El diablo viste de Prada (3)

Published on:

Fusiones, fusilamientos y adquisiciones

Hace ya muchos años que la fábrica de sueños del cine encontró un filón en el fenómeno de la revisión. Ya sea un remake, una secuela, una precuela o un spin-off, la cuestión es dar con el material seminal de base idóneo para desarrollar esta praxis.

El filón consiste en coger un filme que, por las razones que fuese, en su día gozó de cierta notoriedad y ponerlo a merced de los guionistas para crear una nueva cinta, basada en aquella primigenia, que despierte el componente nostálgico del público de masas. Curiosamente, suelen ser obras que de ningún modo fueron excelsas en su día sino más bien tibias, pero con algún je ne sais quoi que las hizo perdurables en el subconsciente colectivo.

Lo cierto es que esta ola de producción de secuelas suele cumplir unos parámetros que ya funcionan solos por el mero hecho de seguir la fórmula de fusilar. Mismos personajes, una peripecia argumental que imita paso a paso el desarrollo de la cinta original, y varios guiños apelando a la melancolía de un tiempo pasado que la referencian para mayor contento del recuerdo del público.

La próxima cinta que se sube al carro de esta tendencia será Prácticamente magia 2 —convenientemente anunciada en los tráileres de la cinta que nos ocupa hoy— y que es perfecto ejemplo de esta tendencia. El resultado suele ser una nueva obra sin personalidad, demasiado copiada, poco inspirada, aunque satisfaga el anhelo nostálgico de ese cine de hace dos o tres décadas que llevamos dentro. Por suerte y sorpresa de quien esto suscribe, El diablo viste de Prada 2 no la enmarcaremos en dicha categoría, o al menos no de igual manera.

No hablaremos de su primera parte porque seguro que ustedes la recuerdan perfectamente. Si fue un éxito, y es hoy una de esas cintas a las que no nos importa regresar veinte años después, es porque sus ingredientes funcionaron a la perfección. Personajes icónicos, diálogos y frases que aún se recuerdan, una mescolanza de géneros muy para todos los públicos, un guion más o menos facilón y biempensante, y una pasión por el estilismo que traspasaba la pantalla. No estábamos delante de ninguna obra maestra, pero la cosa funcionó a las mil maravillas.

¿Qué ha sabido hacer su segunda parte? Mantener los elementos identitarios, aunque huyendo del texto original para crear una historia completamente nueva que, pese a que se revela autorerrefencial en algunos momentos, huye del antedicho fusilamiento y apuesta, en cambio, por la fusión inteligente de elementos que juegan con el pasado y con la modernidad al unísono.

Un traje hecho a medida

El texto de El diablo viste de Prada 2 se zambulle de lleno en nuestros tiempos actuales con una sabiduría inusual y muy honesta. Nos habla de la proliferación de las redes sociales, de la muerte del periodismo tradicional o del advenimiento de una era de la información digital, artificial, y peligrosamente mutable, en la que el pez grande se come, no ya al pequeño, sino a otro igual de grande o más, debido a la manipulación empresarial y de los medios.

Por supuesto, la jefa abusona ya no encaja en una sociedad como la presente y la adaptación a los modelos normativos de la generación postmillennial son obligatorios para la supervivencia en un mundo diseñado para el capitalismo feroz. Dicho en plata, la película se confecciona su propio traje a medida para no caer en la copia simple y, de paso, poder resaltar en la pasarela de las taquillas de las salas cinematográficas.

Cierto es que su guion huele a producto prefabricado, faltaría más dada la naturaleza de este filme, pero ha sido prefabricado con una historia trascendente que entiende y transmite con ingenio los verdaderos entresijos del mundo de la moda.

Un reparto increíble que ya demostró su buen funcionamiento en la primera parte y que repite casi al completo

Al eficaz argumento de la posible adquisición de la revista Runway, verdadera protagonista del entuerto y enunciado clave de la función, se le añaden los clásicos hits por todos conocidos en las comedias emblemáticas provenientes de cualquier gran estudio cinematográfico: momentos de comicidad bien resueltos; algún diálogo chispeante bien introducido (aunque echemos en falta un discurso a la altura del azul cerúleo); un romance prototípico que, ojo, no molesta; cameos alucinantes que aquí no conviene desvelar; las tan deseadas pistas que nos llevan a la primera película; un lenguaje propio que habla a través del vestuario; y hasta un juego de espejos que solo entenderán los conoisseurs del papel cuché.

Por encima de todo ello, la baza principal. Un reparto increíble que ya demostró su buen funcionamiento en la primera parte y que repite casi al completo. Capitaneando el equipo tenemos a una Meryl Streep/Miranda Priestley imperial, que aquí aparca su tiranía intermitentemente para dejar ver su vulnerabilidad; seguida de un otra vez notable robaplanos Stanley Tucci; y, por supuesto, Anne Hathaway, con un personaje más adulto y maduro (lógicamente) que representa el contrapunto perfecto de quien maneja el timón. Emily Blunt, aunque con menos espacio para su evolución, también cumple con creces en su vis más cómica. E incluso pedimos atención para el personaje de Kenneth Branagh.

Todo ello, convenientemente mezclado y agitado, conforma la fusión perfecta para una comedia hollywoodiense de estos parámetros. El diablo viste de Prada 2 termina por ser una feel-good movie con mucho que decir, un divertimento entretenidísimo, ágil, grácil y lleno de buenas ideas, con varios aciertos visuales, y un reparto que se sostiene por sí sólo.

Y quizás esto sea más que suficiente para que un producto bien diseñado, mejor patronado y excelentemente rodado e interpretado logre sobrevivir al síndrome de la secuela e iguale a su icónica predecesora. Quizás la nota que luce arriba acompañando el título sea un tanto excesiva, pero cabe valorar un producto en función de su esfuerzo y consecución de objetivos. El diablo viste de Prada 2 va bien servida en ambas cosas, por lo que resulta de justicia premiar su tesón.

Escribe Ferran Ramírez | Fotos 20th Century Studios

Otros filmes relacionados con el mundo de la moda:
The September issue