Equívoco fatal y renuncia al verdadero amor

La película nos va contando la delicada situación que vive Nikolau «Niki» von Preyn (Maurice Chevalier), teniente de la guardia vienesa, un joven conocido por sus conquistas femeninas. En una cervecería al aire libre de Viena, el joven teniente conoce a la violinista Frenzi (Claudette Colbert) y se enamora de ella. Ha encontrado el amor de su vida.
No pasa mucho tiempo antes de que Frenzi corresponda a los sentimientos románticos de Nikolaus. Pero el azar quiere que Nicolás sea llamado a cumplir funciones como guardia cuando el rey de Flausenthurm, Adolfo XV, visita Viena.
Entonces viene un inoportuno equívoco que le hará ligarse de forma absurda con la princesa Anna (Miriam Hopkins), heredera del trono de Flausenshaum, con la que por razones de estado tendrá que casarse, aunque ello ni le complazca ni impida que su relación con Frenzi vuelva a prender.
Cuando el rey de Flausenthurm llega a la ciudad con su poco agraciada hija Anna, Niki forma parte de la guardia de honor de las calles. Niki sonríe y guiña el ojo a Frenzi, su amada, quien se encuentra en la acera de enfrente entre el público, justo cuando pasa el carruaje.
La hija del rey, la princesa Anna, cree que las sonrisas y los guiños son para ella y que se han hecho burlescamente. El incidente llega a los titulares y Nikolaus es citado ante el rey. La única manera en que puede remediar la cosa es decir que le sonrió a Anna porque la encuentra encantadora. Anna se siente halagada y perdona al guardia, y el rey nombra a Nikolaus como su principal ayudante de campo durante su estancia en Viena.
Cuando Nikolaus visita a Frenzi por la noche, ella se pone celosa de la princesa, pero él logra calmarla. Mientras tanto, Anna les cuenta a todos su entusiasmo con el teniente y le pide permiso a su padre para casarse con él.
Caso que su padre no acepte, amenaza con casarse con un americano (curioso chiste de Lubitsch). La amenaza funciona y el rey da su permiso. El ayudante de Rockoff visita a Nikolau y le dice que tiene que casarse con la princesa. Él protesta, pero las felicitaciones del rey cierran el negocio. La decepcionada Frenzi habrá de empacar sus cosas y dejar a Nikolau.
El resto… hay que ver la película.
Atractivos del filme
De los numerosos atractivos de esta cinta el que me parece más singular es la manera con la que Lubitsch incorpora al relato una impronta musical, con una narrativa en la que domina la presencia de secuencias sin diálogos. Este rasgo se hace patente en el episodio inicial, donde con clara impronta del slapstick mudo, hay una subida y bajada de escaleras de Niki acompasada por melodías varias, que ofrecen una cadencia al episodio, obviando la necesidad diálogos.
Esta tendencia se repite en un filme estructurado como si se tratara de viñetas, separadas por fundidos en negro, concatenando una planificación que da sentido a cada episodio planteado. En esa articulación hay un poco de todo: episodios melancólicos y románticos; otros de comedia sutil integrando canciones para entender mejor a los personajes; incluso hay ciertos dobles sentidos en sus alusiones sexuales.
Planteada a partir de la opereta The waltz dream, obra de Leopold Jacobson y Felix Dörmann (música de Oscar Strauss), hay elegancia en sus secuencias, que en unos casos son en plano fijo, en otros con el uso de interesantes travellings y movimientos de grúa, con una espléndida dirección artística de los lujosos interiores palaciegos; y en otros casos recurriendo a la elipsis, con puertas que se abren y cierran, acompañado por diálogos cargados de alusiones sexuales, con letras picantes de las canciones.
Dichos elementos, permiten a Lubitsch elaborar el que quizá sea uno de los primeros «musicales» que apueste por un ritmo interno en el relato, a la vez que ofrece tintes graciosos a veces, otras de clara expresión romántica, otras trifulcas, todo lo cual resulta muy atractivo para el espectador.

