Misión: Imposible – Sentencia mortal, Parte 1 (3)

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Hazlo posible, Tom

Cuando toca hablar de esta saga, quizás la mejor franquicia del cine de acción actual y seguro que una de las mejores de nuestros días en su género, todo se concentra en los números.

Estamos en la séptima entrega de una saga que arrancó hace ya 27 años; pero, además, esta es la primera parte de un díptico. Su duración se acerca peligrosamente a las tres horas de duración, y los rumores apuntan a que existe una versión extendida que rebasa las cuatro horas. Su protagonista absoluto ya tiene más de sesenta primaveras y el presupuesto de esta cinta es de 291 millones de dólares, también debidos a la pandemia y todas las problemáticas que de ella surgieron para este rodaje.

Todas estas cifras no son en absoluto baladíes para entender el fenómeno del que estamos hablando. Porque todas estas cifras son disparatadas. Como la propia cinta que hoy nos ocupa.

Tom Cruise sigue empeñado en arrastrarnos a las salas y en la pervivencia del cine palomitero de ese que abarrota las salas. Pese a que la sensación fílmica de este verano parece que se ha concentrado en el Barbenheimer y en el vestir de rosa chicle los pasadizos de los cines, esta nueva Misión imposible nace con la voluntad de ocupar el podio del periodo estival. Y el cometido en esta cinta no es otro que seguir la estela de hacer posible lo imposible. ¿Saben lo más alucinante de todo esto? Que lo consigue.

Como ya hemos dicho, después de 27 años y seis películas previas, cualquier mente sesuda dedicada al análisis cinematográfico tendería a pensar que esto ya cansa, que es más de lo mismo y que la fórmula está agotada, máxime cuando desde la cuarta entrega de la saga podríamos decir que los patrones narrativos se repiten.

Y quien piense esto seguramente también tenga razón, porque en efecto estamos ante otra entrega en la que encontramos lo que ya de antemano intuimos que veremos. El logro de todo el entuerto es que Tom y su partner in crime de la franquicia Christopher McQuarrie nos lanzan a la cara una entrega simplemente alucinante, que no alucinada.

No sabríamos por dónde empezar para expresar la magnitud de lo que sucede en pantalla durante 163 minutos. Pero arranquemos por su guion, también escrito por McQuarrie en conjunción con Erik Jendresen, que no da tregua en ninguna de sus secuencias y que nos muestra una historia loca, loquísima, que paradójicamente se asemeja a la realidad.

Aquí el villano de turno, el que pretende acabar con el mundo o como mínimo hacerse con su control absoluto, no es un humano, sino que se trata de una poderosísima inteligencia artificial que empieza a manejar unos hilos mundiales para rebelarse contra su creador con artimañas teñidas de invisibilidad.

Y es el que el mismo Cruise se preocupa públicamente de que las nuevas tecnologías acaben por desplazar (o copiar) al star-system, o que cada vez más cintas sean prácticamente generadas por ordenador, por lo que al final lo que nos propone el argumento no parece finalmente tan descabellado.

Entre la maquinaria y la humanidad

En este sentido, podemos pensar que la cinta plantea una rebelión de las máquinas contra el hombre mientras que los creadores de la cinta deciden optar por la vía contraria: antes el sujeto humano que las posibilidades de la informática. Es decir, sus planteamientos deciden no usar el hoy celebérrimo CGI —que vemos en prácticamente todas las películas de acción y superhéroes que se producen en el panorama actual— y hacerlo todo de manera artesanal. O, dicho de otro modo, ¿para qué generar el descarrilamiento de un tren por ordenador cuando podemos despeñarlo de verdad por una vía que atraviesa los Alpes Suizos?

En la concreción de esta idea tenemos el siguiente gran puntal de la cinta. Podríamos decir que se trata de toda una declaración de intenciones de sus creadores al estar explícitamente diciéndonos que hay que volver atrás para recuperar la mejor tradición del cine palomitero, del blockbuster puro y duro. Porque el diseño de sus secuencias, sus impresionantes localizaciones y la construcción de sus aún más inauditas set-pieces, realizadas siempre desde la artesanalidad, hacen que la propuesta nos resulte de lo más vanguardista.

Seguramente estamos hablando de una de las mejores cintas de acción arrolladora de este año.

Su concepción del «cine montaña rusa» nos lleva a Roma, Venecia, Ámsterdam o los mencionados Alpes, con un ritmo vertiginoso y una tensión elevadísima que no da tregua. McQuarrie despliega un arsenal de cámaras para grabar unas excepcionales secuencias de persecuciones, luchas cuerpo a cuerpo y todas las filigranas que a uno se le ocurran, y conseguir extraer un montaje de planos prácticamente perfecto en todo, que hace de lo caótico de las situaciones planteadas una narrativa perfectamente hilvanada.

Y quizás éste sea el mayor acierto de toda la película, su corta y pega de todo lo que sucede en pantalla funciona como un artefacto de relojería de precisión exacta. Esto y su fórmula de entretenimiento formulado entre lo serio y lo flipado la convierten en una obra de género de «alta acción».

Por supuesto, luego está la estrella de la función, Tom Cruise, que sigue asombrando a propios y extraños, al saltar por ejemplo con motocicleta a una altura que duele con tan sólo pronunciarla y rodando toda una cinta de acción extrema sin un solo doble. Y se nota. Su exposición física se percibe en cada plano, transmite una cercanía insólita, logra disimular alguna que otra flaqueza de la cinta y nos brinda un entretenimiento que funciona como un tiro.

Y amén también a sus comparsas, incluso en sus nuevas incorporaciones al universo. Hayley Atwell, Pom Klementieff o Vanessa Kirby resultan lo suficientemente carismáticas como para aportar buena presencia al elenco, además de los clásicos Simon Pegg y Ving Rhames, quienes encarnan el toque de comedia bufa a vueltas para relajar las tensiones de este tiovivo de infarto.

Así que sólo nos queda esperar menos de un año para poder ver la segunda parte de esta cinta que, pese a ser un primer episodio, no deja la sensación de haber visto algo a medias. Seguramente estamos hablando de una de las mejores cintas de acción arrolladora de este año, aunque no se trate de la mejor entrega de toda la serie. Pero aún y así ¿a quién le importa este pequeño detalle?

Escribe Ferran Ramírez 

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