Filtraciones

Published on:

La publicidad en televisión

En los primeros años del siglo pasado vivió un francés, periodista, entrenador de fútbol y fundador de la FIFA, en fin, un polifacético con proyección. Este buen señor, de nombre Robert Guerin, formuló una máxima que desde entonces opera a modo de mantra: «el aire que respiramos está compuesto de nitrógeno, oxígeno y publicidad».

Los dos primeros elementos son necesarios para la vida, el problema es que el tercero, con el tiempo, también lo es. Hoy se percibe en el ambiente que casi todo es por y para la publicidad, sus consignas se filtran por doquier. De hecho, en la programación de las televisiones roza la obscenidad.

Como telespectadores es necesario estar vigilantes para discernir cuál es el contenido del programa y cuál el del anuncio. Apenas se perciben diferencias entre las imágenes de promoción de las que dan cuerpo al desarrollo de los contenidos del programa, se pasan de uno a otro sin solución de continuidad.

No obstante, los bustos parlantes de algunas cadenas muestran con un rictus de incomodidad al tener que dar paso a los largos minutos de publicidad, por ejemplo, El Gran Wyoming o Xabier Fortes. En muchas otras ocasiones, se corta la emisión para llenar la pantalla de publicidad, con absoluta falta de respeto a la audiencia y a los invitados o invitadas del programa.

La otra tarde, el histriónico director y presentador de Todo es mentira (Cuatro), llevó al programa al magistrado García Castellón. El buen señor se mosqueó porque lo presenta e introduce la entrevista y de inmediato le dice que espere durante los minutos de publicidad (7 minutos). Claro, cuando retoma el programa, el magistrado, claramente molesto, abrevió sus respuestas hasta el punto de dar pie a que el presentador despidiera la entrevista diciendo que el invitado «no tiene hoy muchas ganas de hablar». A los pocos días, Baltasar Garzón llevó con mejor humor el desplante publicitario y se prestó a rajar, siempre «presuntamente».

Esto no es casual sino una estrategia de programación que aplican todas las cadenas, incluida RVE. Lo cual pone de manifiesto que lo relevante no es el prestigio del invitado/invitada, lo que pueda decir o el tema tratado, sino el señuelo para cautivar a la audiencia con lo importante: los anuncios. Vale decir que la publicidad enfatiza y filtra los mensajes que interesa a quienes patrocinan el cotarro comercial dominante. Todo ello emboscado tras una música cautivadora y cierres semánticos tan impactantes como el «El sorteo que nos une», «Esta Navidad, activa el modo hogar» o el de «La democracia es tu poder. España en libertad. 50 años». ¿Es posible permanecer impasible a estos reclamos?

Desde La revuelta (TVE) hasta El hormiguero (Antena 3), entre otros muchos programas, se podría decir que confeccionan la escaleta para promocionar la novedad de sus invitadas o invitados, ya sea un libro, una película, una teleserie, un sorteo o un disco, al modo y manera de Rosalía o el de Alba Flores y el estreno del biopic Flores para Antonio.

Es imposible relajarse viendo la tele, pues en cualquier momento saltan las alarmas ante la pregunta qué estarán promocionando, de qué producto se trata o de qué remedio hablan contra la angustia del día a día. A veces es mucho más directo, así ha sido la entrevista a Salomé Pradas en Salvados (La Sexta) o la de Gemma Nierga a Pedro Sánchez en La 1. ¿Cómo no sentirse molestos con estas puestas en escena? Bueno, y mención especial para el emérito y su libro Reconciliación rodando por las televisiones.

Acabamos de sobrepasar el acoso por tierra, mar y aire de la campaña publicitaria del BBVA contra el Sabadell, y la de este contra el BBVA. Era asombroso comprobar cada mañana los afinados y envenenados alegatos de una contra otra entidad bancaria, siempre al límite de la legalidad. Insistían en las descalificaciones, sin que ninguno de ellos anunciara lo que los «usuarios de la banca» esperábamos: una vez fusionados los dos bancos, la nueva entidad dejaría de cobrar comisiones y, además, las viviendas embargadas las repartiría entre las familias necesitadas.

Si este hubiera sido el mensaje de sus anuncios, ¿no habrían cambiado el sentido de su voto los accionistas? Y si la banca mangonea el mundo, ¿qué harán los accionistas del negocio audiovisual ante la anunciada compra de Warner Bros por parte de Netflix o de Paramount?

Todo es mentira (Cuatro), llevó al programa al magistrado García Castellón

La publicidad y la programación televisiva, no pone el énfasis en lo verdadero sino en lo verosímil, no en la reconstrucción de los hechos sino en lo que resulte creíble a cada grupo de interés de las audiencias. Bajo esta perspectiva se filtran los autos judiciales, los testigos van primero al plató y luego al juzgado, se recortan informes periciales y testimonios. ¿Qué proyecto político subyace en las programaciones que incorporan a quienes sin escrúpulos morales tratan de vender su inocencia? Estrategia que se macera en las redes sociales y, especialmente en las tertulias televisivas al estilo de Al rojo vivo, Mañaneros 360, Espejo público (Antena 3) o Malas lenguas (TVE), sin contar El debat (À Punt), presentado por el incombustible Toni Cantó y que los audímetros no se movieron del cero la noche de su estreno.

Mientras las distintas cadenas se disputan en sus platós la carroña que genera la actualidad política y social, también se encuentra algún ejemplo edificante. Es el caso de RTVE, pese a las críticas, acaba de hacer oficial su renuncia a la participación en Eurovisión. Si aquí dentro hay gente como Bárcenas, Koldo o el emérito, entre otros muchos, que cantan impunemente por soleares, ¿qué sentido tiene participar en un concurso tutelado por los mismos que promueven el genocidio en Palestina?

Es obvio que hay excepciones y se emiten programas comprometidos con un pensamiento libre y reflexivo. En esta dirección podría citarse, entre otras, la miniserie Anatomía de un instante (Movistar+) que, pese a la división de opiniones en la crítica, ofrece una panorámica aceptable como también lo fue el especial presentado por Xabier Fortes desde el Pazo de Meirás en La noche en 24h (TVE) y titulado: 20N: 50 años del gran cambio. El programa se elaboró con testimonios orales y visuales, además de las reflexiones de historiadores, periodistas y politólogos que no suelen frecuentar las tertulias al uso.

Las encuestas sacan a relucir que muchos jóvenes desconocen la figura del dictador Franco o que prefieren las opciones políticas ultraconservadoras a las democráticas. Tras lo cual aparecen la sorpresa, los postureos y las atribuciones causales. ¿No será porque en las televisiones entre la publicidad y el entretenimiento se filtra únicamente algún que otro contenido moralmente responsable? ¡Es el mundo del revés, así lo describió Eduardo Galeano!

Escribe Ángel San Martín  

La entrevista a Salomé Pradas en Salvados (La Sexta)