Deadpool y Lobezno (3)

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Las posibilidades del multiverso

Queda claro que las dinámicas de los grandes estudios no cesan en su empeño de querer demostrarle al mundo que las franquicias son el panorama cinematográfico más rentable de los tiempos que corren. No deja de ser curioso el querer traer de vuelta a un personaje como Lobezno, quien ya tuvo su recorrido fílmico en la saga dedicada a los X-Men; también gozó de sus propias cintas en solitario y, además, tuvo su despedida de la gran pantalla en la crepuscular Logan.

Y no sólo eso, sino que la vuelta de tuerca definitiva del retorno de Lobezno esté asociada a un personaje que parece aún tiene mecha para rato, que es Deadpool, como ya todos sabemos a estas alturas.

Por un lado, Lobezno siempre ha sido uno de esos personajes celebrados por el gran público, gracias a un Hugh Jackman que siempre ha encarnado al personaje a las mil maravillas. También cierto es que Ryan Reynolds ha asimilado a Deadpool con inusitada eficacia. Pero la pregunta siempre fue, ¿qué puede salir de todo esto?

Pues lo que ha finalmente hemos podido comprobar es que ambos (actores y personajes) han forjado seguramente el blockbuster adulto del verano. Las cifras no engañan: su recaudación está siendo todo un bombazo y encima la opinión del gran público la está aplaudiendo, por lo que parece que las majors —el binomio Disney/Marvel en este caso— tienen razón al seguir apostando por las sagas interminables.

Una vez vista y analizada, es cierto que pocos peros se le pueden poner al nuevo invento. Porque se hace patente, mientras se escruta el filme dentro de la sala de proyección, que Deadpool y Lobezno es una película diseñada desde una buena planificación de escenas, una banda sonora potentísima, gags bien pensados a raudales y unos diálogos que salen de varias mentes sesudas que le han inyectado horas y esfuerzo. Y eso se nota, aunque se ciña a su objetivo principal, que no es otro que convertirse en la gamberrada más cool de la temporada.

Decíamos que pocos peros se le pueden poner a la cinta, y uno de esos pocos es que la lógica argumental que se esconde detrás de todo lo que sucede en pantalla es más chiripitifláutica que otra cosa, especialmente en algunos pasajes. También podemos contabilizar algunas decisiones de trama, acontecidas especialmente en los pasajes de su última hora de metraje, que se antojan sensiblemente caóticas.

Pero este caos también forma parte de la propia artificiosidad argumental que se nos propone. Así que quien quiera y desee, hasta esos peros se pueden justificar de algún modo. Pero es cierto que la cinta es un ejemplo bueno y claro de lo que debería ser una película de superhéroes que huye de la épica clásica. Como decíamos, su hoja de ruta es la payasada sanguinolenta. Aunque una payasada muy bien hecha y, lo que es más importante, pensada.

Las gracias del antihéroe

Deadpool y Lobezno es una cinta cachondona, guasona, enloquecida, divertidísima, para desternillarse de risa a cada minuto, y con secuencias de acción de un diseño notable en su mayoría, que no deja ni un segundo para el aburrimiento. También es autorreferencial, metalingüística, hiperparódica, bruta y sucia hasta la médula. Hasta cuando se quiere poner tierna con algún mensaje bien pensante acierta de pleno en la diana. Lo que no es fácil teniendo en cuenta que siempre juega a equilibrar fuerzas contrarias en la balanza.

No en vano, Ryan Reynolds (quien se toma su bromista personaje muy en serio) no sólo actúa y borda su personaje, sino que firma autoría en un guion escrito a diez manos. Porque nadie mejor que él para seguir dándole la entidad necesaria a este superhéroe tan poco ortodoxo. Y aunque ya lo dejábamos caer antes, vista ahora la resurrección de Lobezno, festejamos el retorno de Jackman a este personaje porque él es el verdadero jugador —y vencedor— de la partida. Sus primerísimos primeros planos no nos dejan ni respirar, ofreciendo todo un portento de interpretación que hace palidecer a la vasta mayoría de colegas del juego.

Puede ser interpretada como una gran trastada patatera, ridícula y llena de retruécanos; o como un gran ejemplo de un nuevo cine de superhéroes

Pero Jackman, aunque su fuerza salte de la pantalla, sólo es uno de los mil y un trucos que nos tiene preparados la propuesta. Los ases en la manga que esconde su narrativa son infinitos, y eso incluye también el concurso de una considerable lista de nombres de lujo que aquí no desvelaremos, y que lo que hacen es enriquecer el continente —que no tanto el contenido— y que funciona a la perfección.

Dicho de otro modo: cada secuencia, cada idea, cada plano, cada personaje están diseñados para ir enriqueciendo el producto final por acumulación. Porque todo tiene cabida en el multiverso y porque así es la magia del cine, si se sabe sacar ventaja de esta, que es precisamente a lo que juega la cinta en todo momento.

En este sentido, Shawn Levy, el director y también guionista, juega un papel secundario pero fundamental. Porque entiende que su propuesta no tiene límites en su puesta en escena y su cascada de inventos y ficciones varias.  Y, de paso, sirve para reconducir todo el inescrutable universo de la marca de la casa, y recordarnos que una nueva Marvel —que flirtea con el desparrame más propio de DC Comics y que encima sale bien parada— es posible.

Y lo curioso de todo este lío es que puede ser interpretada como una gran trastada patatera, ridícula y llena de retruécanos; o como un gran ejemplo de un nuevo cine de superhéroes que se aleja de la acción legendaria y gloriosa y que abraza la sinvergonzonería más saludable. Cada espectador, cada crítica, cada mente, escogerá la versión que haya querido ver en ella y que más le case. Porque, al fin y al cabo, de eso trata el multiverso ¿no?

Escribe Ferran Ramírez | Fotos Marvel España

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