianos en Roma

No solamente los americanos sienten fascinación por la ciudad italiana sino que los propios directores nacidos en el país han creado verdaderos cantos de amor a su capital.

Un ejemplo de ello fue Federico Fellini quien, además de situar casi la totalidad de su carrera en Italia, tituló uno de sus filmes Roma (1972). En ella se muestra a la capital en modo de ensueño, mezclando fantasía y realidad.

Fellini enseña a los extranjeros los entresijos menos conocidos de la ciudad, así como los más famosos, pero siempre desde el punto de vista de un conocedor absoluto de la misma.

La vertiente romántica no aparece referida a personas, sino como su amor a Roma, criticando aquello que no considera bueno para ella.

Muchas son las imágenes impactantes que nos deja el director italiano, pero nos quedamos con una frase del excelso guión que escribió junto a Bernardino Zapponi: “solamente hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos”.

Escribe Sonia Molina

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