Misión: Imposible – Sentencia final (3)

Published on:

El arte del no va más

Todo apunta a que estamos ante la última –y final– entrega de la saga de Misión Imposible después de entretenernos y asombrarnos durante 30 años. Aunque, dicho sea de paso, una vez visto el capítulo final no queda tan claro que todo termine aquí.

Pero, suspicacias aparte, es lógico que el cierre de esta saga supusiera sobre el papel un descomunal reto para sus responsables. Primero, porque un fin de ciclo tenía que al menos ser igual de notable, o más, que algunas de sus predecesoras.

Segundo, porque es cierto que una franquicia que se ha alongado tantos años tiene que ser de algún modo una culminación narrativa de todo lo previo.

Y en último lugar, porque la franquicia de acción ha logrado un nivel de calidad altísimo dentro del género, convirtiéndose en una de las mejores sagas de acción —¿o quizás la mejor? — de la historia del cine

Por supuesto, la pregunta del millón era cómo construir un guion que haga justicia a todo el desarrollo previo de la historia, que sea un buen final para la trayectoria de Ethan Hunt, y que brinde lo que el público espera de ella. La respuesta está en la cinta, que está resultando una de las entregas más divisivas de la saga.

Ya sabemos que Tom Cruise, quien asume el control integral de sus películas, y su compañero de fatigas (guionista, productor y director) Christopher McQuarrie no tenían una tarea fácil con esta clausura.

Sorprendentemente, han optado por reducir drásticamente sus ya míticas set-pieces de acción, dar mucha cancha a todos los personajes que desfilan por pantalla, a rememorar la evolución de la saga haciendo un bonito homenaje a todo lo que sido el icónico personaje central e, incluso, a recuperar algún personaje de antaño que será decisivo para el remate final. Y todo ello, con la misión no imposible de querer dejar cerrados todos los cabos sueltos que quedaron por el camino, especialmente con su entrega anterior.

Y todo esto que estamos diciendo, se concentra en casi tres horas de metraje, convirtiéndola en el fascículo con más minutos de toda la colección. Y para más inri, nos atreveríamos a decir que es la cinta con menos acción de todas las previas. Porque, ya les avisamos, y esto es un spoiler, que van a encontrar sólo dos grandes secuencias de acción cuando la habitual en otras entregas era atender a cinco o seis escenas fantabulosas. Aquí son dos, son sumamente largas, y son absolutamente apabullantes. Porque esta Misión: Imposible se ha construido de una forma totalmente diferente a sus hermanas mayores.

En primer lugar, la producción se abre con un concatenamiento de escenas que intentan ir a toda velocidad para contar encuentros, avances, y mini-tramas necesarias pero que no tienen casi tiempo vital para ser interiorizadas. Hasta que llegamos al punto álgido de sus primeros sesenta minutos que implica a Luther Stickell, el especialista informático del equipo de Hunt.

Una vez superada esta primera premura, Misión: Imposible – Sentencia final entra en una fase mucho más discursiva en la que no faltan los manuales de instrucciones para los espectadores, un recorrido-compendio-repaso-homenaje a todas las entregas previas (tenía que haber guiños nostálgicos, claro) y también, vamos a decirlo, una glorificación del personaje central, ya que sólo él parece tener la capacidad de salvarnos de la destrucción planetaria total.

Una vez metidos en las reuniones presidenciales y demás, la obra ya empieza un tour de force in crescendo imparable hasta que culmina en su traca final, como es lógico. Y entre medio, por supuesto, sabemos que Hunt es un hombre de bien cuyo deber es esparcir un poquito de su filosofía de equipo aquí y allí para ser una gran persona.

Es cierto que toda la saga se ha basado siempre en el «no va más», pero siempre en compañía de un grupo

Es cierto que toda la saga se ha basado siempre en el «no va más», pero siempre en compañía de un grupo y de unos personajes que juntos hacen posible lo imposible. En esto, esta Sentencia final aún remarca más la importancia del trabajo y la fe en la mancomunidad, también en las peripecias políticas que se narran en la cinta, aunque siempre Hunt sea el gerifalte de todo el entuerto.

Hablando de Hunt, nos tenemos que parar a hablar de él. Porque lo de este señor queda claro que no es normal. Tom Cruise dijo que quería salvar el cine después del periodo pandémico; y es exactamente lo que está haciendo porque lo que él se ha determinado a hacer en estos últimos años es cine de palomitas de alta calidad que haga que la experiencia cinematográfica sea envolvente.

En cada segundo del largometraje, uno puede percibir su dedicación, su entrega al personaje y su absoluta pasión por el cine grandilocuente. Su megalomanía lo lleva a autoglorificarse en ocasiones, es cierto, pero es que lo que Cruise se ha convertido en el mejor doble del mundo rodando unas escenas de acción que ponen los pelos de punta. Tanto en el uso de primerísimos primeros planos como en los encuadres panorámicos, Cruise destila en el patio de butacas una energía rabiosamente insólita en pantalla.

Y si era obligatorio hablar de Cruise, también lo es hablar de su realizador, con quien parece que el actor ha hecho una comunión perfecta. McQuarrie lo borda. Vuelve a hacer un trabajo excepcional en el que la obra no aburre ni por un minuto y en la que todas las secuencias artesanalmente creadas asombran y crean un vértigo insólito.

Sorprendentemente, han optado por reducir drásticamente sus ya míticas set-pieces de acción

Ciertamente, es la más oscura de las misiones imposibles, ya que, desde su argumento base, se aprecia una gravedad en el asunto que vire por momentos hacia algo mucho más melodramático que lo vivido anteriormente. Y esa oscuridad tonal es la que define también sus espacios, en su mayoría cerrados y tenebristas, hasta llegar al mismo cielo para salvar al mundo en el que por fin se verá la luz de los acontecimientos, en sentido literal y figurado.

Pero McQuarrie sabe perfectamente lo que se hace y rueda un espectáculo que resulta apoteósico, inmenso. Es cine de acción en estado puro que requiere la mayor de las pantallas. Consciente de su sacrificio de algunos elementos en pro de la carga adrenalínica, lo que el espectador atiende es un enrevesado juego de fuerzas realizado con una destreza admirable.

Y aunque se la puede acusar de tener sus momentos de buenismo y algún que otro defecto más, sigue provocando una sensación envolvente, emocionante y extrema. Porque es una obra increíblemente ambiciosa en sus propósitos, deslumbrante en sus secuencias, en su montaje y en su diseño de producción. Si verdaderamente estamos ante la despedida de Ethan Hunt, desde luego, sale por una de las puertas más grandes por las que hayan salido jamás otros héroes de acción.

Escribe Ferran Ramírez

Otras críticas de la saga de Misión: Imposible
Misión: Imposible – Sentencia mortal, parte 1
Misión: Imposible – Fallout
Misión: Imposible – Protocolo fantasma