Cabe decir que Scarlet se sitúa en un escalón algo inferior a su trabajo precedente, pero tiene el sello distintivo de su autor. Debe reconocerse el excelente trabajo de las editoras Carole Le Page y Andrea Maguol, con el que contribuyen al buen resultado final.
Uno de los logros más estimables de esta película es que su director afronta, a modo de experimento narrativo, la ruptura de un relato convencional con la finalidad de invitar al espectador a una fábula que parte del más puro realismo. Para ello utiliza al principio imágenes de archivo referidas al armisticio de la Primera Guerra Mundial o la incorporación de fragmentos de El paraíso de las damas (1930) de Julien Duvivier, en la que se nos muestran unas galerías comerciales que, en el universo propuesto por Pietro Marcello, simbolizan el nacimiento de la sociedad de consumo. Al avanzar la narración, virará hacia un mundo de ensoñación en el que las imágenes adquirirán unos colores vivos e intensos, transformándose en un semimusical de época.

Pietro Marcello, ya galardonado anteriormente en el Festival de Sevilla de Cine Europeo con el Giraldillo de Oro por Martin Eden (2019), ha vuelto a ser premiado en la última edición al recibir el galardón a la Mejor Dirección por Scarlet. Escribe Juan de Pablos Pons