La camorra como tejido social

El periodista y escritor Roberto Saviano (Napoles, 1979) saltó a la fama con la publicación de Gomorra, una novela en la que documentaba las actividades de la mafia napolitana. El libro vendió millones de ejemplares y fue traducido en más de 50 países.
Su repercusión mediática se acrecentó cuando se hizo pública la amenaza por parte de la camorra, una situación que 20 años después todavía se mantiene, obligando al escritor a vivir permanentemente rodeado de escoltas y con su movilidad limitada.
Tras estudiar Filosofía en su ciudad natal, Saviano comenzó a trabajar en diferentes medios de comunicación italianos como Il Manifesto, Il Corriere del Mezzogiorno o Nazione Indiana, especializándose en la denuncia de las actividades del crimen organizado.
Junto a esta tarea periodística, Saviano comenzó a escribir literatura desarrollando una temática alrededor de sus investigaciones que terminó dando como fruto Gomorra (2006), novela de no ficción en el que expone la tesis de que la camorra no son solo unos delincuentes organizados en familias, sino que constituyen un entramado criminal y económico enraizado en la sociedad italiana.
Desde la publicación de Gomorra, su trayectoria ha estado estrechamente vinculada al universo de la mafia y las organizaciones criminales. En este artículo repasaremos los vínculos entre la literatura de Saviano y el mundo audiovisual a través de las adaptaciones cinematográficas y televisivas de sus obras, en las que el escritor napolitano ha participado activamente desde distintas facetas.
Gomorra: Periodismo, investigación y literatura
El origen de su afamado debut en la novela se encuentra en el relato corto La terra padre (2005), un texto que posteriormente pasó a formar parte de Gomorra. Partiendo de hechos y nombres reales, la primera novela de Saviano establece una aproximación a la realidad de la organización criminal napolitana que va más allá del simple relato periodístico repleto de datos.
El atractivo de Gomorra reside en una estructura que se asemeja a un puzle compuesto de piezas independientes –11 relatos agrupados en dos partes– que una vez vistas en su conjunto aportan un conocimiento de la camorra. Pero al contrario que otros relatos de la mafia, la mirada del escritor se sitúa por encima del relato mitificado, como el visto en El Padrino, para describir un ecosistema corrupto donde la violencia y las muertes son solo la parte visible de un universo en el que están implicados la sociedad como conjunto.
Gomorra explicita el entramado económico de un negocio que abarca desde las actividades ilícitas (tráfico de drogas) hasta actuaciones económicas (licitaciones públicas, construcción, vertidos, etc.) que son las que proporcionan el verdadero poder a estos criminales. Y también es visible el efecto social provocado por la precariedad que lleva a niños y adolescentes a participar en la organización criminal.
Ese descubrimiento del modus operandi y la capacidad de la mafia para imbricarse en la sociedad es lo que llevó a la camorra a dictar una amenaza para acabar con la vida de Saviano. Desde entonces el escritor italiano lleva una vida de ocultismo que le ha llevado a confesar que ojalá no hubiera escrito el libro por todo lo que ha terminado condicionando su vida.
Con la repercusión mediática alcanzada por Gomorra, el siguiente paso lógico era afrontar su adaptación cinematográfica. Esta llegó de la mano de Matteo Garrone, quien contó con la participación del propio escritor en el guion. Consciente de la dificultad de trasladar a la pantalla la enorme cantidad de historias y subtramas presentes en la obra original, la película selecciona cinco líneas narrativas que permiten construir una visión global de la camorra y de su implantación en la sociedad italiana.
Las cinco historias escogidas son la de un sastre que decide trabajar al margen de la organización mafiosa y cuyo diseño acaba llegando a la gala de los Oscar; la carrera ascendente de dos jóvenes delincuentes que buscan hacerse un hueco dentro del mundo criminal; el acercamiento a la camorra de un adolescente; la actividad de un empresario dedicado a la gestión de residuos tóxicos; y, finalmente, la figura de un contable encargado de administrar el dinero de las familias cuyos miembros se encuentran en prisión. Aunque las historias son independientes, todas contribuyen a mostrar diferentes niveles de funcionamiento de la organización criminal.