Lubitsch y su película
Lubitsch, habilidoso para sugerir más de lo que muestra explícitamente, utiliza su estilo distintivo para crear una atmósfera de sofisticación y encanto. Se conduce por un guion de Ernst Vajda y Samson Raphaelson, basado en la novela de Hans Müller, Nux Der Prinzgemahl y en la opereta en tres actos The waltz dream.
Las actuaciones son memorables: Maurice Chevalier aporta su carisma y encanto habituales, Claudette Colbert brilla con su gracia y elegancia, y Miriam Hopkins hace una interpretación llena de matices como la princesa confundida. Acompañan Charles Ruggles, George Barbier, Hugh O’Connel y Granville Bates.
La película también destaca por su dirección artística y diseño de producción, que recrean con precisión la opulencia de la Viena imperial. Magnífica fotografía de George Folsey y la música, compuesta por Adolph Deutsch, complementa perfectamente el tono ligero y romántico de la película.
Este filme fue nominado al Oscar a la mejor película en 1931, lo que da fe de su impacto y relevancia para el cine. Una obra que no solo entretiene, sino que también ofrece una mirada perspicaz y humorística de las relaciones humanas y las convenciones sociales de la época.
Lubitsch involucra al público en la construcción de la trama mediante pistas visuales y narrativas, haciendo que el espectador se sienta parte de la historia.
Es también digno de mención el uso de elementos cotidianos, objetos comunes, como puertas, se convierten en elementos clave para el desarrollo de la trama, simbolizando la barrera entre lo que se muestra y lo que se sugiere.

Momentos memorables
Un momento cargado de sátira es el encontronazo de las diplomacias de Austria y el imaginario Flausenshaum, con una corte de solteronas rodeando a la princesa, el rey Adolfo XV (George Barbier) de una ingenuidad enorme; o la visita protocolaria de quienes representan a la Casa Real al dormitorio de los recién casados, para dar el VB al recinto. Llevados todos los detalles con elegancia, precisión y vis cómica.
Pero también imágenes melancólicas in crescendo según se va haciendo patente la imposibilidad de supervivencia de la relación amorosa entre Niki y Frenzi, destacando la química de Chevalier y la Colbert. En esos momentos asoma la tristeza en a un amor imposible, acompañado memorables fragmentos del filme.
Entre ellos está cuando Frenzi abandona el palacio, en donde ha entablado contacto con la heredera y ya esposa de Niki, aceptando el recuerdo de la relación mantenida con el teniente, mientras se aleja de la cámara por una de las enormes puertas del edificio, una secuencia de amarga y dolorosa resignación.
Otro episodio genial muestra la reacción de Frenzi dentro de la habitación llena de flores de Niki, mientras lo esperan y se da cuenta de que el compromiso real es inevitable. Su amada recoge delicadamente sus cosas, le escribe «fue bonito mientras duró» y le adjunta una de sus ligas, escondiéndose de su llegada, mientras contempla su semblante vencido. Niki entra a su residencia, mientras Frenzi llora y baja las escaleras dejando en la puerta la llave. Escena que no requiere de diálogo.
Conclusión
Esta fue una de las cinco aportaciones de Lubitsch dentro del subgénero de operetas de ambiente centroeuropeo. Lamentablemente continúa apareciendo como uno de los títulos menos conocidos y estimados de su obra.
Sin embargo, no sólo es una obra sensacional, sino que también ofrece, en su rico caudal cinematográfico, una auténtica lección de modernidad visual y un ejemplo evidente del cine Lubitsch.
De hecho, Billy Wilder, un gran admirador y discípulo de Lubitsch, resumió la dificultad de replicar el estilo de nuestro cineasta diciendo que, aunque muchos intentaron capturar el «toque Lubitsch», pocos lograron siquiera acercarse a su maestría.
Escribe Enrique Fernández Lópiz
