El Mundial, los incendios y las promos

En efecto, ojalá que pronto nadie niegue la evidencia del cambio climático. Ojalá paren las guerras que siempre pierden los más pobres. Ojalá que la fuerza de los votos cierre el paso a cargos público a los descerebrados. Ojalá la sanidad, la asistencia social o la educación sean equitativas y redistributivas. Ojalá que el negocio descarnado deje de ser loado. Ojalá no nos roben las palabras ni las inhabiliten asociándolas con significados torticeros (como ahora prioridad, ocupación o invasión, etc.). Ojalá desaparezcan esos programas de TV que envenenan hechos y verdades.
Sin embargo, una palabra tan bonita como «ojalá», ha sido utilizada a modo de reclamo publicitario en el recién finalizado Mundial 26.
Lo llamativo no es que RTVE la incluyera en sus machaconas e insistentes promos del citado evento deportivo. El problema está en que el ente público se hace cómplice de la organización y financiación de un mundial hecho por y para la gran industria publicitaria ¡tipo Eurovisión! Desde el espectáculo de inauguración, hasta el de clausura y entrega de la copa, todo estaba concebido para el entretenimiento alienante y que Infantino quiere convertir en un gran negocio para especuladores como la familia Trump.
Publicidad que además de vender productos materiales, hace lo propio con las ideas, sobre todo con las más delicadas como las que hacen referencia a la identidad colectiva.
Entre anuncio y anuncio, se le dejó claro al mundo que las reglas reguladoras de las relaciones entre los pueblos, las pueden cambiar a su antojo unos pocos descerebrados y genocidas. En última instancia esta edición del mundial la han convertido en un poderoso escaparate para doblegar a las instituciones multilaterales, dando así a entender que lo importante está en el poderío de los iluminados.
Bueno, es cierto, cuentan con la complicidad de alguno más, de lo contrario no serían posibles las masacres de Palestina, Gaza, Irán, Ucrania, Sahel, perseguir a la inmigración o los secuestros extrajudiciales en Venezuela y Cuba.
Ojalá no existiera nada de esto, pero la verdad es que todo ello no solo está ahí, sino que además se manifiesta a ritmo de teleserie. Eventos y festejos que se precipitan uno tras otro para que la TV los retransmita y embarre en las tertulias (la tragedia en la frontera de Ceuta o la sospechosa compra de Ayuso de los áticos, son ejemplos de estos días). Da igual que sea el último bombardeo de Putin sobre Ucrania que el terremoto de Venezuela, la visita del Papa a España o el triunfo de la selección española en el mundial.
Todo es materia audiovisual para mayor gloria de quienes financian esos espacios transmitiendo ideas a través de las promociones.
Y cuando no hay eventos reseñables, entonces el juez Peinado publica un auto o el Sr. Zapatero acude a Mañaneros 360 (TVE) a dar pena por lo de las joyas y los desaguisados de intermediación. Asuntos que retoman desde la Cuatro en programas ultramontanos como Todo es mentira o Código 10, bajo la advocación de «no se acusa a nadie, solo se informa», dan suelta a todo tipo de bulos y juicios descalificantes hacia iniciativas y acciones no compatibles con la derecha recalcitrante.
Ojalá el personal fuera menos vulnerable ante las embestidas de las imágenes y las palabras concebidas para confundir. ¿Tan complicado sería evitar el mimetizarse con el entorno? El interrogante surge, entre otras razones, al observar los millones recaudados por la venta de camisetas de la selección de fútbol, como antes se las compraron para la visita del papa a nuestro país. En aquel momento el color prevalente era el amarillo, ahora es el rojo, pero la idea de fondo es la misma: identificarse y fundirse con los protagonistas a quienes se admira hasta el éxtasis.
En uno de los informativos de estos días, mientras la presidenta de la Comunidad de Madrid ofrecía una rueda de prensa sobre cómo evolucionaba la extinción de los fuegos, detrás de ella ocurría algo llamativo. Uno del séquito trataba de ponerse el chaleco, igual que el de su presidenta, con iconografía llamativa. Imagen que se repite estos días en cada incendio o tragedia de las que se informa.

La estampa suscita no pocas hipótesis. Por ejemplo, mediante la vestimenta pretenden dignificar su trabajo de gestión de los montes, aunque en muchos casos se haya limitado a recortar el presupuesto y despedir a los agentes forestales. Pero los políticos que en tales circunstancias acuden a la cita con la prensa, nunca se ponen un chaleco del personal que lucha contra las llamas, sea de la UME, bomberos, forestales, guardia civil o Cruz Roja. ¿Qué grado de indignación sentirían estos profesionales si ven a los representantes políticos disfrazados con sus uniformes?
Pese a la mencionada impostura, ya sea con chalecos o camisetas deportivas, resulta que el tratamiento del asunto en cuestión será altamente individualista. Da igual el tipo de programa o tertulia televisiva de la que se trate: siempre acaban resaltando las cualidades de unos pocos, sea el papa, un ciudadano particular o un jugador de fútbol (lo de Messi, Lamine o Mbappé, ha sido de escándalo), una alcaldesa o un ciudadano heroico. Valdría decir que la identidad colectiva queda supeditada a la individual, estrategia a la que las crónicas deportivas contribuyen de manera especial.
Estos efectos colaterales de la programación de TV, tiene su propia terapia homeopática. Tal sería el caso de ver cada domingo por la noche a la trotamundos Mercedes Milá en Me meto en un jardín (La 2), aunque ella acude a la cita y habla con sus invitadas e invitados en la autocaravana con la que va de jardín en jardín.
En La 1, para aflojar las tensiones generadas por los tribunales, cada jueves se emite El perro andaluz (¡cuántas connotaciones tiene semejante título!), con Manu Sánchez oficiando el cotarro, y también exhibiendo su individualidad.
Bueno, si se enteren de esto Trump e Infantino seguro que compran todas las existencias de camisetas para especular con las identidades. De hecho, ya anuncian la venta de chalecos y entradas para ver en primera fila el eclipse del próximo día 12. No obstante, en La Sexta Xplica (La Sexta) se promete retransmitir el evento en directo comentado por Don Miguel Ángel Revilla y demás tertulianos desde la luna. Eso sí, se recomienda protección ocular homologada.
Escribe Ángel San Martín