La estructura narrativa permite a Garrone ofrecer un panorama casi documental de la Camorra como una organización que no se limita a controlar la actividad delictiva, sino que extiende su influencia al ámbito económico y social. Gomorra muestra así una estructura de poder que abarca desde grandes sectores industriales, como la moda o la gestión de residuos, hasta su profunda implantación en las zonas más deprimidas económicamente, donde niños y jóvenes pueden llegar a incorporarse a la mafia como una forma de vida dadas las pocas alternativas disponibles.

Uno de los recursos empleados por la película para trasladar la dimensión estructural de la camorra es la utilización de cartelas informativas que aparecen a lo largo del relato. Estas funcionan como una prolongación de los numerosos datos aportados por Saviano en la novela y refuerzan la idea de que la actividad criminal no se limita a la extorsión, el tráfico de drogas o la violencia. Por el contrario, existe todo un entramado económico y político que penetra en las propias estructuras del Estado mediante prácticas como la compra de votos, los sobornos a políticos o la manipulación de contratos públicos.
Esta voluntad de mostrar la mafia desde una perspectiva alejada de cualquier idealización constituye uno de los principales rasgos de la propuesta de Garrone. Frente a la imagen romántica o mitificada de la mafia construida por buena parte del cine de Hollywood, especialmente en películas de directores como Francis Ford Coppola o Martin Scorsese, Gomorra renuncia a convertir a sus personajes en figuras carismáticas y apuesta por un tratamiento cercano al documental. La fotografía, dominada por tonos grises y una estética áspera, contribuye a crear una atmósfera de realismo y deshumanización.
Del mismo modo, el montaje alterno entre las cinco historias impide que el espectador se vincule completamente con un único personaje. No existe un protagonista absoluto ni una figura que concentre la narración, sino un conjunto de personajes que funcionan como piezas de una estructura criminal mucho mayor. Esta decisión se ve reforzada por un reparto que combina actores reconocidos con un amplio número de intérpretes no profesionales, lo que contribuye a aumentar la sensación de autenticidad.
Sin embargo, esta misma decisión constituye también una de las principales limitaciones de la adaptación cinematográfica en comparación con la novela. La reducción del material original a cinco historias implica dejar fuera una enorme cantidad de acontecimientos, personajes secundarios y pequeños detalles que Saviano utiliza para explicar la verdadera dimensión del poder de la Camorra. En la novela, la acumulación de información permite comprender progresivamente cómo la organización criminal extiende sus tentáculos en ámbitos económicos, políticos y sociales, aparentemente alejados del mundo del crimen.
A pesar de estas limitaciones, Gomorra obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2008, un reconocimiento que debe entenderse también en el contexto de la enorme repercusión internacional de la obra y de la situación de Roberto Saviano, cuya denuncia de las actividades de la camorra le había convertido ya en una figura pública perseguida y amenazada.

Tatanka: Del relato a la película
La belleza y el infierno se publica en Italia en 2009, tres años después de Gomorra. El libro es una recopilación de textos elaborados entre 2004 y 2009 publicados previamente en diferentes medios. Los artículos están agrupados en cinco partes: Sur, Hombres, Business, Guerra y Norte. A través de este material, Saviano reflexiona sobre cuestiones como el poder, la injusticia y la violencia. En el apartado de Hombres recoge perfiles de figuras reales de ámbitos muy diversos, como periodistas, artistas, deportistas o escritores.
Dentro de este bloque se encuentra el artículo titulado Tatanka scatenato, centrado en el boxeador Clemente Russo, ganador de dos medallas de plata olímpicas. A partir de un recorrido biográfico que comienza con su infancia en Marcianise, una ciudad marcada por la fuerte presencia de la camorra, Saviano presenta el deporte como un elemento capaz de transformar la violencia que rodea a los jóvenes. El boxeo se convierte así en una posibilidad de construir un futuro diferente y de escapar de un entorno socialmente degradado.
