Mamarrachos

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Las Fallas y las conspiraciones

À Punt, la televisión autonómica y en riguroso directo, ofreció las penas y alegrías que rodearon a la pasada nit del foc en Valencia. Imágenes, por cierto, acompañadas de unos comentarios tan barrocos y reiterativos como los mismos monumentos falleros.

En cualquier caso, el medio nos convertía en testigos privilegiados de cuanto estaba sucediendo. Sin las molestias de los ruidos ni de la pertinaz lluvia, se contemplaba cómodamente la combustión de los monumentos de poliespán. Estando de esta guisa, llegó un mensaje al móvil avisando que lo mejor lo estaba ofreciendo Conspiranoicos (La Sexta). El programa se hacía también en directo desde Valencia y el mensaje llegaba acompañado de la captura de pantalla con un rostro en penumbra.

Mientras unos canales, incluida La 2 de TVE, se afanaban en televisar las llamas y la columna de humo negro intenso y contaminante disuelta en la oscuridad de la noche. ¡Algo importante estaba sucediendo en el balcón del Ayuntamiento! Al fin y aunque haya sido en un segundo plano, las cámaras de La Sexta lograron captar el rostro oscurecido del Sr. Mazón. Contraviniendo el protocolo, ocupaba una escondida posición detrás de las falleras y la alcaldesa de la ciudad. Como requiere la ocasión, todo el mundo con caras sonrientes, también el Molt Honorable que sigue encantado de haber mostrado su incompetencia.

El citado canal tenía apostada otra cámara en la parte trasera del edificio municipal, pues allí se estaba produciendo reporterismo de última generación. Ana Pastor trataba de arrancar alguna explicación con sentido del invitado de honor al espectáculo pirotécnico desde el balcón del Ayuntamiento. Esfuerzo baldío de la periodista porque un tipo de melena se interpuso para que el Sr. Mazón pudiera zafarse de las repreguntas sin soltar prenda sobre lo que muchos telespectadores querían oír de la boca del presidente.

En otro lugar de la ciudad y en torno a la misma hora, se produjo una segunda escena, luego repetida hasta la saciedad por su dimensión tragicómica. Ahora el protagonista era un bombero quien, al observar que el ninot del presidente no ardía, se acercó y lo arrancó del monumento para de inmediato lanzarlo al medio de la hoguera. Seguro que así, debió pensar, ni siquiera ese muñeco se va a salvar de la pira. Gesto que recibió un fuerte aplauso del personal allí congregado y que pudo contemplar en directo la escena. Posteriormente, se supo que el bombero protagonista forma parte del colectivo de las víctimas de la DANA. Y, por tanto, indignado con la actitud zafia y chulesca del president.

Las referencias precedentes nos remiten al papel tan relevante que juegan las televisiones en la representación de la realidad en las mentes de la ciudanía. Quizá por ello, el campo de batalla de los poderes hegemónicos se libra ahora en las pantallas, las pequeñas y las grandes. Ahí está el caso de Telefónica y el grupo Prisa, la disputa entre La revuelta y El hormiguero, los cambios en los informativos de Mediaset, el asalto de Elon Musk a las redes sociales, etc.

Confrontación que explicaría el que, por ejemplo, cuando La 1 (RTVE) emitía el partido de la selección española con tanta audiencia, La Sexta contraprograma en Lo de Évole la reemisión del especial, con algún retoque si la memoria no me falla, que la productora de contenido realizó sobre el atentado del 11-M y la desastrosa gestión que el PP hizo de aquel trágico atentado. En sentido contrario y cuando llegan malos vientos para la democracia, La 2 (TVE) programó la magnífica serie de 4 documentales bajo el genérico de La conquista de la democracia, cuyo fondo y forma son más que recomendable.

Las mentiras, los desmentidos y la presión en la redacción de los medios de comunicación, públicos y privados, todo para acabar dividiendo a la parte más débil: víctimas y afectados del atentado. Las alusiones veladas a que ahora con la DANA se sigue el mismo patrón informativo ensayado con aquel atentado, el Prestige o el Yak-42 en el que fallecieron 62 militares españoles. La última intervención del familiar de una de las víctimas, ya casi sobre los títulos de crédito, dijo que todo su dolor y esfuerzo lo pone para que aquel maltrato y despotismo del poder no vuelva a repetirse.

Pocos días antes, La 2 y simultáneamente en Canal 24 horas, ambas de RTVE, emitieron el documental titulado así: 7291, dirigido por el periodista Juanjo Castro. La emisión fue precedida por el especial La pandemia que paró el mundo, moderado por Xabier Fortes y acompañado de comentaristas e invitados, además de cortes con la opinión de destacados líderes, aunque no del PP que declinaron la invitación.

El título alude a la cantidad de fallecimientos en las residencias ubicadas en Madrid. Como cabe imaginar la polémica desatada fue enconada debido a las posiciones tan encontradas ante tanto dolor. Entre otros motivos porque la desgracia no se distribuyó a partes iguales entre los distintos estratos sociales y porque además se cometieron actos de pillaje a las contratas de compra o en la discriminación ejercida por las aseguradoras médicas.

La oscura aparición del president Mazón durante la cremà de las Fallas de Valencia.

En esta lucha por el control del orden escópico, se inscriben igualmente muchos de los videoclips producidos para las redes sociales, pero luego replicados en todas las televisiones. Un ejemplo es el que muestra a Donald Trump tomando el sol plácidamente en la arrasada Palestina con más de 50.000 muertos.

No menos bochornoso fue el videoclip producido por el PP para ensalzar los casos de presunta corrupción imputada a distintos miembros del PSOE. En esta ocasión el modelo narrativo adoptado era el poco edificante formato de La isla de las tentaciones (Tele 5) provocando un conflicto diplomático con la República Dominicana que es donde se localizan las «tentaciones». Y para mayor gloria de estos formatos narrativos, hasta una comisaria europea lo utiliza para dar instrucciones sobre cómo confeccionar el «kit de supervivencia».

Aunque esta ocupación de las pantallas nos pueda resultar descabellado y simples mamarrachadas, algún efecto deben tener entre las audiencias. De hecho, ahí está la escena, ofrecida urbi et orbi, del Sr. Trump simulando la compra de un coche de la factoría de su amigo y ultraconservador Elon Musk. Por su parte, el ejército israelí en su agresión constante al pueblo palestino, no se le ocurre otra cosa que detener y torturar a Hamdan Ballal, uno de los directores del impactante documental galardonado con un Oscar y titulado No other land (disponible en varias plataformas).

Llegados a este punto sería conveniente retomar al maestro John Berger quien mantiene que los medios de comunicación y especialmente la televisión, han subvertido sustancialmente el sistema de representación de la realidad. Le ofrecen al espectador dialogar no con lo existente sino con las apariencias, con lo incorpóreo. Diálogos a través de lo que los espectadores reconstruyen relatos emocionales con los que tienden a identificarse y a enfrentarse al mundo desde el resentimiento.

¿Las pantallas se habrán convertido en armas de destrucción masiva o solo es porque, de momento, están en manos de unos mamarrachos e indocumentados?

Escribe Ángel San Martín 

Trump, capaz de aparecer en «anuncios» comprando coches en las empresas de Elon Musk.