De energías, incendios y guerras

Danzan en el aire, siempre molestas, las moscas de esta canícula que intimida y mata. Pero no es de estos insectos de lo que me propongo hablar.
Tomo el eslogan de un anuncio que aparece, como se dice ahora, en distintas ventanas, incluida la tele. Traza su línea argumental en torno al «interruptor». De este modo se da a entender desde el primer plano que el asunto va de energías y, de paso, un guiño a los apagones recientes. Es la consigna de promoción de una multinacional del IBEX 35, con más beneficios económicos que respeto al cambio climático.
La estética de la pieza publicitaria está realmente muy cuidada, desde los efectos visuales y sonoros, tratamiento cromático, hasta la terminología del off, todo para atrapar a la audiencia. Aunque alude a «la energía que permite avanzar», en realidad se centra sobre algo tan familiar como son los «interruptores», señuelo sobre el que recae toda la carga simbólica del anuncio.
Se trata de un dispositivo eléctrico, presente en nuestro entorno cotidiano, que no interrumpe nada, pero nos somete a múltiples dicotomías: luz/oscuridad, comodidad/ incomodidad, calor/frío, etc. Mientras que los comentarios en off sitúan en primer plano la carga ideológica: ante el interruptor cada individuo decide. Cada cual debe accionar el dispositivo para gestionar sus necesidades particulares. ¡Esto sí que es neoliberalismo de última generación!
El magma discursivo articulado en torno al dualismo y al individualismo, aliñado con toques emocionales, hacen del spot un buen exponente de lo que emana a diario en los distintos programas de la tele. Fanatismo, agravios comparativos, ostentación social, intransigencia ante lo distinto, señuelos comunicativos con los que accionar el interruptor de las neuronas del respetable. Lo cual fomenta, como apunta Sami Naïr, convivir con barbaries como la de Gaza, Yemen, el cambio climático o con los déspotas populistas que proliferan por doquier, incluso con apoyo electoral.
El símil del interruptor explica poco, pero sí ayuda a entender cómo entran y salen de la programación televisiva temas y personajes. Cuando se activaban los incendios en varias comunidades autónomas, el jefe de la oposición estaba en un festejo taurino en Pontevedra. Al enterarse de lo sucedido les lanza a sus fieles una serie de exabruptos altisonantes que se reproducen a palo seco en las tertulias televisivas. Los fuegos avanzan fuera de control, mientras en las tertulias escruta el significado de la «sobrevaloración de las vacaciones» o cómo señalar a los «pirómanos». ¿Qué pensarán de todo esto los miles de personas desalojadas o el personal que lucha en directo contra las llamas?
Tales ocurrencias son el combustible con el que disolver la «información» en tertulias como la de Todo es mentira (Cuatro), Espejo público (Antena 3), Malas lenguas (La 2) o LaSexta Xplica (La Sexta). En estos formatos, aunque con ligeras variantes, se acciona el interruptor de la especulación con la última bufonada de algún político sin vergüenza ajena. Así entran en el terreno de la especulación y la descalificación antidemocrática.
¿Qué sentido tiene que Jesús Cintora abra su Malas lenguas con un caldero de plástico sobre la mesa del plató? En el plano siguiente aparece una señora tirando agua sobre los rescoldos de su casa ya carbonizada. Fondo desde el que el moderador le pregunta a uno de sus tertulianos si había o no recursos suficientes con los que apagar los fuegos que asolan miles de hectáreas.
A la luz de lo que se ve y oye en la tele convendría «desurbanizar» tanto a la clase tertuliana como a sus presentadores y presentadoras, además de los informativos. Cuando se iniciaron los fuegos en las televisiones solo se nombraba a las capitales de provincia: Zamora, Cáceres, Ourense o León. Pero no, en ninguna de estas bonitas ciudades se localizaban los fuegos, estaban en sus parajes despoblados e invisibilizados.
En varias ocasiones se pudo ver que el nombre de las comarcas o pueblecitos rotulados en el faldón de la pantalla contenían faltas de ortografía o mal ubicados. El virus urbanita está inoculado en la programación de la tele y por eso ahora invocan la vida romántica en los pueblos. ¿Será para que cuiden los montes?
Al igual que cuando cubrían lo de la DANA, el volcán o el apagón eléctrico, la información se basa en testimonios presenciales, sin tiempo para argumentar, solo para redundar en lo planteado desde el plató. Son imágenes y personas, tan afectadas por la tragedia, que solo se puede sentir un tremendo dolor y solidaridad con su futuro inmediato.

El interruptor discursivo conecta de inmediato con las emociones (el caldero de Cintora), no con lo estructural, con los antecedentes históricos que permitan comprender por qué arden de modo tan virulento los montes, por qué hay acumulada tanta biomasa o por qué las llamas no respetan los límites administrativos entre instituciones.
Una socióloga explicaba con datos y detalles cómo se habían ido despoblando las regiones que ahora arden, era al principio del mes de agosto en el programa de Xabier Fortes (24 Horas de TVE). Su recorrido arrancaba en los años 60 del siglo pasado y acababa en los años recientes con la ola de turismo rural, aparejado a unos efectos colaterales de consecuencias poco evaluadas. Otro tanto explicaba un ingeniero agrónomo, en Informe Semanal (TVE), sobre la ordenación de los territorios forestales y la acumulación en los bosques de materia combustible dado su estado de abandono.
Para todos ellos, los especialistas tienen fórmulas y protocolos que contribuirían en gran medida a mejorar las tareas de conservación y, llegado el caso, de apoyo a los bomberos para la extinción de los fuegos. Su conversación fue sosegada, lúcida, manejaban el conocimiento científico facilitado por la Universidad y sin necesidad de esgrimir el título en un currículum falso.
Como contrapunto al genocidio de la población de Gaza, durante las semanas pasadas se pudieron ver una serie de documentales, tanto en La 2 como en Movistar Plus, en los que se analizaban las prácticas de exterminio practicadas por los nazis. Una de las estrategias era negarles la comida hasta agotar sus cuerpos antes de convertirlos en cenizas. Apenas hay diferencia entre esas imágenes y las que nos ofrecen a diario los telediarios de los niños y niñas palestinas.
También en formato documental se han podido ver varias piezas sobre los trágicos efectos de las bombas atómicas tiradas en Hiroshima y Nagasaki. ¿Una advertencia de lo que pueden provocar dos ultras como Trump y Putin? Estas fechas coinciden también con el bombardeo de la Biblioteca de Sarajevo, pero sobre esto la televisión ha sido más remisa, salvo una breve alusión en el informativo de mediodía de TVE.
Para activar el interruptor mental, convendría tomar en serio las palabras de Ramoncín cuando pidió en un plató que los empresarios de la televisión explicaran con qué criterios se elige a quienes participan en las tertulias, las moderan y en función de qué indicadores se les retribuye. ¿Sería esto suficiente para recuperar el pensamiento discursivo, razonado y empático, respetuoso con el bien común y ajeno a la especulación?
Escribe Ángel San Martín
