Lubitsch y su toque

La obra de Lubitsch se caracteriza por un humor fino y refinado, un poco irónico, tan sutil como para que sus insinuaciones y erotismo lograran saltarse la censura de la época, denominándolo «toque Lubitsch» que, si bien resulta identificable cuando se ve, no lo son tanto las características definitorias que se utilizan para describirlo.
Fue la propia Mary Pickford quien atraída por su humor reclamó a este berlinés de nacimiento, ofreciéndole un contrato en Hollywood para dirigir Rosita, la cantante callejera (1923). Diez años más tarde tomaría la nacionalidad estadounidense, país donde fallecería en 1947.
Fue un director notable en diversos géneros, siendo la comedia screwball uno de ellos.
La comedia screwball
Screwball es un tipo de comedia romántica propia de Hollywood de los años treinta y cuarenta, estas obras surgen de la Gran Depresión tipificando a sus protagonistas de clases acomodadas como personajes elegantes, algo excéntricos, y a los pobres como poseedores de mayores recursos para adaptarse a diversas situaciones, y reveses, que se presentan en el argumento. Los diálogos rápidos e inteligentes caracterizan a estas obras.
En las películas del género el ensalzamiento femenino es habitual, generalmente, una joven adinerada que conoce a un joven trabajador de una clase social inferior, con quien termina uniéndose. Por contradictorio que pueda parecer dada la situación económica de la época, la clase social más acomodada, la muestra de su vida solaz, cómoda, repleta de lujos y privilegios suponía uno de los reclamos del género screwball.
Otro rasgo distintivo era el mencionado diálogo, que además de rápido era muy abundante lo cual necesita de toda la atención por parte del espectador, algo que a priori puede resultar contradictorio dado que estamos en el ámbito del género romántico, considerado ligero, y habitualmente denostado en el área cinematográfica por ser supuestamente vacuo. Algo que queda refutado ante obras representativas como la presente.
Sobre Lo que piensan las mujeres
Una de las películas más representativas del género es Lo que piensan las mujeres y en ella Lubitsch va más allá. Parte de una pareja joven que lleva seis años de matrimonio y que vive muy cómodamente. No obstante, la esposa sufre un extraño hipo que la lleva a ir a un psicoanalista quien hace que la joven descubra que su matrimonio feliz está lejos de serlo, pues oculto en su subconsciente habita un reproche hacia su marido.
Tras esto, días más tarde conoce en la consulta a un extravagante músico con el cual comienza a mantener una relación extramatrimonial, desencadenando en el divorcio del matrimonio.
En principio puede parecer que este argumento se halla lejos de lo habitual del género, nada más lejos, pues dentro se puede hablar de un subgénero en el cual se ubicaría este argumento, el de los segundos matrimonios, como Luna nueva (1940), dirigida por Howard Hawks, donde una pareja divorciada se da una segunda oportunidad y se vuelve a casar. Siendo esta base argumental algo común en este subgénero.
Es reseñable la parodia que desencadena el problema: el hipo. En sí no es una enfermedad, no obstante, es tratado con la suficiente seriedad en la trama por parte de la pareja y sus amistades como para ser analizado por un psiquiatra. Una sutil sátira hacia la mencionada clase social y sus problemas.

El psicoanálisis
Larry y Jill son el icono de la alta sociedad neoyorkina en la cual se ubica y ejemplifica, en principio, este matrimonio perfecto. Sin embargo, tras acudir al psiquiatra ella descubre los rencores guardados hacia Larry. Es el psicoanálisis lo que sirve en la película como desencadenante de los acontecimientos futuros del matrimonio. Las teorías del psicoanálisis como la interpretación de los sueños de Freud, entre otras cosas, contribuye a abrir la puerta del surrealismo.
Conviene recordar que, en esta misma década, la de los años cuarenta, Hitchcock se adentraría con Recuerda (1945) en la profundidad de la mente y en lo que en ella se oculta y cómo se desvela mediante símbolos que conllevan a interpretaciones. Bajo esta premisa y en tono de comedia es lo que cuatro años antes tomó Lubitsch para desarrollar su obra.
El descubrir que está hastiada y molesta con su marido y que todo ello se ocultaba en su mente somatizándolo a modo de ataque de hipo, lleva a Jill, quien inicialmente es mostrada como la perfecta casada, a rebelarse y adoptar un amante, Sebastian, un pianista que representa el rol de artista maniático y endiosado.

Los códigos morales: la censura de Hollywood
En 1930, aunque no se aplicó hasta 1934, ante ciertos escándalos y malas conductas por parte de las estrellas de cine, y también por las actitudes consideradas promiscuas por un ámbito ultraconservador de los Estados Unidos, se creó un organismo que regulase tales comportamientos y para ello se encargó que lo realizase a Will H. Hays, un conservador un tanto radicalizado.
Hays redactó su código de conducta, un manual que debían seguir los estudios de cine. Por supuesto, los desnudos y relaciones íntimas o incluso los besos que fueran considerados muy largos, no tenían cabida, ni tampoco el adulterio, también estaba vigilado, pues el matrimonio era considerado como una institución que debía ser protegida.
Muchas de estas prohibiciones están presentes en la película de Lubitsch quien, lejos de dejar coartar su creatividad por la censura, se viene arriba y de forma ingeniosa no solo aborda estos temas, sino que se centra en ellos mostrándolos de forma velada, siendo la sugerencia una de sus especialidades, como también lo fue la comedia.
El texto
El guion proviene de una obra de Victorien Sardou Divorçons, escrita junto a Émile de Narjac, una obra de teatro estrenada en 1882 y publicada cinco años más tarde en Estados Unidos, cuando también se representó en Broadway, exitosamente, siendo finalmente adaptada a la pantalla en varias ocasiones, primero al cine mudo y posteriormente se reversionaría con sonido. Esta versión de Lubitsch fue un fracaso comercial tal que supuso la separación de la productora configurada entre Lubitsch y Sol Lesser, este último sin acreditar.
Pese a su fracaso, la banda sonora fue nominada al Oscar. Su puesta en escena denota la herencia del teatro con decorados interiores y escasas localizaciones en las que se lleva a cabo la acción, limitadas básicamente a cuatro relevantes: el apartamento, la habitación del hotel, el despacho del abogado y el del psiquiatra. La película es un ejemplo de este tipo de comedias sofisticadas con un sentido del humor elegante y de índole liberal.
Escribe María González Juanes