Partiendo de este material, en 2011 se estrenó la película Tatanka, dirigida por Giuseppe Gagliardi y protagonizada por el propio Clemente Russo, que interpreta al personaje ficticio de Michele. En esta ocasión, el texto de Saviano –que no participa en el guion– sirve como punto de partida pues la película se aleja del carácter periodístico del relato original para construir una historia de ficción. Aunque mantiene elementos fundamentales como el boxeo, la violencia y el contexto social deprimido, la película se desarrolla alrededor del conflicto de unos personajes inmersos en una narrativa dramática, en la que el boxeo funciona como vía de escape.
De este modo, mientras que el texto de Saviano tiene una finalidad fundamentalmente periodística y testimonial, utilizando la figura real de Clemente Russo para ofrecer una visión de la sociedad que lo rodea; la película transforma ese material en una narración de ficción: dos amigos que son casi como hermanos terminan por diversas circunstancias en el mundo de la delincuencia. Pero mientras uno se involucra totalmente en las actividades delictivas, el otro se redime a través del boxeo con el trasfondo del mundo peligroso de las apuestas y los robos.
La película es un relato que transita independiente del texto de Saviano para plantear un discurso sobre la amistad y la búsqueda de una oportunidad en la vida a través del esfuerzo.

Gomorra: La serie
Pero la novela de Saviano no agotó su recorrido con la película de Garrone (incluso hubo una obra teatral). Lo más importante es que el libro sirvió, de manera más libre y casi como inspiración, para la serie Gomorra. Aunque mucho menos literal que la película, la serie, supervisada por Saviano, refleja de manera más fiel el discurso del escritor sobre la camorra que la película.
La primera temporada, dirigida por Sergio Sollima –volveremos a él más adelante al hablar de ZeroZeroZero–, es la que asienta el prestigio crítico y el éxito mediático de la serie, compuesta por cinco temporadas emitidas entre 2014 y 2021. La trama se articula inicialmente en torno a los personajes que rodean al jefe del clan, Pietro Savastano, así como toda la lucha por el dominio de los barrios napolitanos de Secondigliano y Scampia, con los emblemáticos edificios de Le Vele como uno de sus principales escenarios.
El punto de partida vuelve a ser el anclaje a la realidad. La serie se rueda en las localizaciones originales y utiliza el dialecto napolitano, recursos que contribuyen a reforzar su voluntad de autenticidad. Su estructura capitular y su extensa duración permiten ampliar considerablemente el retrato de la Camorra. Junto al desarrollo de la historia de la familia mafiosa, van incorporándose sucesos y personajes secundarios que terminan configurando una visión mucho más completa de la influencia de la organización criminal en la ciudad.
De este modo, la serie construye progresivamente un amplio catálogo de las distintas dimensiones del poder de la Camorra: la compra de votos y la presentación de candidatos políticos, la extensión de las actividades delictivas a todo el entramado económico, la incorporación de niños y adolescentes como soldados de base, la violencia como instrumento de organización, las víctimas colaterales o la red de conexiones internacionales, que van desde España a Sudamérica. La estructura serial permite, así, mostrar que la actividad criminal no constituye un fenómeno aislado, sino una red que atraviesa diferentes ámbitos de la sociedad.
La serie tampoco descuida las referencias que permiten identificar social y culturalmente a los camorristas. Estas atribuciones aparecen tanto en su apariencia externa y sus gustos –el chándal, las joyas, las motos– como en determinados rasgos sociológicos e ideológicos. Entre ellos destacan las profundas raíces católicas del sur de Italia, presentes, por ejemplo, en la estatua de la Madonna o en la escena del gánster que, antes de ejecutar a una niña, besa la cruz de su medalla. Al mismo tiempo, aparecen comportamientos y discursos profundamente homófobos, como las burlas hacia el colectivo LGTBIQ+ o su machismo recalcitrante, que contribuyen a caracterizar el universo social en el que se desenvuelven los personajes.
