El abanico de Lady Windermere (Lady Windermere’s Fan, 1925), de Ernst Lubitsch

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Una genialidad silente de Lubitsch

Maravillosa película muda dirigida por Ernst Lubitsch en 1925. Está basada en la obra teatral de Oscar Wilde Lady Windermere’s Fan, de cuatro actos y estrenada en 1892 con gran éxito en todo el mundo.

Esta obra de Wilde ha sido llevada al cine posteriormente en 1935 por Heinz Hilpert. En 1948 Luis Saslavsky dirigió la película argentina Historia de una mala mujer, basada en la misma obra. Y en 1949, Otto Preminger llevó el drama amoroso a su filme The Fan (El abanico…).

Y ya en el actual siglo, en 2004, se hizo una adaptación ambientada en la costa de Amalfi (Italia) titulada A good woman, dirigida por Mike Barker con guion de Howard Himelstein.

Como podemos comprobar, la obra teatral de Wilde ha tenido un largo recorrido en sucesivas adaptaciones al cine. Y quién sabe…

La historia

Los protagonistas son un matrimonio londinense de clase alta: Lord y Lady Windermere. Ella es seducida insistentemente por un solterón, Lord Darlington. Aunque le tienta lo que le ofrece, prefiere continuar fiel a su íntegro e intachable esposo.

Un día, Lord Windermere recibe una carta de una tal señora Erlynne, que le pide verle en forma inmediata y en secreto. Esta es la madre de Lady Windermere, una aventurera con reputación de mujer bella, elegante y de dudosa reputación, sobre todo según los chismorreos.

La señora ha regresado a Londres en condiciones algo precarias, por lo que le pide dinero Lord Windermere, pues sus finanzas andan escasas y sus gastos en aumento.

La cosa es que Lady Windermere siempre creyó que su madre había fallecido y la tiene idealizada. Por este motivo Lord Windermere prefiere pagarle una asignación mensual a Erlynne y le pide a cambio que no revele su identidad a su esposa. Pero, aunque Erlynne respeta el pacto, pronto Lady Windermere empezará a tener ideas equivocadas respecto a la relación que hay entre ella y su marido.

En una serie de equívocos, Lady Windermere se siente ultrajada pues cree que su marido le es infiel y decide abandonarlo para seguir a Lord Darlington, quien le ha confesado su amor, aunque la Sra. Windermere lo ha venido rechazando.

Tras enterarse de lo sucedido, Mrs. Erlynne sigue a Lady Windermere hasta casa de Lord Darlington y hace lo imposible para convencerla de que vuelva con su marido, y que no cometa el error que ella cometió y que le acarreó todo tipo de desgracias e infortunios y encontrase como se encuentra en la actualidad. De modo que actúa para evitar un escándalo y un equívoco.

Consideraciones sobre la película

Gran placer y delicia se experimenta al ver esta agradable película de Lubitsch, donde podemos solazarnos de su estilo tan reconocible al que llamamos “toque Lubitsch”. Hay elegancia y gran habilidad para bromear sobre las relaciones sentimentales en las altas esferas sociales.

Hollywood tomó en los años 20 la inteligente y oportuna decisión de traer a este sagaz director alemán. Como decía el título de aquella película de Minnelli: Con él llegó el escándalo. No sólo obsequió a la industria con clásicos de la comedia, sino que fue también una decisiva influencia para otros directores del género.

En esta película muda, la ausencia de diálogos agudos e ingeniosos obliga a que prestemos atención a las imágenes

En aquella era muda, el director alemán contribuyó con títulos realizados en los Estados Unidos, donde se adivinaba claramente su depurado genio y su marcado estilo que luego continuaría explotando en la era sonora, con mayor éxito aún.

Ese cine ofrecía al espectador americano lo que esperaba de un director europeo: historias ambientadas en Europa, con una idealizada visión de la alta sociedad del viejo continente, su distinción, elegancia, desenvoltura y vibrantes líos amorosos. Esta película, basada en la obra de Wilde, seguía esas premisas.

De modo que aquí están los ingredientes de un Lubitsch típico, a lo cual sumamos un efectivo reparto en el que destaca un jovencísimo Ronald Colman, junto con Irene Rich, May McAvoy, Bert Lytell, Edward Martindell y Carrie Daumery. ¡Y la cosa estaba hecha!

Con el famoso toque Lubitsch, un “toque” que, aunque uno no sepa quién es Lubitsch, cuando uno ve películas como esta, se nota que tras la cámara hay un director que tiene su propio modo, su particular sello, que es llamativamente elegante y original a la hora de tratar la historia.

En esta película muda, la ausencia de diálogos agudos e ingeniosos obliga a que prestemos atención a las imágenes, para ser aún más conscientes de cuantos detalles configuran su forma particular de realizar la cinta. Esto es más meritorio aún por cuanto adapta una obra de Wilde que, según decían, era teórica y prácticamente imposible de trasladar a la pantalla, pues está basada fundamentalmente en lo ingenioso de sus diálogos.

Aspectos de interés

Expongo aspectos, detalles y señalizaciones de esta obra que son de gran interés, pues siendo, como digo, un filme mudo, la comunicación con el espectador sigue otro itinerario diferente al de la palabra.

