La aventura de ser padre

Tadeo Jones nació en 2004 de la mano de Enrique Gato, inicialmente en forma de cortometraje. Aquella primera pieza de animación no tardó en convertirse en un éxito, llegando a conquistar el Goya a Mejor Cortometraje de Animación.
Tres años después, en 2007, Tadeo Jones y el sótano maldito prolongaría la aventura en el mismo formato y repetiría el triunfo en los Premios Goya. El salto definitivo llegaría en 2012, cuando Gato trasladó al personaje a la gran pantalla con Las aventuras de Tadeo Jones, convirtiendo lo que había comenzado como un proyecto de cortometraje en una auténtica franquicia cinematográfica.
Aquel primer largometraje no solo asentó las bases del universo y del personaje de Tadeo Jones, sino que amplificó considerablemente su reconocimiento. La película obtuvo tres Premios Goya –mejor Película de Animación, Dirección Novel para Enrique Gato y Guion Adaptado–, confirmando el valor de la propuesta dentro de la animación española.
Sin embargo, el fenómeno Tadeo Jones trascendió ampliamente el terreno de los premios. Las aventuras de Tadeo Jones consiguió un enorme éxito de público, atrayendo a varios millones de espectadores a las salas y extendiendo su repercusión más allá de España gracias a su distribución internacional.
Ese éxito creativo y comercial tendría continuidad con Tadeo Jones 2: El secreto del Rey Midas y Tadeo Jones 3: La tabla esmeralda, consolidando una franquicia que ha logrado mantenerse durante más de una década en el imaginario del público. Tadeo Jones se ha convertido así en uno de los grandes exponentes de la animación española contemporánea y en una de las franquicias cinematográficas españolas con mayor proyección internacional.
El personaje nació como un sosias paródico de Indiana Jones: un torpe albañil que sueña con convertirse en aventurero y arqueólogo. Desde sus primeras apariciones, Tadeo Jones se construyó alrededor de un imaginario fácilmente reconocible a nivel internacional, apoyado en escenarios como Chicago, localizaciones exóticas y constantes viajes que favorecen la identificación del personaje en distintos mercados.
Sin embargo, bajo esa vocación claramente internacional, la franquicia nunca ha renunciado a sus raíces españolas. El humor, la idiosincrasia del protagonista y numerosos guiños culturales mantienen presente su origen, configurando un personaje que busca funcionar fuera de nuestras fronteras sin perder aquello que lo hace reconociblemente español.
Junto a su despliegue visual, uno de los aspectos más interesantes de esta cuarta entrega reside en la evolución temática de la franquicia, especialmente a través de la introducción de la paternidad como nuevo elemento asociado al personaje de Tadeo Jones. La aparición de Oli, la hija de Tadeo y Sara, presentada ya desde la introducción de la película –en una trepidante escena– permite ampliar el universo de la saga y orientarlo hacia una concepción más familiar. Se configura así una familia tan particular como heterogénea, en la que conviven personajes de naturalezas muy diversas, pero cuyo vínculo afectivo resulta cada vez más importante.
Esta cuarta entrega destaca por una producción de notable factura, en la que la calidad técnica de la animación 3D se combina con un elaborado trabajo creativo en la construcción de los fondos y los escenarios. La película despliega además una considerable variedad de personajes y una amplia diversidad paisajística, trasladando la acción por escenarios como Londres, Perú o Grecia y recorriendo diferentes épocas históricas. Todo ello adquiere una especial relevancia en la gran pantalla, donde la riqueza visual, el detalle de las imágenes y el dinamismo de la puesta en escena permiten apreciar el considerable esfuerzo técnico y artístico detrás de la producción.
Sin embargo, la verdadera novedad no está únicamente en incorporar un nuevo miembro a la familia, sino en utilizar la paternidad como motor de evolución del propio Tadeo. La película plantea la necesidad de asumir una paternidad responsable precisamente a través de un personaje que, por su carácter temerario y algo irresponsable, parece representar todo lo contrario. De este modo, la relación con Oli ofrece a Tadeo la posibilidad de madurar y asumir responsabilidades que hasta ahora habían quedado relegadas frente a su obsesión por la aventura.

La paternidad se convierte, por tanto, en una vía para acercar al personaje a una dimensión más real y, en definitiva, para hacerlo más cercano. Este planteamiento adquiere relevancia en el tramo final de la película, donde tenemos una mayor carga emotiva. La película apuesta entonces por reivindicar la importancia de acompañar a los hijos durante su crecimiento y de formar parte activa de ese proceso, reforzando así la transformación de Tadeo desde el aventurero impulsivo que conocíamos hasta un personaje que comienza a asumir una responsabilidad afectiva y familiar.
Lógicamente, todo este desarrollo se integra dentro de las señas de identidad de la saga, que mantiene el humor abundante y con diferentes niveles, con referencias y situaciones capaces de conectar también con el público adulto.
La película incorpora además diversos temas y subtramas, como los celos, el amor o el protagonismo de los animales. Entre estas nuevas incorporaciones destaca especialmente la presencia de la inteligencia artificial, representada a través de un nuevo personaje que funciona, en cierta medida, como una IA y que termina integrándose en la dinámica del grupo hasta convertirse en un miembro más de esta peculiar familia. Se advierte del peligro de la nueva tecnología pero la conclusión es que hay que convivir con ella.
Continúan como es habitual las citas a títulos reconocibles del cine como Mad Max, Regreso al futuro –especialmente por su utilización del viaje temporal– o Titanic. Incluso aparece una referencia directa a la célebre frase final de Con faldas y a lo loco. Homenajes que van dirigidos a ese público adulto que reconoce en las imágenes ese guiño a la historia del cine.
En definitiva, Tadeo Jones y la lámpara maravillosa funciona como un producto comercial y, al mismo tiempo, como una propuesta de entretenimiento familiar que demuestra la capacidad de la franquicia para evolucionar sin renunciar a su identidad. La saga ha crecido con su creador y también con el público que la ha acompañado desde sus primeras aventuras, incorporando progresivamente nuevos temas y una mayor complejidad manteniendo el equilibrio necesario entre el público infantil y las personas adultas.
Escribe Luis Tormo