Pero la principal aportación de la serie frente a la película de Garrone reside quizá en la posibilidad de prolongar este análisis a lo largo de cinco temporadas. La actividad del clan de los Savastano se convierte en el eje de una historia marcada por las sucesivas luchas internas y, especialmente, por la guerra fratricida entre Gennaro, el hijo del capo, y Ciro, la mano derecha de Pietro y casi un hermano para su hijo. La evolución de ambos personajes permite mostrar cómo las relaciones de lealtad, poder y parentesco dentro de la organización criminal son siempre inestables y cómo la violencia termina transformando también a quienes inicialmente ocupaban posiciones subordinadas.
Su formato permite, por tanto, desarrollar con mayor profundidad una de las ideas obsesivas de Gomorra: la Camorra no funciona únicamente como una organización criminal, sino como una estructura de poder capaz de infiltrarse en prácticamente todos los ámbitos de la vida social y familiar.
Y está vez sí hay una identificación con los mafiosos al explicitar su “ética” criminal, aunque la serie esquiva la tentación de atribuir heroicidad a los personajes pues estos están descritos con crudeza, son personajes marcados por el destino, que no se fían de nadie y muestran la verdadera naturaleza cruel de la que están hechos. Es una serie que deja un regusto amargo.
El éxito de la serie favoreció la realización de dos productos audiovisuales a partir de la misma. La película El inmortal, basada en el personaje de Ciro, y un spin-off que relata las andanzas del joven Pietro Savastano ambientada en los años 70.

CeroCeroCero: La internalización de la delincuencia
Tras Gomorra, en un periodo en el que el escritor permanecía oculto por la amenaza de la camorra, Saviano publicó en 2014 CeroCeroCero (ZeroZeroZero). La denuncia planteada en su obra anterior se universaliza ahora para mostrar cómo el tráfico de cocaína se estructura a través de organizaciones criminales y redes corruptas que abarcan todo el proceso de distribución, desde el origen de la mercancía hasta los lugares donde finalmente se consume.
El libro describe cómo el tráfico de cocaína resulta fundamental para la economía de países como Colombia o México y cómo su transporte y distribución se nutren de una red de clientelismo criminal internacional que termina constituyendo un entramado financiero. El dinero circula por diferentes territorios dejando tras de sí organizaciones criminales, pero también una extensa red de corrupción que implica a miembros de los distintos Estados involucrados en el negocio.
La tesis de Saviano es clara: para que una dosis de cocaína pueda consumirse en una discoteca de cualquier ciudad existe detrás toda una estructura criminal organizada que produce, distribuye y comercializa esa mercancía. Por ello, los capítulos recorren las actuaciones mafiosas como si se tratara de una industria convencional. La diferencia es que en la industria de la cocaína Saviano expone el reguero de violencia y muerte que acompaña a la obtención de beneficios económicos por parte de una minoría.
El libro, voluminoso y denso, describe los cárteles latinoamericanos, los pactos entre Escobar y Gallardo, las rutas de la cocaína a través de África para alcanzar Europa y los mecanismos de blanqueo de los beneficios a través de bancos de todo el mundo. Todo ello configura una espiral de beneficios y violencia que conecta territorios tan diferentes como México, Colombia, Estados Unidos, África o Europa (Italia, España, Reino Unido, Alemania y Rusia, entre otros).

ZeroZeroZero: La serie
Con este material literario como punto de partida, Amazon Prime Video produjo la serie ZeroZeroZero, concebida como una única temporada de ocho episodios. El rodaje se desarrolló en diferentes localizaciones de México, Italia, Estados Unidos, Marruecos y Senegal. La dirección corrió a cargo de Stefano Sollima, que compartió la responsabilidad con Janus Metz y Pablo Trapero. Preestrenada en el Festival de Venecia de 2019, la serie llegó a las plataformas en 2020.
En este caso, la serie ficciona el tratamiento periodístico planteado por Saviano para construir un relato que deja al descubierto la dimensión global del tráfico de cocaína. La historia comienza con la compra, por parte de una familia perteneciente a la ’Ndrangheta calabresa, de un cargamento de cocaína elaborado en México y destinado a ser distribuido entre sus socios europeos. El envío se materializa mediante una compleja operación de transporte que permite trasladar la droga desde Monterrey hasta Italia.