El sarcasmo hacia la alta sociedad está desde el primer rótulo, como cuando Lady Windermere decide el orden en que se van a sentar en la mesa los invitados; al principio sitúa a Lord Darlington a su derecha, pero no tarda en cambiar de opinión (aquí sucede algo, se piensa). Llega el tal Darlington y galantea con ella, pero ella le rechaza, aunque un poco antes hemos visto que no le desagrada del todo.

Está la carta que ha recibido Lord Windermere y que oculta presto; Darlington la atribuye a una amante (uno de tantos malentendidos del filme). Después la historia de la madre de Windermere: ¿Por qué ha fingido estar muerta? Pero la verdad, incluso que nada de eso importa. Lo esencial es la situación de los tres personajes principales.

El sarcasmo hacia la alta sociedad aparece desde el primer rótulo

Algo importante es que el filme no es una sucesión de secuencias ingeniosas, pues incluso en las escenas más accesorias hay un trabajo importante en la composición de planos y el cuidado del detalle.

La forma de dar a entender equívocos con simples miradas, cómo se expresan ideas con pequeños gestos o el uso del espacio para reflejar las relaciones de los personajes.

Es digno de subrayar que este filme no cae en la opción moralizante y biempensante de hacer que los personajes conozcan la verdad. Las mentiras se mantienen hasta el final y lo que soluciona el conflicto es otra mentira, por lo que se disfruta del placer de sentirse en la posición privilegiada de saber todo lo ocurrido, algo que los personajes apenas conocen parcialmente.

El sarcasmo de que cada miembro del matrimonio Windermere oculta una parte de la verdad al otro para salvar su relación, sin ser conscientes de que no conocen la visión global de lo que ha pasado realmente.

Abarca facetas diferentes, pero la cinta no es recargada. Hay humor a raudales, momentos dramáticos y de tensión, hay una afilada crítica a la alta sociedad o se explora cuán problemático puede ser el afecto materno o querer estar cerca de la persona que se quiere. Por ejemplo, la trama se precipita por la insistencia de Erlynne de ver a su hija en su fiesta de cumpleaños, con riesgo de casi llevarla a la misma ruina que sufrió ella misma tiempo atrás; concluye entendiendo que la única forma de no hacer daño a su hija es alejándose de ella.

En la parte final, Mrs. Erlynne y Lady Windermere se encuentran en el apartamento de Darlington y esta convence a Windermere de que vuelva con su marido, pero deben esconderse pues vienen unos caballeros, entre ellos Lord Windermere y Lord Darlington. Los hombres entran en la casa y conversan, pero el Sr. Dumby encuentra el abanico de Lady Windermere, y el esposo lo reconoce. Acusa a Darlington de tener a su mujer escondida. Entonces aparece Mrs. Erlynne y confiesa que es ella quien cogió el abanico por error: sacrifica su reputación para salvar el matrimonio de Lady Windermere.

El final además es genial, con una especie de cabriola en que Erlynne, caída en desgracia, hace un cambio y da a entender a su prometido el buen señor August, que la culpa de todo es suya. August, a pesar de haber dicho que no se casaría, se lo piensa y marcha con ella. Gran y pequeño detalle del guion que demuestra un gran conocimiento de las relaciones entre hombres y mujeres.

Lubitsch en una imagen promocional de «El abanico de Lady Windermere»

Apartados destacados

Dirección: Lubitsch, conocido por su habilidad para manejar la comedia y el drama con unas formas ligeras y en forma sofisticada, logra adaptar la sátira social de Wilde a la pantalla muda, utilizando gestos y expresiones para transmitir la ironía y el humor de la obra original.

Reparto: Las actuaciones son un punto fuerte de la película. Ronald Colman interpreta a Lord Windermere, mientras que May McAvoy da vida a Lady Windermere. La interpretación de Irene Rich como la señora Erlynne es particularmente destacada, aportando una mezcla de misterio y vulnerabilidad al personaje.

Fotografía y diseño de producción: La película destaca por su elegante diseño de producción y la fotografía de Charles Van Enger y Willard Van Enger (B&N), que aprehende la exuberancia de la alta sociedad londinense de la época. Los decorados y el vestuario están meticulosamente diseñados y detallados, lo que añade una capa adicional de autenticidad y atractivo visual.

Adaptación de la Obra de Wilde: Aunque la película se toma algunas libertades con la obra original, mantiene la esencia de la crítica social de Wilde sobre la hipocresía y la moralidad victoriana. Lubitsch utiliza el medio cinematográfico para explorar temas de identidad, reputación y modales de una manera que conecta enteramente con el público.

Recepción y legado:La película fue bien recibida en su momento y no creo aventurado afirmar que sigue siendo una obra muy apreciada por los aficionados y entendidos en cine. Aunque no sea lo más conocido de Lubitsch, este filme es un ejemplo de su capacidad para adaptar obras literarias complejas a la pantalla grande.

La película también evidencia el talento de nuestro director para combinar humor y drama en forma de experiencia cinematográfica exquisita y entretenida.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

Película completa