De esta forma, la estructura narrativa se articula en torno a tres localizaciones separadas físicamente, pero unidas por los vínculos de las distintas organizaciones criminales: Calabria representa el origen de la petición, la necesidad de obtener un cargamento de droga destinado a su distribución en la vieja Europa; Monterrey escenifica el nacimiento y consolidación de un cártel que pretende ejercer el control de la zona para facilitar la producción a gran escala; y Nueva Orleans muestra las redes de distribución que conectan distintos continentes y permiten que la mercancía circule entre América, África y Europa.
Son tres microcosmos marcados por sus diferencias geográficas, sociales y económicas, pero unidos por ese lazo intangible de la globalización criminal y por los frágiles equilibrios que se establecen en torno a la lucha por el poder. En cada uno de estos bloques asistimos a una pugna por conseguir el dominio: el enfrentamiento con el viejo capo de la mafia en Calabria, la lucha entre los distintos cárteles y la trama de corrupción que implica a los militares en México, y, finalmente, el relevo familiar entre un padre y sus dos hijos en torno al transporte de los cargamentos a través de la empresa naviera.
A nivel narrativo, las tres historias se distribuyen de manera equitativa con un montaje alterno en el que se introduce el uso del flashback explicativo. Así, la película muestra un suceso significativo y la acción queda en suspenso; a partir de ahí asistimos a un flashback en el que vamos viendo cómo se ha llegado a esa situación. Este recurso se repite en varias ocasiones.
La serie se sustenta en un acertado reparto coral, pero la sensación general es de cierta frialdad con un tratamiento desigual a la hora de dibujar los tres escenarios. Mientras el relato que se desarrolla en México está bien trazado, la historia que acontece en Italia se basa en los tópicos de las películas sobre la mafia. El resultado es desigual y no se acerca al nivel alcanzado en la serie Gomorra.

La banda de los niños: Saviano y la ficción
En 2017 Saviano publicó La banda de los niños (La paranza dei bambini) donde el escritor italiano abandonaba el tono periodístico y documentalista para transitar por terrenos donde la ficción, muy apegada a la realidad, adquiere protagonismo. La novela presentaba a unos adolescentes que entran a formar parte del entramado criminal que termina constituyendo su modo de vida. No hay apelación a posibles causas sociales que justifiquen la delincuencia. Algunos tienen a su padre en la cárcel o muerto, pero otros disfrutan de una vida familiar que podría calificarse de normal.
Sin embargo, como explica el propio autor al principio de su novela, las paranzas son las barcas de pesca nocturnas que atraen a los peces con la luz. La luz que atrae a estos jóvenes a adentrarse en la camorra tiene que ver con el objetivo de que su nombre termine siendo reconocido en un periódico, en la televisión, en una pintada de la pared, en una capilla improvisada en cualquier rincón o en la memoria de los habitantes del barrio.
La novela se caracteriza por mantener los elementos comunes que encontramos en la obra de Saviano. En primer lugar, a pesar de que la historia se centra en Nicola «Marajá», el adolescente que pone todo su empeño en convertirse en el capo de Forcella, el protagonismo es coral con una profusión de personajes que comparten las aventuras y desventuras de Nicola. La banda de los niños está formada por más de una decena de miembros, a los que hay que unir sus familiares, amigos, novias y los miembros de las familias rivales.
Este tratamiento refuerza una de las constantes temáticas de Saviano: la pertenencia a la banda, el sentimiento que conlleva formar parte de un grupo es equiparable a la familia. Estos personas son como hermanos. Por eso los nombres particulares –sus identidades reales– son sustituidos por los motes: Marajá, Briató, Tucán, Dientecito, Dragón, Lollipop, Pichafloja, Estaba Diciendo, Dron, Bizcochito o Cerilla; unos motes que ocultan las personas que hay detrás.
El segundo recurso empleado por Saviano es la descripción minuciosa del entorno de los personajes. Las calles, los barrios, la ciudad, en definitiva, adquieren un protagonismo que sirve para poner de relieve el ambiente, la sociedad que los rodea; un espacio que de una forma casi darwiniana condiciona a los personajes.
Esta novela se completó en 2020 con la publicación de Beso feroz (Bacio feroce) en el que se daba continuidad a los personajes ya nombrados. Los lazos de hermandad que sustentan el equilibrio de fuerzas cambian cuando la banda de los niños se convierte en una amenaza para el sistema criminal establecido. Los besos, que sellan amores y pactos, se rompen en función de la situación cambiante donde el camino hacia la cumbre está plagado de violencia y asesinatos. Amigos que se convierten en enemigos y viceversa. De esta forma Saviano elaboró un díptico marcado por la estructura de «ascenso y caída» del protagonista.

Pirañas: los niños de la camorra
En 2019 se realizó la adaptación de la primera de las dos novelas: Pirañas: los niños de la camorra (La paranza dei bambini), dirigida por Claudio Giovannesi y con la colaboración en el guion de Roberto Saviano. La película se presentó en la Sección Oficial del Festival de Cine de Berlín de ese año donde obtuvo el premio al mejor Guion.
La estructura sigue el ascenso de una banda de pequeños delincuentes que se van introduciendo en el mundo de la camorra. Deslumbrados por las discotecas de lujo, las chicas, el dinero, el alcohol y las drogas, estos adolescentes ven en el tráfico de drogas y la extorsión el vehículo para ascender socialmente.
Su trabajo como subordinado del cabecilla local de la camorra hace que Nicola (Francesco di Napoli) obtenga los beneficios suficientes para conquistar a la joven de la que está prendado y recompensar a su madre con la compra de unos muebles tan lujosos como horteras. Se insiste en que, tanto para Nicola como para el resto de los adolescentes, la pertenencia a la camorra significa una forma de vida que conlleva la necesidad de ir escalando puestos en el escalafón, una promoción interna que funciona a base de emplear todo tipo de violencia.
La película cuenta con un aspecto semidocumental y se beneficia de un reparto de actores no profesionales que le aportan cierto verismo poniendo de relieve el ambiente de esos barrios donde hay un control orgánico de las organizaciones mafiosas.
Un título que combina la inocencia innata de los niños y adolescentes con una crueldad que nace de su pertenencia al mundo criminal. Esta ambigüedad, con unos personajes que se divierten como jóvenes pero que, a su vez, también son capaces de cometer los crímenes más despiadados, es una característica innata en los personajes de Saviano.

Todavía estoy vivo: El dibujo del aislamiento
En 2021, tras 15 años de vivir oculto por las amenazas, Saviano decidió plasmar esta experiencia en la novela gráfica Todavía estoy vivo (Sono ancora vivo) para la que contó con la colaboración del ilustrador Asaf Hanuka. El dibujante israelí es conocido por emplear un estilo crudo plasmado en obras como The Realist o The Divine; en el ámbito cinematográfico Hanuka es conocido por su colaboración en la película de animación Vals con Bashir.
A través del lenguaje del cómic, Saviano traduce la dureza y las consecuencias psicológicas que para él tiene el aislamiento y la clandestinidad. Con un juego temporal en el que se mezcla el presente, marcado por las rutinas de una vida mediatizada por las amenazas, con los recuerdos del pasado, Todavía estoy vivo trasmite la degradación psicológica del escritor, el sentimiento de culpa y los altibajos anímicos provocados por esta situación.
Esta obra gráfica será la base para el debut en la dirección cinematográfica de Saviano –junto a Ivan Cappiello– con un filme de animación titulado como el libro y que actualmente se encuentra en la fase de postproducción.
Con esta película de animación se centra, hasta el momento, las adaptaciones de las novelas de Saviano al ámbito del audiovisual. Diversos trabajos, unos más afortunados que otros, en los que el escritor napolitano denuncia la realidad de un entorno que conoce –y sufre– en carne propia.
Escribe Luis Tormo
